Edificio en el que fue asesinada Rosa, una vecina de Alameda de la Sagra (Toledo).

Edificio en el que fue asesinada Rosa, una vecina de Alameda de la Sagra (Toledo). Ángela Pulido Díaz

Región VIOLENCIA DE GÉNERO

El drama de Alejandra y Rosana, las dos mujeres asesinadas en Castilla-La Mancha a las que sus vecinos no conocían

Los últimos feminicidios registrados en la región señalan el aislamiento y la falta de "una red de apoyo social" como agravantes de la vulnerabilidad.

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Castilla-La Mancha ha sufrido en 2026 el asesinato de dos mujeres por violencia de género. Las vidas de Alejandra y Rosana, truncadas por el machismo, discurrieron por caminos distintos, pero sus asesinatos dibujan un patrón semejante: eran mujeres de mediana edad y origen extranjero; ambas fueron asesinadas en la intimidad de sus hogares.

La coincidencia más desoladora, no obstante, ha aflorado con su pérdida: eran prácticamente unas desconocidas. Los alcaldes de las localidades donde residían —Seseña y Alameda de la Sagra, respectivamente— no sabían de ellas, tal vez por ser recién llegadas. Tampoco los vecinos han podido aportar detalles. Entretanto, el peso de su ausencia recae sobre sus hijos, testigos del horror.

El 23 de abril, Alejandra, natural de Venezuela y de 42 años, fue asesinada por su expareja en Seseña. El 21 de julio, Rosana, oriunda de Ecuador y de 45 años, falleció a manos de su marido en Alameda de la Sagra.

El agresor de Alejandra se suicidó después de perpetrar el crimen; el verdugo de Rosana presentaba lesiones compatibles con el intento autolítico y fue trasladado al Hospital Universitario de Toledo: permanece en prisión y se le ha imputado un presunto delito de asesinato.

Sobre ambas historias planea una inquietante hipótesis: si el origen extranjero de las víctimas y su condición de anónimas en los respectivos municipios donde residían favorecieron el fatal desenlace.

La falta de arraigo de Alejandra y Rosana se adivina como otra brecha de seguridad. "Hay situaciones que incrementan el riesgo o ponen a la víctima en una situación de mayor vulnerabilidad", comenta Raquel Bartolomé, profesora en el Centro de Investigación en Criminología de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM).

La "movilidad reciente" ha definido la etapa postrera de las dos víctimas. El cambio de hogar sobresale como un condicionante perjudicial. "Probablemente no tenían una red de apoyo social", indica la experta. El hecho de que "el resto de la comunidad ni siquiera conozca a estas personas las sitúa en una posición de vulnerabilidad mayor", remarca.

Además de una mudanza o de la ausencia de allegados, Bartolomé apunta como probable la posibilidad de que ni Alejandra ni Rosana supieran de “los recursos” disponibles para las mujeres amenazadas. Incluso, cabe que las víctimas "quizás no tuvieran confianza —quizás, porque no lo podemos saber— en las instituciones, con lo cual deciden no llamar a la policía cuando ven riesgo".

También despunta "la situación económica, que a veces es precaria" como otra de las piezas que pudieron incrementar la debilidad de las víctimas.

La concatenación de estos elementos "no causa la violencia, pero la desencadena o la facilita", asevera Bartolomé.

La "frustración" que impulsa al asesino

La profesora de la UCLM habla de las situaciones que generan "malestar y frustración" como el catalizador habitual de la violencia de género. Los episodios que generan "una respuesta emocional muy intensa, generalmente de frustración" disparan el riesgo para las mujeres.

Los agresores "donde luego van a sacar todo ese malestar va a ser, precisamente, en la casa, con las personas más cercanas". Son los familiares próximos quienes, "desafortunadamente, reciben el daño". Por tanto, "no es extraño", añade Bartolomé, que los asesinatos se consuman dentro de la vivienda.

La dificultad para gestionar esta suerte de estrés emocional "sabemos que ocurre más en determinadas épocas del año, la semana o el día". Existen "elementos contextuales" como la hora, el calor, la presencia de alcohol, la celebración de una fiesta o "incluso un partido de fútbol" que se convierten en detonantes que "favorecen o facilitan que esa agresión pueda llegar a ocurrir".

Bartolomé recuerda que existen "muchos elementos que generan una situación de agresión". Sin embargo, "no explican por qué ocurre; explican cuándo y cómo es más probable que ocurra".

Por ello, la doctora en Psicología insiste en las "cuestiones estructurales" que rodean esta lacra y subraya que "la explicación de la violencia de género es mucho más amplia".

El "conocimiento" policial, eje de la respuesta

Los asesinatos de Alejandra y Rosana se produjeron de madrugada. También se atisban similitudes en el modus operandi: los dos crímenes se materializaron con puñaladas y acaecieron en domicilios arrendados y situados en el centro histórico de estas dos localidades sagreñas, una comarca toledana caracterizada por un súbito crecimiento residencial que ha redefinido el perfil de su población.

Aunque apenas ha trascendido información sobre el grado de amenaza que se cernía sobre las dos mujeres, sí existe una diferencia entre ambas: Rosana no se encontraba dentro del sistema VioGén, pero Alejandra sí —aunque su caso se consideraba de riesgo bajo—.

"En VioGén están quienes han denunciado o han estado en una situación que ha generado información para la policía", apunta Bartolomé. Por tanto, los cuerpos de seguridad "difícilmente pueden prever algo o valorar el riesgo de algo sobre lo que no tienen conocimiento".

La propia soledad que muchas mujeres perciben les aleja de este escudo de protección. Y el hecho de no estar vigiladas por VioGén aumenta su exposición. El sistema, recuerda la investigadora de la UCLM, "ayuda a predecir el riesgo de que una persona agreda a otra".

Sin embargo, la concurrencia de "cuestiones, mucho más dinámicas, como las situaciones que generan malestar o una emoción intensa, no se pueden valorar [por los efectivos policiales] en el mismo momento [en que se producen]", agrega Bartolomé, al tiempo que perfila —entre el deseo y la utopía— "un sistema que tuviera muchísimos recursos para prevenir, no solo para reaccionar".

En cualquier caso, "no es fácil predecir qué va a ocurrir en una situación concreta; desgraciadamente, hay muertes que nadie había podido prever".