Piedad Bonnett.

Piedad Bonnett. Juan Cristóbal Cobo

Letras

Piedad Bonnet, Premio de Poesía Federico García Lorca

La escritora colombiana se alza con uno de los galardones más prestigiosos de la poesía en español.

Más información: Piedad Bonnett. El deseo que corre con su furor de sangre

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La poeta colombiana Piedad Bonnett (Amalfi, Antioquia, 1951) ha sido reconocida con el Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca, uno de los más prestigiosos de nuestro idioma, en su 23.ª edición. Instaurado por el Ayuntamiento de Granada en 2004, reconoce la trayectoria poética de un autor vivo. Además del premio en metálico, dotado con 20.000 euros, los autores galardonados reciben una réplica de la escultura Luna, obra de Miguel Moreno.

La escritora, una de las más influyentes de la poesía en español, suma este nuevo galardón a sus anteriores reconocimientos, entre los que figuran el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2024), el Premio Nacional de Poesía de Colombia (1994, por El hilo de los días), el XI Premio Casa de América de poesía americana (2011, por Explicaciones no pedidas), el Premio de Poesía José Lezama Lima (2014, por el mismo libro) y el Premio de Poesía Generación del 27 (2016, por Los habitados).

El suicidio de su hijo ha marcado la obra de Bonnett, pero la tragedia nunca se verbalizó con tanto contorno como en Los habitados. El diálogo con su hijo nos conmueve, pero nunca desde la afectación. Sus versos son desgarradores, si bien prevalece el tono intimista y reflexivo que imprime a su poesía de vocación enunciativa.

A finales de 2021, Visor publicó Lo terrible es el borde, una antología de sus poemas a cargo de la profesora Malola Romero Carbonell. En el prólogo, la antóloga sitúa a la poeta colombiana cerca de los universos de Baudelaire, César Vallejo o José Asunción Silva. El retrato de los individuos sometidos por un entorno hostil, la visión trágica de la existencia y el "desamparo metafísico" aúnan a estos creadores, según destacó Francisco Javier Irazoki en su reseña del libro en El Cultural.

Su obra literaria indaga en "el dolor, la insatisfacción y el escepticismo", según explicó ella misma en esta revista, pero la ausencia, tal vez el corazón de su poesía, refulge con la luz de su escritura. Más allá de los citados, encontramos en su producción poética los libros De círculo y ceniza (Ediciones Uniandes, 1989); Nadie en casa (Fundación Simón y Lola Gubereck, 1994); El hilo de los días (Colcultura, 1995); Ese animal triste (Editorial Norma, 1996), Todos los amantes son guerreros (1998); Las tretas del débil (Punto de lectura, 2004); Las herencias (Visor, 2008); y Explicaciones no pedidas (Visor, 2011) y Los hombres de mi vida.

Además de poeta, Bonnett es novelista, dramaturga y crítica literaria. Ha publicado las novelas Después de todo (2001), Para otros es el cielo (2004), Siempre fue invierno (2007), El prestigio de la belleza (2010), Lo que no tiene nombre (2013), Donde nadie me espere (2018) y Qué hacer con estos pedazos (2022), todas ellas publicadas por Alfaguara. También publicó un libro testimonio sobre la muerte de su hijo a los 28 años, Lo que no tiene nombre (2013), y una suerte de memorias, La mujer incierta (2024).

En este último libro, la conciencia feminista confluye con el relato autobiográfico. La escritora colombiana insiste en la exploración de su propia identidad. "La que me ha pedido aparecer en estas páginas es sobre todo la mujer incierta, una que sigue existiendo dentro de mí, debajo de todas mis capas", leemos en un pasaje. También ha escrito obras de teatro como Gato miedo liebre, Que muerde el aire afuera, Sanseacabó, Se arrienda pieza y Algún día nos iremos.

En una conversación con Fernando Aramburu publicada en El Cultural en 2019, la autora trataba de explicar la dimensión de su voz poética: "Busco la fuerza expresiva como una forma de conjurar mis fragilidades y mis miedos. La literatura es un territorio donde uno puede reconstruirse, ir hasta el fondo, desentrañar".

A propósito, en un artículo con motivo de los 25 años de El Cultural, en 2023, Bonnett relataba las transformaciones de su poética, siempre influida por sus escritores favoritos en cada época, desde Sylvia Plath a Juan Gelman o Idea Vilariño. También reconocía cómo cambió su estilo un hecho que partió su vida en dos: "Desde el suicidio de mi hijo, los versos salían de mí secos, duros, con un escepticismo que a veces deviene en ironía".

También se definía así como poeta: "Me identifico con aquella poesía para la cual lo íntimo es importante, que posee un decir al sesgo, y un desdén hacia experimentaciones intrascendentes. Y me siento un poco ajena a la que se apoya en recursos visuales o elementos propios de la realidad virtual. Pero todo está por verse. Con mi llegada a los 70 la vida me llama de nuevo a un cambio, y en ello estoy".

El Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca ha reconocido, a lo largo de sus veintitrés ediciones, a autores de la talla de Jaime (Siles), Coral Bracho (2024), Raúl Zurita (2022), Julia Uceda (2019), Rafael Guillén (2014) o María Victoria Atencia (2010), entre otros.