El pasado jueves, Félix Solís presentó en el Ritz Finca Valeria, su nueva línea de vinos blancos y rosados inspirada en la top model argentina Valeria Mazza. Una cita de altura en la que estuvieron políticos, empresarios y representantes del couché, como Carlos Latre. No se puede prestigiar ni dar más categoría a un evento que en el hotel Ritz, adonde los chinos fueron hace años a comprar y le pusieron el apellido mandarín. Pero se cuidaron de guardar el nombre. Algo similar dije en mi discurso de agradecimiento del Premio Virgen de las Viñas en el Palace frente a Rafael Torres y García-Page. Es imposible darle mayor rango al certamen, atendiendo al lugar escogido. Madrid sigue siendo un poblachón manchego, pese al crecimiento desmedido. En realidad, los manchegos también tenemos algo de desmedidos. Nos reproducimos en silencio y bajo la tierra nos recargamos, como el acuífero.

Félix Solís estuvo en primera línea atesorando un estado de forma envidiable al que quisiéramos llegar algún día. Es uno de los grandes empresarios del vino y alguien que ha hecho mucho por el sector en la región. Independientemente de guerras puntuales, atesora y abandera de manera brillante la industria vitivinícola y ha demostrado que puede hacerse una gestión solvente y sostenida en el tiempo que posibilite la generación de riqueza en su entorno. Valdepeñas lo sabe y por eso su alcalde, Jesús Martín, también estaba allí. Qué gran ministro de Cultura se ha perdido España con él. Si hubiera ganado Bono a Zapatero en el 2000, el cuento hubiera sido otro. Pero para esto y para la vida en general.

Valeria estuvo soberbia, espectacular, fascinante. Lleva la elegancia en vena y destila naturalidad a su paso. Félix Ramiro me lo dijo antes de comenzar. Se conocieron en Marbella de forma casual y, desde entonces, su relación no hizo más que consolidarse. "Es un pelotazo tener una top model como ella aquí", decía Félix, otro de los grandes de la moda. De Félix a Félix, de la moda al vino pasando por Valeria.

Finca Valeria

Finca Valeria

Tanto el blanco como el rosado son dos excelentes vinos para compartir en conversaciones agradables con amigos, familia o trabajo. Valeria se desenvuelve como pez en el agua entre el brillo, la admiración y el rojo bermellón de su traje que la hacía destacar sobre el resto. El equipo de Félix Solís, con sus hijos a la cabeza, lo ha sabido hacer muy bien y vio la oportunidad. Lo contó Félix hijo cuando subió al escenario. Era un momento que había que aprovechar. Advirtieron la línea de negocio y allá que fueron. Desde Valdepeñas al resto del mundo. Para vivir y disfrutar la vida con aquello que el hombre sabe hacer desde que bajó del árbol. Tenemos que prestigiar el vino y lo que significa, porque sin vino no hay cultura. Literal. El hombre comienza a pensar cuando se asienta y cultiva la vid y el olivo en torno al Mediterráneo. Del mito al logos, pasando por el vino.

Félix Solís es una clase de empresario hecho en otra época que ha sabido adaptarse a la imprevisibilidad de los tiempos y las circunstancias cambiantes. Ojalá salieran muchos como él y pudieran llevar el vino como buque insignia al final del mundo. Es de la tierra y se muestra cariñoso y afectuoso con ella. Los problemas de este último tiempo en Valdepeñas son apenas una mácula de la que todos hemos aprendido. Fresneda también estaba por allí y, como uno de los hombres mejor informados de la región, deseaba que todo saliera bien. In vino veritas y Finca Valeria, la belleza al alcance de la copa. Porque como dice mi buen amigo Ángel Ramírez Ludeña, la vida es muy corta para tomar malos vinos.