La psicóloga Ana M. Ángel Esteban y un hombre preocupado.

La psicóloga Ana M. Ángel Esteban y un hombre preocupado.

Vivir SEXUALIDAD

De la excitación persistente a la eyaculación retrógrada: algunos problemas sexuales poco frecuentes en los hombres

"Al afectar a la esfera íntima y de la autoestima, muchos hombres evitan hablar de ello", asegura la psicóloga y sexóloga Ana M. Ángel Esteban.

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Julia Toledano
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La psicóloga toledana Ana M. Ángel Esteban vuelve a abrir su consultorio de salud sexual en EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha para abordar una realidad poco visible: los trastornos sexuales masculinos menos conocidos.

Más allá de la disfunción eréctil o la eyaculación precoz, existen alteraciones que, aunque menos frecuentes, pueden tener un fuerte impacto psicológico y generar dudas, ansiedad e incluso conflictos en la pareja.

En esta nueva entrega, la especialista pone el foco en estos problemas invisibles, explica por qué siguen siendo un tabú y lanza un mensaje claro: tienen explicación y, en muchos casos, tratamiento.

  • Además de los problemas más conocidos, parece que existen trastornos sexuales masculinos muy poco frecuentes

Sí, los más frecuentes son la disfunción eréctil y la eyaculación precoz, pero hay otros menos conocidos que pueden ser aún más traumáticos psicológicamente. Por ejemplo, el síndrome de excitación sexual persistente masculina, que es una sensación continua de excitación genital, pero sin deseo sexual, que no se alivia con el orgasmo.

Por otro lado, la eyaculación retrógrada ocurre cuando el semen no sale al exterior, sino que se dirige hacia la vejiga, por lo que el hombre siente un "orgasmo seco". Suele estar asociada a cirugías, diabetes o ciertos fármacos y en la pareja crea cierta desconfianza sobre si se ha tenido realmente un orgasmo o ha sido fingido.

  • Uno de los que más llama la atención es la eyaculación sin erección. ¿Cómo es posible?

Es más frecuente de lo que parece. La eyaculación sin erección ocurre porque tanto la eyaculación como la erección están controlados por circuitos nerviosos diferentes: uno es vascular y otro neurológico-reflejo.

Puede darse en hombres con lesiones neurológicas, problemas en la médula espinal, alteraciones en la próstata o como efecto secundario de medicamentos.

En algunos casos, el paciente puede experimentar la eyaculación sin haber tenido erección, lo que puede generar confusión o preocupación, tanto en él como en la pareja.

  • ¿Hay más trastornos poco habituales?

Sí, hay varios, pero aunque menos habituales, no menos frustrantes. El síndrome de Dhat, de base psicológica, en el que el paciente cree que la pérdida de semen debilita su organismo, lo que genera ansiedad, fatiga y preocupación excesiva. Roza un poco el psicoticismo.

Otro caso es el trastorno del dolor post-orgásmico, donde tras la eyaculación aparecen síntomas como dolor muscular, agotamiento y malestar general que puede durar horas o incluso días.

También la anhedonia orgásmica, en la que el orgasmo se produce con la expulsión del semen, pero sin la sensación de placer habitual, algo que suele estar relacionado con factores emocionales o de determinados medicamentos.

  • ¿Por qué estos problemas son tan desconocidos?

Porque se combinan dos factores: baja prevalencia y muy alto nivel de tabú. Al afectar a la esfera íntima y de la autoestima, muchos hombres evitan hablar de ello incluso con profesionales sanitarios.

Además, varios de estos trastornos son muy complejos o desconocidos en su origen y eso hace difícil el tratamiento, sobre todo porque lo desconocido tiende a atribuirse a causas psicológicas y no siempre es así, doy fe.

  • ¿Qué mensaje daría a quienes estén sufriendo alguno de estos síntomas?

Que no están solos ni son casos "raros" en el sentido de "sin tratamiento". Aunque sean poco frecuentes, estos trastornos están descritos médica y psicológicamente. Hay que consultar con un urólogo y con un sexólogo o psicólogo para así poder tener en cuenta causas físicas y psicológicas sobre todo.

Otras, como pueden ser las neurológicas, hormonales y farmacológicas, también.

Lo que sí que es cierto es que el silencio solo prolonga el problema.