Una mujer frente a su refugio en un campamento de refugiados.

Una mujer frente a su refugio en un campamento de refugiados. Save The Children

Historias

Somalia, al borde de la catástrofe: ya tiene 6,5 millones de personas en situación de inseguridad alimentaria

La sequía y la reducción de ayuda humanitaria dejan al país africano a las puertas de sufrir un hambruna como la de 2011.

Más información: El sobre que salvó millones de vidas: 30 años del alimento terapéutico que revolucionó la lucha contra la desnutrición infantil

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La inseguridad alimentaria en Somalia ha alcanzado niveles alarmantes durante el último año. Una letal combinación de prolongados conflictos armados, diversas crisis climáticas recurrentes y recortes severos en la ayuda internacional empuja al país hacia una catástrofe verdaderamente devastadora.

A principios del año pasado, las previsiones internacionales estimaban que 3,4 millones de personas se enfrentaban a una profunda escasez de alimentos. Hoy, esa alarmante cifra casi se ha duplicado, alcanzando los 6,5 millones de afectados, como muestra el último informe de Save The Children. Este aumento está directamente vinculado al desplome de la ayuda humanitaria.

Los datos de financiación reflejan una tendencia descendente. Mientras que en 2024 el Plan de Respuesta Humanitaria contaba con un 57,7% de los fondos necesarios, en 2025 la cobertura bajó al 28,8%. En abril de 2026, solo se ha financiado el 15% del plan previsto para este ejercicio.

La ONG advierte seriamente sobre el riesgo de que se repita la hambruna del año 2011. Su director nacional, Mohamud Mohamed Hassan, subraya que esta emergencia actual es "una crisis evitable" agravada por decisiones políticas previas que tuvieron terribles consecuencias predecibles y mortales.

Según Hassan, los recortes presupuestarios actuales amenazan con revertir los avances logrados en los últimos 15 años, especialmente en áreas críticas como la vacunación y la reducción de la mortalidad infantil.

El impacto de estos recortes en la salud infantil ha obligado cerrar 300 centros nutricionales especializados. Mohamed Ali Magan, responsable sanitario de la organización, explica que esta alarmante reducción incrementa rápidamente la desnutrición, “debilitando de manera severa la frágil inmunidad de los menores”.

Cuando se rechaza a un niño enfermo en estas vitales instalaciones por falta de recursos económicos, se interrumpe inmediatamente una vía clínica fundamental. Magan advierte que los cuadros moderados pueden evolucionar muy rápido hacia condiciones graves, lo que aumenta significativamente su riesgo de enfermar y morir.

Las familias vulnerables, atrapadas en esta situación, se ven forzadas a disminuir la ingesta de alimentos, seguir dietas de mala calidad o retrasar la atención médica debido a las barreras de coste y acceso. Algunas, incluso se endeudan o venden bienes para hacerle frente.

Sin embargo, esto no solo empeora el estado de salud inmediato del niño, sino que también agrava la vulnerabilidad del hogar, apunta Magan. “Refuerza los ciclos de desnutrición, pobreza y malos resultados de salud”.

Este colapso social y económico denunciado por Save The Children trasciende la salud física e impacta también en la formación de los niños. Kassim Hish, el jefe de Educación de la entidad filantrópica, señala que las diferentes escuelas primarias financiadas por grandes donantes internacionales suponen un innegable refugio y salvavidas comunitario.

Por desgracia, las recientes reducciones de estos ingresos amenazan con revertir estos importantes logros, “lo que pone a aproximadamente 4,8 millones de niños en mayor riesgo de quedar excluidos de la educación”, lamenta.

Asegurar la financiación escolar extranjera es imprescindible para proteger a la infancia frente a la crisis que atraviesa el país. Hish subraya que mantener estas aulas abiertas resulta vital, porque “previene directamente el aumento de los matrimonios infantiles prematuros y la injusta explotación laboral de menores”.

Los efectos del cambio climático

Somalia vive una paradoja: solo emite el 0,3% de los gases de efecto invernadero a nivel global, pero su crisis está directamente relacionada con el cambio climático. Su frágil economía nacional depende mayoritariamente de la agricultura y la ganadería, extremadamente sensibles a la inestable meteorología.

Las temporadas de sequía perturban los mercados locales y disparan el precio de los alimentos. Lo mismo ocurre con el exceso de lluvia.

Khadar Ibrahim, Jefe de Cambio Climático y Reducción de la Pobreza Infantil en Save the Children, explica que las inundaciones estacionales provocan la pérdida de ganado vacuno y ovino, lo que reduce los ingresos de las comunidades pastorales y conduce a desplazamientos masivos de población rural.

La falta de diversificación económica hace que la pérdida de activos sea una situación desesperada. Más del 80% de la población somalí depende de una única fuente de ingresos. Por lo tanto, el impacto financiero afecta tanto a los productores como a quienes integran los últimos eslabones de la cadena.

Por otro lado, el acceso limitado a la financiación climática internacional dificulta la adaptación a estos riesgos. Las estructuras estatales disponen de capacidades reducidas para atraer fondos destinados a la mitigación, expone Ibrahim. Esta ausencia de recursos impide la protección de infraestructuras esenciales y activos comunitarios frente a desastres naturales.

Para hacer frente a esta crisis, Save the Children implementa programas de resiliencia a largo plazo para reducir la dependencia externa. Ejemplo de ello es el proyecto CHASP, que apoya servicios integrados de salud y nutrición combinando la creación de demanda comunitaria con el fortalecimiento del sistema sanitario público en diversas regiones.

Un enfoque prioritario para la sostenibilidad es el modelo de recuperación de costes en hospitales de distrito, señala Magan. Asimismo, la organización desarrolla infraestructuras hídricas resilientes, como sistemas alimentados por energía solar, diseñados para funcionar durante periodos de sequía extrema bajo la gestión de comités comunitarios locales.

Para evitar crisis de la magnitud de la hambruna de 2011, Ibrahim subraya la importancia de la prevención. Actuar con antelación, preparando evacuaciones u ofreciendo ayuda económica antes de que ocurra el desastre, “permite que cada dólar invertido ahorre entre dos y tres dólares en respuesta”.

La coordinación centralizada por parte del Gobierno es fundamental para evitar la duplicación de esfuerzos. El uso de tecnologías avanzadas, incluyendo datos meteorológicos por satélite, permite rastrear riesgos potenciales. Solo una respuesta coordinada podrá mitigar el impacto de las crisis climáticas y los conflictos en Somalia, sentencia Ibrahim.