Ana M. Ángel, psicóloga y sexóloga.
Ana M. Ángel Esteban, psicóloga: "La renuncia silenciosa es uno de los peores escenarios para una pareja"
Ocurre cuando una persona deja de discutir porque ha dejado de creer que las cosas puedan cambiar.
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Hay silencios que significan paz. Y hay otros que esconden el final de una relación. En una pareja, dejar de discutir no siempre es una buena noticia.
Después de meses o años de reproches, peticiones y conversaciones que no consiguen cambiar nada, puede llegar un momento en el que uno de los dos simplemente deja de intentarlo.
Es lo que la psicóloga y sexóloga toledana Ana M. Ángel Esteban define como la renuncia silenciosa emocional. Una retirada progresiva en la que desaparecen las expectativas, la iniciativa y, finalmente, buena parte del vínculo.
La persona continúa físicamente en la relación, pero empieza a marcharse emocionalmente. Comparte casa, rutinas e incluso cama, aunque deja de compartir aquello que siente.
Sobre esta situación, sus señales, sus causas y las posibilidades de recuperar el vínculo habla Ana M. Ángel Esteban en una nueva entrega de su consultorio en EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha.
1. ¿Qué es exactamente la renuncia silenciosa emocional en una pareja?
Es el momento en que uno de los dos deja de discutir, de pedir que las cosas cambien... no porque el conflicto se haya resuelto, sino porque se ha dejado de creer que pueda resolverse.
Es fácil confundirlo con calma, autocontrol e incluso madurez, pero no, es agotamiento disfrazado de paz. La persona sigue en la relación, comparte casa, rutinas y a veces cama, pero ha dejado la inversión emocional: ya no espera ni confía en que el otro vaya a moverse ni a cambiar.
Es una forma de protegerse del desgaste de pedir algo una y otra vez sin obtener respuesta.
2. ¿Cómo se diferencia de una crisis de pareja "normal"?
En una crisis hay fricción, en algunas hasta voces, hay reproches, pero en el fondo, existe la esperanza de que algo puede cambiar si se pelea lo suficiente. Aquí no. La renuncia silenciosa se reconoce por su ausencia de ruido.
No hay portazos ni discusiones a las tantas; hay una desconexión progresiva, respuestas cada vez más cortas, menos iniciativa para el contacto físico y los planes compartidos, y una sensación de estar "conviviendo" con muchas comillas, compartiendo espacio, más que de estar "en pareja".
El propio silencio es la señal de alarma, no es la tranquilidad que aparenta.
3. ¿Qué señales pueden indicar que una persona (o su pareja) ha entrado en esta fase?
Algunas de las más habituales: ya no se intenta resolver los mismos conflictos de siempre porque "para qué, si nunca cambia nada" y ¡cómo desgasta!; se responde con monosílabos a preguntas que antes generaban conversación; notas que ya no duele tanto un desacuerdo, sino que produce indiferencia; se evita el contacto emocional o físico intencionadamente y no se busca una excusa para sustituirlo por otra cosa; y, sobre todo, ya no se cuenta al otro lo que de verdad se siente por dentro.
Cuando alguien deja de compartir su mundo interno con su pareja, ya no está solo distanciado: se ha ido emocionalmente, aunque su cuerpo siga ahí.
4. ¿Por qué se llega a este punto y qué lo suele desencadenar?
Casi siempre es el resultado acumulado de desacuerdos y peticiones no escuchadas. No aparece de un día para otro; es la última fase de un proceso en el que la persona ha intentado, durante meses o años, que se la vea, que se la valide, que algo cambie.
Cuando esas peticiones se reciben con indiferencia, se minimizan y las promesas no se cumplen, el sistema nervioso aprende que pedir tiene un coste emocional demasiado alto y que no trae recompensa, además de sentir que no importas.
Dejar de pelear no es rendirse por ser débil: es una estrategia de autoprotección aprendida a base de decepciones constantes.
5. ¿Se puede revertir esta situación y cómo empezar a hacerlo?
Sí, pero requiere que ambos miembros reconozcan lo que está pasando, no solo quien se ha ido retirando, y quieran paralelamente resolverlo, pero desde mi experiencia, la verdad es que cuando hay tanta decepción y malestar, uno no solo se rinde emocionalmente, se pierde también el amor y eso no hay estrategia psicológica que lo haga existir.
No obstante, si se pusiese voluntad, es fundamental recuperar micro-momentos de conexión real, pequeñas muestras de interés genuino y sostenido en el tiempo y, si el desgaste es profundo, buscar apoyo profesional para reconstruir la confianza de que pedir algo sí puede tener respuesta ahora.
La clave está en actuar antes de que la indiferencia se convierta en la única forma de convivencia posible; cuanto más tiempo pasa en esta fase, más cuesta recuperar el vínculo si es que ya no se ha establecido con otra persona mientras.