'Gracilaria cornea', un alga roja que en condiciones de cultivo podemos llegar a tenerla con ese color amarillo.

'Gracilaria cornea', un alga roja que en condiciones de cultivo podemos llegar a tenerla con ese color amarillo. Cedida

Historias

Las algas conquistan España ante la presión de los sistemas alimentarios: "Su cultivo mejora los ecosistemas acuáticos"

Ricas en proteínas, minerales y compuestos bioactivos, se consolidan como alternativa alimentaria con menor impacto ambiental.

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Durante décadas, las algas han ocupado un lugar marginal en la dieta europea, asociadas casi exclusivamente a la cocina asiática o a productos de nicho. Sin embargo, esa percepción está cambiando.

La presión sobre los sistemas alimentarios —marcada por el cambio climático, la escasez hídrica, la pérdida de suelo fértil y la necesidad de reducir emisiones— ha situado a las algas entre los recursos con mayor potencial para transformar la alimentación.

Hoy ya no se consideran una rareza gastronómica, sino una posible pieza clave en la dieta del futuro. Y en ese escenario, España aspira a desempeñar un papel relevante.

Y es que el interés no es casual. Las algas destacan por su alto valor nutricional. Muchas especies contienen proteínas de calidad, fibra, minerales como yodo, hierro o calcio, vitaminas y compuestos bioactivos con potencial antioxidante.

Algunas microalgas ya se comercializan como suplementos alimenticios, mientras que otras variedades empiezan a incorporarse a snacks, pastas, panes, condimentos o alternativas vegetales.

El reto ya no es demostrar que se pueden comer, sino integrarlas de forma cotidiana, atractiva y asequible en la dieta occidental.

España no parte de cero

Mientras el consumidor empieza a descubrirlas en supermercados y restaurantes, en España la investigación lleva años avanzando. Uno de los principales referentes es el Banco Español de Algas (BEA), adscrito a la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.

Se trata de una infraestructura científica dedicada a investigar, conservar y caracterizar la biodiversidad de microalgas, cianobacterias y macroalgas de la región macaronésica (Canarias, en España, y Azores y Madeira, en Portugal), así como a estudiar su potencial para desarrollar productos y servicios.

Antera Martel Quintana y Juan Luis Gomez Pinchetti, directores científicos del Banco Español de Algas de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.

Antera Martel Quintana y Juan Luis Gomez Pinchetti, directores científicos del Banco Español de Algas de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Cedida

En el centro se impulsan proyectos de investigación aplicada orientados a la conservación de especies, su cultivo en condiciones controladas y el análisis bioquímico para identificar compuestos de interés con aplicaciones industriales.

"Entre la diversidad de aplicaciones identificadas se valora el potencial, tanto de microalgas como de macroalgas, como fuente de nuevos productos alimentarios obtenidos de forma sostenible, que ayuden a mitigar los efectos del cambio climático", explica Juan Luis Gómez Pinchetti, director científico del BEA.

Especies con más potencial

En el BEA trabajan con especies nativas de Canarias, como Ulva, Codium, Valonia, Caulerpa, y con algas rojas como Gracilaria, Hypnea, Halopithys y Laurencia.

Según Gómez Pinchetti, son variedades que se adaptan bien a sistemas de cultivo como fotobiorreactores, tanques y canales raceway con los que producen una biomasa con características interesantes en composición, aspecto o propiedades organolépticas, con gran potencial en el sector alimentario.

En el caso de las microalgas, aunque su producción es más compleja desde el punto de vista tecnológico, el centro asegura haber mejorado de forma significativa las técnicas de cultivo y procesado hasta acercarlas a escala industrial.

Actualmente el BEA participa en proyectos como ALGASAL+, CALYPSO, ACUICONECTA, NATUR-EXT, MARINNONET, COSEC o XTREMOLIFE, centrados en identificar nuevas especies con potencial para alimentación, salud o sostenibilidad.

Alto valor nutricional

Las algas de la región macaronésica destacan por su riqueza en compuestos bioactivos de alto valor. Entre ellos figuran pigmentos antioxidantes como carotenoides y ficobiliproteínas, proteínas con aminoácidos esenciales, ácidos grasos omega-3, polisacáridos funcionales y una elevada concentración de minerales y vitaminas.

Esta combinación, favorecida por las condiciones subtropicales, las convierte en una fuente interesante desde el punto de vista nutricional y funcional.

De acuerdo con este perfil, Gómez Pinchetti destaca que las especies de macro y microalgas con las que trabajan presentan un amplio abanico de aplicaciones potenciales.

Entre ellas, alimentación y alimentos funcionales, como fuente sostenible de nutrientes; nutracéutica y salud, por su actividad antioxidante, antimicrobiana y otros beneficios metabólicos; cosmética, por sus propiedades hidratantes y protectoras; y biotecnología industrial, incluyendo el uso de hidrocoloides (polisacáridos) y otros compuestos bioactivos con capacidad bioestimulante en el diseño de nuevos materiales para aplicaciones biomédicas y textiles, o productos de aplicación en agricultura.

Por ello, destaca que, en conjunto, "estas algas de la región se posicionan como un recurso estratégico para el desarrollo de productos innovadores y sostenibles en múltiples sectores".

Alternativa sostenible

El cultivo de algas representa también una alternativa sostenible frente a los sistemas agrícolas y ganaderos convencionales. Requiere menos agua dulce y no depende de suelos fértiles.

"A diferencia de los cultivos terrestres, puede desarrollarse en el medio marino o en sistemas controlados utilizando agua salada o residual, evitando la competencia por recursos clave y reduciendo la presión sobre los ecosistemas terrestres", explica el responsable científico del BEA.

Además, las algas destacan por su capacidad de capturar CO₂ y su rápida tasa de crecimiento, lo que las convierte en una herramienta eficaz para mitigar el cambio climático.

La especie de macroalga es 'Caulerpa racemosa', cultivada en tanque en las instalaciones de BEA.

La especie de macroalga es 'Caulerpa racemosa', cultivada en tanque en las instalaciones de BEA. Cedida

"En comparación con la ganadería, su producción genera una huella ambiental significativamente menor, al no contribuir a procesos como la deforestación o la contaminación por residuos orgánicos", asegura Gómez Pinchetti.

Por otro lado, añade, "el cultivo de algas puede contribuir activamente a la mejora de los ecosistemas acuáticos, al absorber nutrientes en exceso y ayudar a prevenir fenómenos como la eutrofización —se produce cuando masa de agua recibe un aporte muy elevado de nutrientes inorgánicos, principalmente nitrógeno y fosforo—. Esta versatilidad nos permite, además, integrarlas en modelos de economía circular, aprovechando su biomasa en múltiples sectores y minimizando la generación de residuos".

Cómo llegarán al plato

De cara a los próximos años, el objetivo del BEA es que las algas se integren de forma gradual en la dieta diaria, sobre todo como ingredientes incorporados en alimentos propios de la dieta mediterránea.

Para ello, su director científico apunta que "debemos adaptar esta incorporación en nuestros productos tradicionales como caldos, arroces, panes, snacks o alimentos enriquecidos, donde aportarán valor nutricional sin modificar en exceso los hábitos de consumo".

En este contexto, "la gastronomía y la innovación culinaria, agrupados bajo el concepto de ficogastronomía (fico proviene del griego phykos que significa alga) jugarán un papel clave. Chefs, restauración y nuevas tendencias alimentarias pueden contribuir a su impulso a través de su uso en recetas tradicionales adaptadas, facilitando que las algas dejen de percibirse como un ingrediente exótico y pasen a formar parte de la cocina local".

A nivel europeo, el director científico del BEA considera que "la industria alimentaria consolidará la presencia de las algas mediante el desarrollo de productos transformados y sostenibles, aprovechando sus beneficios nutricionales y su bajo impacto ambiental".

De este modo, las algas no sustituirán a otros alimentos, sino que se posicionarán como un ingrediente complementario dentro de una dieta más variada y sostenible.

Más de 2.200 cepas

La colección del Banco Español de Algas conserva vivas más de 2.200 cepas con interés potencial en alimentación humana y animal, cosmética, farmacia, agricultura, nuevos materiales o biorremediación de aguas residuales.

El proceso de selección depende del objetivo a desarrollar, pero una vez que caracterizan las especies desde el punto de vista taxonómico, se valoran sus capacidades para el cultivo en sistemas de producción a escala de laboratorio y planta piloto, además de su composición bioquímica y potencial en sustancias bioactivas (antioxidantes, antimicrobianos, bioestimulantes, citotóxicos).

"Necesitamos especies con potencial para cultivarse bajo condiciones controladas y obtener materias primas de calidad, de forma estable y sostenible, garantizando además la trazabilidad", explica Gómez Pinchetti.

El BEA colabora con empresas y startups de diferentes sectores para desarrollar productos alimentarios a partir de sus cepas.

Banco Español de Algas de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.

Banco Español de Algas de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Cedida

"Nuestro papel se centra en aportar conocimiento científico, identificación de especies con potencial alimentario, análisis nutricional y optimización de procesos de cultivo, facilitando así la transferencia de la investigación al mercado", explica su director científico.

Estas colaboraciones ya se han materializado en iniciativas concretas, como el desarrollo de alimentos innovadores, como caldo vegetal con aminoácidos funcionales a base de algas. También en proyectos donde el BEA ayuda a validar la seguridad y el valor nutricional de nuevas materias primas.

Asimismo, asesora a chefs, locales y nacionales, en el uso de este tipo de especies para que puedan ser introducidas como nuevos ingredientes, actuando como un puente entre ciencia, industria alimentaria y gastronomía.

El papel de España

España cuenta actualmente con entre 60 y 80 empresas dedicadas a la pesca, cultivo o transformación de biomasa de macroalgas y microalgas.

Tradicionalmente, la industria de macroalgas se centró en la vertiente cantábrica, llegando a ser el tercer país europeo en producción, detrás de Francia e Irlanda.

Las empresas basadas en la explotación de las poblaciones naturales están centradas principalmente en la industria de la producción de los ficocoloides —grupo de polímeros naturales, químicamente denominados polisacáridos derivados de las algas marinas—, como el agar-agar.

Sin embargo, el cultivo industrial ha ido ganando peso y ya representa cerca del 40% del sector, con empresas orientadas al consumo humano y a productos de mayor valor añadido.

En microalgas, España se sitúa como segundo productor europeo tras Alemania, con compañías implantadas en Andalucía, Cataluña, Asturias o Canarias.

Los retos pendientes

Pese a su potencial, el sector se enfrenta a obstáculos importantes. El principal, según el director científico del BEA, es la complejidad regulatoria y administrativa.

"Los procesos para obtener permisos de cultivo son largos y poco adaptados a las particularidades del sector, lo que genera incertidumbre y frena la inversión. Además, la ausencia de un marco normativo específico y ágil dificulta la planificación y el desarrollo de proyectos empresariales", señala.

A esto se suma una demanda interna limitada, debido a la escasa tradición de consumo de algas en España.

"El desconocimiento del consumidor y la falta de una cultura alimentaria asociada reducen las oportunidades de mercado, obligando al sector a invertir en divulgación y en el desarrollo de nuevos productos atractivos para el consumidor", indica Gómez Pinchetti.

Asimismo, a nivel europeo, persisten retos técnicos y económicos vinculados a la producción a gran escala.

"La falta de experiencia industrial, la necesidad de optimizar los sistemas de cultivo y de transformación de la biomasa, y las dificultades para alcanzar modelos rentables limitan la consolidación del sector".

Superar estos desafíos será clave para aprovechar el potencial de las algas como recurso alimentario sostenible en los próximos años.