El 90% de los regalos corporativos se fabrican con plásticos/textiles vírgenes de baja calidad.

El 90% de los regalos corporativos se fabrican con plásticos/textiles vírgenes de baja calidad. iStock

Historias

Los uniformes, un negocio de 300.000 M de dólares a partir de materiales vírgenes: el 40% acaba en vertederos en semanas

Una empresa española propone aplicar ecodiseño, materiales innovadores y programas de recogida para reducir la huella de carbono de la ropa laboral.

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Mariana Goya
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Más de 30 millones de uniformes se producen cada día en todo el mundo. La mayoría termina incinerada o en vertederos en un plazo de uno a dos años, pese a que muchas de estas prendas se utilizan de forma intensiva durante jornadas de ocho horas, cinco días a la semana.

Paralelamente, el 90% de los regalos corporativos —camisetas promocionales, bolsas de tela o acreditaciones— se fabrican con plásticos y textiles vírgenes de baja calidad, y alrededor del 40% se desecha en cuestión de semanas.

Detrás de estas cifras se encuentra un mercado global de uniformes, ropa corporativa y merchandising valorado en unos 300.000 millones de dólares anuales.

Se trata de un sector poco visible dentro de las estrategias de sostenibilidad empresarial, aunque su impacto se suma al de una industria textil responsable del 20% del consumo mundial de agua, del 10% de las emisiones globales de carbono y de la generación de 92 millones de toneladas de residuos cada año.

Entre el 20% y el 35% de los microplásticos presentes en los océanos procede de la industria de la moda; el 60% de los materiales utilizados en confección tiene origen plástico y apenas el 1% de la ropa se recicla para convertirse en nuevas prendas.

Estos datos han llevado a algunas empresas a revisar una categoría de compras gestionada con criterios de coste y funcionalidad. Y es en ese contexto donde surge Impact Tailors, una compañía española especializada en uniformes, merchandising y regalos corporativos sostenibles.

El 40% de los regalos corporativos terminan en vertederos en cuestión de semanas.

El 40% de los regalos corporativos terminan en vertederos en cuestión de semanas. iStock

Su propuesta consiste en convertir estos productos en una herramienta de gestión para reducir emisiones, impulsar la circularidad y reforzar las estrategias ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) de las organizaciones.

La empresa trabaja con sectores como hostelería, turismo, sanidad, retail, logística, educación y eventos, todos ellos con una elevada demanda de ropa laboral y productos promocionales.

El objetivo es sustituir materiales convencionales por alternativas con menor impacto ambiental, sin renunciar al diseño, la durabilidad ni la competitividad en costes.

Indicador ESG

La compañía estructura su modelo en tres líneas de actuación.

La primera es la reducción de la huella de carbono asociada a uniformes y productos corporativos. La segunda consiste en programas de recogida de prendas usadas para facilitar su reutilización o reciclaje. Y, la tercera, es la contribución a la regeneración ambiental mediante donaciones e iniciativas como 1% for the Planet.

Para ello, emplea materiales como algodón orgánico, tejidos naturales, plástico reciclado, TENCEL, corcho, pieles vegetales, fibras obtenidas de frutas, nylon recuperado de redes de pesca y textiles desarrollados a partir de algas.

Así pues, el enfoque se apoya en principios de ecodiseño e innovación para reducir el impacto ambiental a lo largo de todo el ciclo de vida del producto.

Además del componente ambiental, la compañía plantea este tipo de compras como un instrumento para abordar riesgos ambientales.

Entre ellos figuran la exposición a incumplimientos normativos, la falta de medición de emisiones de alcance 3, los costes ocultos derivados de productos de corta duración, las ineficiencias en compras y el posible impacto reputacional asociado al uso de materiales poco sostenibles.

La empresa, impulsada por la directiva española Marisa Selfa, acompaña a sus clientes en la medición del impacto y alinea sus soluciones con varios de los Objetivos de Desarrollo Sostenible promovidos por Naciones Unidas.

"En moda elegimos qué comprar y cuándo usarlo. En cambio, el uniforme no es una opción: se lleva puesto una media de cinco días a la semana, ocho horas al día. Precisamente por eso, su impacto es mucho mayor", explica Selfa.

Margen para innovar

La compañía trabaja con una red internacional de proveedores para garantizar calidad, trazabilidad y cumplimiento normativo.

Su planteamiento combina diseño y funcionalidad con materiales sostenibles y programas de circularidad, con la intención de demostrar que una categoría considerada básica puede integrarse en la estrategia ESG de la empresa.

"Para mí era urgente y necesario revolucionar un sector que llevaba años funcionando en piloto automático", señala Selfa. "La verdadera disrupción está en convertir una compra rutinaria en una herramienta para reducir la huella de carbono y crear un triple impacto en beneficio, personas y planeta".