La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Katie Zacharia, el pasado martes en su única y última rueda de prensa.
Esta semana ha dimitido (o ha sido dimitida) la nueva portavoz de la Casa Blanca. Ni más ni menos que cinco días ha durado el cargo Katie Zacharia, quien tenía por encargo representar ante la prensa las pretensiones del presidente Donald Trump. Se decía abogada. Un medio más preparado reveló más tarde que nunca aprobó el examen que debía habilitarla. Maquillar solo puede el jefe.
Antes de juzgar las mejores o peores aptitudes de la sujeto, piense cada uno de ustedes si no son cinco días de trabajo el mayor de los logros. Solo hace falta viajar por un momento a aquellos segundos días de vendimia. Es importante lo del segundo, en el primero todavía se cree que la cosa no será para tanto.
Recuerden cuando las agujetas sorprendían al cuerpo y madrugar ya podía haber sido un nombre ruso. No digamos si la jornada se extendía de sol a sol. En ese caso el segundo día bien dolía como si del quinto se tratara. Nada mejor que situarse en la furgoneta, agarrar las herramientas y agacharse por primera vez para notar cómo cada hora en la viña cuenta.
No juzguen entonces a la compañera estadounidense. Hay que valer para soportar una rueda de prensa durante, atención, 15 minutos y tres preguntas. Una de ellas no la respondió. Sí, esa es su única labor conocida en tan extensa trayectoria. Ustedes aguantaron cinco días de vendimia y ella soportó cinco días a un patrón cuyas manos no están precisamente para agarrar garranchos.
Podría decirse, por tanto, que en la Casa Blanca se vendimia. Se vendimia si por eso entendemos quejarse mucho y todo el rato hasta que ya no hay más de donde rascar y se puede cambiar de tema. O de viña. En las vides de Zacharia la cosecha no debió salir buena.
Parece evidente el motivo de su salida. Se le ha escapado ese detalle hasta a los más importantes periodistas de Estados Unidos. El ojo manchego rápidamente se percata de que la ya exportavoz nunca paró a almorzar. Un pisto, si es bueno, le extiende la carrera a cualquiera.
Lo que se desconoce por el momento es el precio del jornal en la Casa Blanca. Tendría sentido pensar que es superior al de un remolque lleno. De todos modos, nunca se ha visto a nadie fermentar unos tacones, así que no descartemos sorpresas hasta nuevo aviso.
Llama la atención el revuelo en la capital de la tierra de las oportunidades. La gente está tan sorprendida por el suceso como trajeados visten. Al fin y al cabo, a mediados de octubre ya no huele ni a mosto. Poco más le quedaba por hacer a quien, si bien portaba la voz del presidente, nunca cargó una espuerta.