Amad Abu-Suboh Abadia, médico especialista en Radiología.

Amad Abu-Suboh Abadia, médico especialista en Radiología. Cedida

Historias

El radiólogo Amad Abu-Suboh explica por qué estar bien no es salud: "La ausencia de dolor es un silencio, no un certificado"

En 'Lo que te mata no es lo que crees' el especialista advierte de cómo el estrés crónico, la hiperestimulación y el desgaste invisible deterioran el organismo.

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"La salud no suele romperse de golpe. Primero se estrecha". Con esa idea, el médico especialista en Radiología Amad Abu-Suboh Abadia resume el núcleo de Lo que te mata no es lo que crees. La trampa biológica: el peligro silencioso de sentirse bien (Editorial Almuzara, 2026), un ensayo que cuestiona la certeza de que creer sentirse bien no equivale necesariamente a estar sano.

Así, desde su experiencia clínica observando el cuerpo humano por dentro, el autor traza un relato de una sociedad hiperconectada, acelerada y permanentemente estimulada que ha aprendido a ignorar sus propias señales biológicas.

Bajo su punto de vista, las pequeñas urgencias del día a día, el ruido digital y las exigencias constantes nos han llevado a dormir menos, descansar peor y confundir productividad con bienestar, de ahí que sostenga que el verdadero problema de los tiempos que corren es haber convertido la hiperalerta en una forma habitual de existencia.

"Hoy mucha gente vive con el sistema nervioso perfectamente activado: pendientes del móvil, de estímulos, de tareas y de urgencias pequeñas que nunca terminan", explica. Sin embargo, esa activación sostenida tiene consecuencias; la primera, que el cerebro interpreta la disponibilidad continua como una amenaza difusa y prolongada, mientras el organismo se adapta para resistirla.

El problema, según el especialista, es que esa adaptación termina alterando incluso la manera en que percibimos el propio cuerpo. "Ya no distinguimos cansancio de agotamiento, descanso de anestesia o tensión de normalidad", afirma. Y el resultado no es otro que la normalización progresiva de este desgaste: "Vivimos tan acelerados que confundimos funcionar con estar bien".

Precisamente de esa contradicción entre percepción y realidad fisiológica nace la obra. Pues, como radiólogo, Abu-Suboh asegura haber comprobado durante años hasta qué punto el cuerpo puede deteriorarse sin emitir grandes señales de alarma.

"He visto personas que se sentían perfectamente bien y, sin embargo, tenían tumores renales descubiertos de forma incidental, enfermedad vascular importante, hígados muy deteriorados, aneurismas o lesiones pulmonares", relata. Al mismo tiempo, también ha observado el fenómeno inverso; es decir, pacientes aterrados por síntomas intensos sin una enfermedad estructural grave detrás.

En ese sentido, para el médico la gran equivocación contemporánea es haber convertido la ausencia de dolor en una falsa garantía de seguridad. "El gran mito moderno es pensar que si no duele no pasa nada", sostiene. Porque, como defiende, "la ausencia de dolor es un silencio, no un certificado".

El cuerpo que resiste

La tesis central del libro gira alrededor de la idea de que el cuerpo humano posee una enorme capacidad de compensación. O, en otras palabras, que el organismo corrige constantemente desviaciones para mantener la estabilidad y permitir que la vida continúe.

En esa línea, la presión arterial, la inflamación, la glucosa, la respiración y la tensión muscular son algunos de los mecanismos que el cuerpo ajusta para seguir funcionando.

"Está diseñado para mantenerte funcional, no para darte una explicación precisa de lo que ocurre dentro de ti", explica Abu-Suboh. Y ahí reside, precisamente, el peligro. Porque compensar no significa estar sano.

Es decir, una persona puede vivir durante años con estrés crónico, sedentarismo, hipertensión, mal descanso o inflamación metabólica y seguir siendo productiva. En ese tiempo, el organismo redistribuye recursos, sacrifica equilibrio y absorbe daño para mantener la actividad diaria. Pero cada uno de esos ajustes consume lo que el autor denomina "margen fisiológico".

Amad Abu-Suboh Abadia, autor de ‘Lo que te mata no es lo que crees. La trampa biológica: el peligro silencioso de sentirse bien’ (Editorial Almuzara, 2026).

Amad Abu-Suboh Abadia, autor de ‘Lo que te mata no es lo que crees. La trampa biológica: el peligro silencioso de sentirse bien’ (Editorial Almuzara, 2026). Cedida

"Cada compensación consume margen", advierte. Y llega un momento en que una infección banal, una cirugía o incluso una mala noche hacen visible lo que llevaba años acumulándose en silencio. "Entonces la gente dice: 'Me pasó de repente'. Y muchas veces no fue de repente. Fue la primera vez que el cuerpo ya no pudo disimularlo".

Ese concepto de margen es el que atraviesa todo el libro y redefine la manera de entender la salud. Pues, para Abu-Suboh, estar sano no significa sentirse eufórico ni vivir libre de síntomas, sino conservar la capacidad de adaptación. Porque, como asegura, la salud es ese margen fisiológico, donde está la clave es en esa "capacidad de absorber estrés, enfermedad, cansancio o incertidumbre sin colapsar".

El problema se concentra en una sociedad obsesionada con el bienestar inmediato y las soluciones rápidas. De ahí que el autor describa un entorno diseñado para anestesiar cualquier incomodidad con comida ultraprocesada, dopamina digital, entretenimiento constante, productividad permanente y alivios instantáneos para evitar el silencio, el aburrimiento o el cansancio emocional.

"Hemos construido una cultura extraordinariamente eficiente para anestesiar señales", asegura. La cuestión es que el alivio rápido no equivale necesariamente a recuperación biológica. Mucha gente no está descansando: está distraída. Y distraerse no es recuperarse".

Además, critica la relación moderna con el cuerpo como si fuera únicamente una herramienta de rendimiento. "Dormimos menos para producir más. Nos movemos menos pero exigimos más energía. Estamos sentados todo el día y luego intentamos compensarlo con una obra heroica de gimnasio", explica.

Sin embargo, insiste en que la fisiología humana funciona a partir de patrones repetidos. "El cuerpo entiende de frecuencia, contexto y repetición. No te define tu mejor hora del día; redefine la estructura", señala.

Sentirse invulnerable

El libro también explora la dimensión psicológica que existe detrás de nuestra relación con la enfermedad. En ese sentido, Abu-Suboh considera profundamente humano convencerse de que uno está bien mientras no existan señales de peligro.

"La mente necesita continuidad para poder vivir", afirma. Y esa necesidad psicológica de estabilidad es la que explica por qué muchas personas minimizan síntomas persistentes o retrasan revisiones médicas por miedo a descubrir algo grave. Pero el autor advierte de que el extremo contrario tampoco es saludable. "Hay personas que convierten cualquier sensación en una catástrofe", indica.

En cualquier caso, ambas conductas, sostiene, nacen del conflicto marcado por convivir con la incertidumbre. Por eso el libro intenta alejarse tanto de la ingenuidad como de la paranoia. "No convertir el miedo en tu sistema cribado", resume el médico.

Por ese motivo, insiste en que la prevención inteligente no debería surgir del terror ni de la obsesión por el control absoluto. "La prevención sana nace del criterio. El miedo paralizante nace de la obsesión por el control", afirma.

En su opinión, aceptar que existen aspectos modificables y otros inevitables forma parte de una relación madura con el cuerpo.

"He visto personas destruir su calidad de vida persiguiendo una seguridad absoluta que no existe", explica. Y también personas que ignoraron señales importantes simplemente porque no querían mirar.

Lejos de promover una vigilancia enfermiza del organismo, Abu-Suboh defiende una forma más consciente y precisa de relacionarse con la salud. Pues, para él, la clave está en observar la dirección general de la propia vida. "La pregunta importante no es: ¿Cómo me siento hoy?'. La pregunta importante es: '¿En qué dirección llevo años moviéndome?".

Los vértices de envejecer

El deterioro del organismo tampoco afecta igual en todas las etapas vitales. Abu-Suboh describe la juventud como una fase de enorme capacidad fisiológica, donde el cuerpo absorbe errores con sorprendente facilidad. De ahí que dormir poco, alimentarse mal o vivir acelerado no genere consecuencias inmediatas visibles. Y precisamente ahí nace la ilusión de creer que el coste no existe.

En la madurez, sin embargo, la fractura empieza a hacerse visible. El descanso deja más residuos, el estrés empieza a pesar y la recuperación deja de ser automática. "El cuerpo todavía aguanta, pero cada vez negocia más caro", resume.

En la vejez se introduce la pérdida de reserva fisiológica. Aunque, para el médico, el verdadero problema es la pérdida de capacidad de adaptación frente al padecimiento de enfermedades. "La gran diferencia es la velocidad con la que el cuerpo recupera ese equilibrio", asegura.

Y así, Lo que te mata no es lo que crees funciona como una llamada de atención frente a una cultura que parece haber confundido bienestar con estimulación y tranquilidad con salud. Por ese motivo, Abu-Suboh no propone vivir con miedo. Su objetivo, insiste, es recuperar la lucidez.

"Yo no escribí este libro para que la gente tenga miedo de enfermar. Lo escribí para que deje de confundir tranquilidad con salud y alarma con verdad", concluye.