Algunos de los jabones y detergentes que usamos para limpiar pueden tener un efecto negativo en nuestro organismo.

Algunos de los jabones y detergentes que usamos para limpiar pueden tener un efecto negativo en nuestro organismo. iStock

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Ambientadores, cosmética o productos de limpieza: así nos intoxicamos dentro de nuestros hogares sin saberlo

Nos convertimos en receptores de contaminantes que inhalamos, comemos y tocamos y que convergen en el organismo.

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La contaminación se ha convertido en una de las principales preocupaciones de la sociedad actual. El fenómeno ya no atañe solo a la atmósfera, está en nuestros hogares. Se habla de partículas y sustancias que llegan a nuestro organismo a través del aire que respiramos, la comida o las cosas que tocamos.

Carlos de Prada, director de Hogar sin tóxicos, no es partidario de “alarmar gratuitamente”, pero reconoce que la contaminación química en interiores puede ser “un problema relevante”. Una parte de la cuestión es que en espacios cerrados, que es donde los occidentales pasamos el 90% de nuestro tiempo, puede darse una concentración superior de sustancias problemáticas.

Entre ellas menciona determinados compuestos orgánicos volátiles que podemos inhalar, la presencia constatada en el polvo doméstico de numerosas sustancias tóxicas, así como la presencia de nanoplásticos.

Nicolás Olea, coordinador grupo Endocrinología y Medioambiente (GEMASEEN) de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), coincide con él al hablar del interior de la casa y la vía inhalatoria como “una de las principales fuentes de exposición”.

Algo que la gente no suele tener en cuenta, y olvida con facilidad, es que el polvo que se acumula en las viviendas y el aire interior contribuyen a la exposición diaria de todos los miembros de la familia a sustancias tóxicas, apunta. “Especialmente en los que pasan más tiempo en el hogar como niños de corta edad y las mascotas”.

Olea, que también es médico y catedrático emérito Universidad de Granada (UGR), señala a los textiles –tapicerías, ropas, colchones–, ambientadores, cosméticos y artículos de limpieza como “las grandes fuentes de contaminantes en el hogar”.

También entran en esa lista ciertos insecticidas, la aplicación de pinturas, algunos productos de aseo o cosmética, fragancias o, incluso, “los ligados a la alimentación o al agua potable” añade de Prada.

El director de Hogar sin Tóxicos opina que el problema es que mucha gente “confunde el olor a química sintética fuerte, o a ciertas fragancias artificiales, con el olor a limpio”. Esos olores intensos pueden dar sensación de higiene, pero lo limpio “no tiene por qué oler a nada”.

El efecto cóctel

Olea pone el foco en un fenómeno denominado “efecto cóctel”, que consiste en la suma de consecuencias al estar expuesto a más de una sustancia a la vez.

Nos convertimos en receptores de tóxicos que inhalamos, comemos y tocamos y que convergen en el organismo. Los más afectados son los niños ya que se encuentran en fase de desarrollo, desgrana.

Además, el catedrático emérito de la UGR subraya que no hay que centrarse solo en si estamos altamente expuestos o no. “Aunque las exposiciones individuales sean bajas, el efecto combinado es un riesgo no despreciable”.

De Prada, por su parte, lamenta que las agencias oficiales evalúen el riesgo de las sustancias una a una, aisladamente. Es “una grave deficiencia” de la toxicología oficial porque nunca estamos en contacto con un único compuesto, sino con complejas mezclas de ellos.

Ya se ha comprobado, añade, que hay muchas sustancias que aisladamente no tienen efectos negativos, pero que al unirse sí causan consecuencias. No se trata solo de un efecto sumatorio, sino también, en algunos casos, sinérgico, advierte.

Entre los efectos atribuidos al cóctel químico, destaca las alteraciones del equilibrio hormonal, –la famosa disrupción endocrina–. Según el médico, esta interferencia explica la alta prevalencia de diversas patologías en el siglo XXI, sobre las cuales existe una fuerte sospecha de origen ambiental.

Entre ellas cita los problemas en la función tiroidea –como el hipotiroidismo–, problemas de fertilidad, obesidad, diabetes y cáncer en órganos dependientes de las hormonas (mama, próstata, testículo…)

Ante esta lista, el experto cuenta que lo que más preocupa ahora mismo desde el ámbito médico son las sustancias que alteran las hormonas sexuales (estrógenos y andrógenos), las hormonas tiroideas y el metabolismo.

Como ejemplo cita la exposición al bisfenol-A (componente del policarbonato y resinas epoxi); los compuestos perfluorados (PFAS) y los componentes de cosméticos como el filtro UV benzofenona o el antiséptico triclosán.

Muchos de estos riesgos se pueden evitar, regulando el empleo de las sustancias o creando conciencia entre los ciudadanos. Sin embargo, la legislación no acompaña. Es estricta al limitar el uso de compuestos de categoría CMR (siglas de carcinógenos, mutagénicos y tóxicos para la reproducción), pero no lo es para los disruptores endocrinos.

Estas sustancias son contaminantes ambientales que una vez dentro del organismo producen un desequilibrio en el sistema endocrino. “Son auténticos Hackers del mensaje hormonal”.

Hay muy pocas limitaciones que atañen, por ejemplo, al empleo del bisfenol-A en los biberones y tickets térmicos. También a algunos perfluorados en utensilios de cocina, y algunos ftalatos en cosmética.

No obstante, no cubren las grandes exigencias de exposición a pesticidas, plásticos, cosméticos, productos de cuidado personal, textiles o elementos de construcción, lamenta Olea.

Aparatos electrónicos

Otra fuente de tóxicos en los hogares son los aparatos electrónicos, dice el catedrático emérito de la UGR. Se debe a los procesos de calentamiento que experimentan y el uso continuado de materiales plásticos, circuitos electrónicos y cables eléctricos.

Por ejemplo, el empleo de retardantes del fuego polibromados y organofosforados –sustancias químicas artificiales añadidas a plásticos, textiles y equipos electrónicos para reducir su inflamabilidad–, así como aditivos del PVC como los ftalatos, contribuyen a la exposición medioambiental a algunos tóxicos con actividad endocrina.

La clave para prevenir el riesgo es airear el hogar y eliminar el polvo mediante aspiración o uso de un paño húmedo. “Hay que sacar esos compuestos volátiles de nuestro entorno y mantenerlos apagados por la noche, al menos en el cuarto de los niños”, sentencia Olea.

De Prada lamenta que la contaminación química es uno de los tres grandes retos ambientales que afronta el planeta –especialmente en algunos países como España–, pero la sociedad no está lo suficientemente concienciada. “Queda mucho por hacer”.

Para Olea, lo primordial es conocer la procedencia y las garantías de cada proveedor. Por eso es crucial leer etiquetas, familiarizarse con nombres y composiciones de productos y empezar a ser selectivos en la elección. “Un ciudadano informado sabe elegir y, con ello, condiciona la oferta en el comercio”.