Patrick Modiano. Foto: Catherine Hélie / Éditions Gallimard

Patrick Modiano. Foto: Catherine Hélie / Éditions Gallimard

Novela

'Chevreuse', lo nuevo del Nobel Patrick Modiano: una reconstrucción detectivesca de los recuerdos perdidos

La novela cuenta una historia fascinante y laberíntica acerca de una memoria desintegrada que va armándose como los viejos rompecabezas

4 julio, 2023 02:07

Todo acaba por confundirse. Las imágenes del pasado se entremezclan formando una pasta ligera y transparente que se distiende, se hincha y toma la forma de un globo irisado, a punto de reventar. El concepto importante para definir esta novela de Patrick Modiano (Boulogne-Billancourt, 1945) es el ovillo de tiempos que se superponen y dan vueltas sobre sí mismos.

Chevreuse

Patrick Modiano

Traducción de Maria Teresa Gallego Urrutia. Anagrama, 2023. 154 páginas. 18,90 €

El primer párrafo de esta reseña pertenece al narrador de Domingos de agosto, una novela que el Nobel francés publicó en 1986. No se han añadido comillas porque cualquier lector atento de Modiano podría haber definido así la amalgama de tiempos y personajes que transitan por la historia que se nos cuenta en Chevreuse. Este es el relato de una memoria desmemoriada. O mejor, de una memoria desintegrada, que va armándose como los viejos rompecabezas.

Pero quedan huecos sin definir. Los intersticios de los recuerdos de Jean Bosmans, el protagonista, no son gratuitos. De cada oquedad saldrá una nueva pista. De cada palabra recordada, de cada nombre que irrumpe en el recuerdo de Bosmans surgirán nuevos hilos para un ovillo casi policiaco. Casi, porque la resolución del misterio, de los misterios de una existencia, será solo parcial.

En una entrevista en el programa literario francés La grande librairie, Modiano reivindicaba los silencios y las elipsis narrativas en su última novela, en realidad, en todas sus obras, para que el público lector articule las pausas y complete el trabajo del novelista. Chevreuse es una zona geográfica en la región de Isla de Francia. Esa palabra, junto a Auteuil, el barrio más occidental de París, lindando al suroeste con Boulogne-Billancourt, lugar de nacimiento de Modiano, esos dos nombres de fronteras mentales, Chevreuse y Auteuil, van a configurar una topografía de la memoria de Jean Bosmans.

Para entender esa topografía borrosa es pertinente esta declaración del narrador: “Chevreuse. A lo mejor ese nombre tiraba de otros nombres hacia él, como un imán. Bosmans repetía en voz baja: ‘Chevreuse’. ¿Y si era ese el hilo que le permitiría recuperar toda una bobina?”.

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Las dudas sobre cómo hilvanar los retazos de la infancia de Bosmans salpican el texto. Como en los senderos de Proust, el personaje de Modiano recorrerá dos caminos: el itinerario al piso de Auteuil, y el trayecto a la casa de la calle del Docteur-Kurzenne, donde de niño Bosmans había vivido y cuyos jardines traseros conectaban con “un principado de bosques, estanques, parques, llamado Chevreuse”.

El Bosmans de veinte años se ve envuelto, por intermediación de una amiga de entonces “a quien llamaban Calavera”, en una indagación inducida, de pronto lo irá descubriendo, por otros personajes cuyos nombres irán resonando en su memoria. Guy Vincent, que en algún momento después de la guerra, estuvo en la cárcel, y en el presente posee el Hotel Chatham, con su socio Michel de Gama, que no se llamará así; Martine Hayward, dueña de la hospedería cerrada de Le-moulin-de-Vert-Coeur, con quien viaja a la calle del Docteur-Kurzenne.

Rose-Marie Krawell, propietaria de la casa de Docteur-Kurzenne, y quizá también del piso de Auteuil, prestado o rentado a René-Marco Heriford, que llena el salón por las noches de “gentes poco recomendables”. Con René-Marco Heriford vivirá su hijo de corta edad y Kim, la joven aya que habita el piso durante el día y desaparece en una habitación al fondo del pasillo, cuando los invitados poco recomendables se instalan en la casa hasta la madrugada.

Fue Calavera, llamada Camille, contable durante un tiempo en el Hotel Chatham, quien puso en contacto a Jean Bosmans con este grupo; una red de personajes que forman un esquema, habitantes de una ciudad sepultada quince años atrás, que, poco a poco, Bosmans va exhumando del olvido y relacionando con su infancia. Bosmans pretende completar ese esquema y llegar a trazar un plano del conjunto.

En las elipsis modianescas está su gran talento de narrador, una escritura ambigua y al mismo tiempo escrupulosamente observadora

Con bastante humor, escribe también una lista de títulos de novelas que le sugieren esos hechos: El misterio del Hotel Chatham, El regreso de los fantasmas, La vida secreta de René-Marco Heriford o La casa encantada de la calle de Docteur-Kurzenne. El puñado de individuos, vinculados entre sí, roza lo inquietante y conforme avanza la historia vemos que ninguno está ahí por azar. El desconcierto del protagonista se explica por las capas superpuestas de su memoria.

Bosmans en el momento de recordar a su yo de 20 años ya alcanza la sesentena y es escritor, pero nada sabremos de esta parte de su vida, las amenazas que discurren bajo la superficie de la historia son el recuerdo de una época infantil. Saltar etapas, dejar huecos, recordar solo una canción, es algo que hacemos los humanos cuando tratamos de forzar la memoria para rescatar determinados hechos.

Bosmans es la encarnación del hombre cuyo pasado no parece tener un sentido. Rodeado en su infancia de misterios que no quiere o no desea compartir del todo, indagará en esa topografía poblada de individuos turbios que le salen al paso, pero sólo encontrará aparecidos y una atmósfera cargada de amenazas.

Es difícil unir estas dos características de Modiano: una escritura ambigua y al mismo tiempo escrupulosamente observadora. En las elipsis modianescas está su gran talento de narrador. En el laberinto que va en círculos una y otra vez, se concentra su vocación de riesgo. Como en el juego de la ruleta rusa, leemos sin saber cuándo va a sonar el disparo que aclarará los hechos.

En el laberinto que va en círculos una y otra vez, se concentra su vocación de riesgo

En esas oquedades geniales Chevreuse consigue abismarnos y llevarnos a sus territorios, más proustianos que nunca. Una historia fascinante y laberíntica, envuelta en niebla, con personajes fantasmales y magníficos, en la que nos quedamos atrapados, como el protagonista, en esos itinerarios desde el misterioso piso de Auteuil a la no menos enigmática región de Chevreuse, en cuyos secretos no podremos penetrar del todo.

Coincidiendo con Chevreuse, Anagrama publica Una muñequita rubia, un divertimento literario y visual escrito por Modiano con dibujos de Pierre Le-Tan (1950-2019). Se trata de una pieza teatral que se adjudica a un tal De Pierre-Michel Wals y fue publicada por P.O.L en 1983. La obra, naturalmente pergeñada por Modiano, pone en escena a cinco amigos que montaron en su juventud el grupo musical los Peter Pans. Muñequita Rubia fue su gran éxito y será el fondo musical de la obra en la que se cruzarán los componentes del grupo que siguen vivos, y los muertos.

Los diálogos burbujeantes, las descripciones caprichosas y las situaciones rocambolescas nos recuerdan al teatro del absurdo y nos introducen en un territorio de sueños y exquisitas imágenes de Le-Tan. Pese al chisporroteo y la delicia de la estratagema de presentar el programa de mano de la obra ajena, Modiano da voz a personajes que reflexionan, entre bromas y veras, sobre la decadencia, la perdida de ilusiones, la belleza perdida o el deterioro del amor.