Menéndez Pidal y el Códice 60, que contiene las Glosas Emilianenses

Menéndez Pidal y el Códice 60, que contiene las Glosas Emilianenses .

Letras

Ramón Menéndez Pidal, 100 años en busca de los orígenes de nuestra lengua

En 1926, el célebre filólogo publicó 'Orígenes del español', obra clave en el esclarecimiento del valor de las Glosas Emilianenses como hito seminal de nuestra lengua.

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"¿Qué diría uno de esos sabios extranjeros que nos honran estudiando profundamente las letras españolas, si viniera a Madrid, y, en el Ateneo, nada menos, y en clase de Estudios superiores, oyera las vulgaridades de ese muchacho que es un político pidalino, que en los ratos de ocio se dedica a Menéndez y Pelayo, ...instantáneo?". De esta manera tan poco amable se refería Clarín, en uno de sus célebres Paliques, publicado en el Heraldo de Madrid en 1897, a la aproximación de un joven Ramón Menéndez Pidal (La Coruña, 1869-Madrid, 1968) a la historia del español.

"Un don no sé cuántos M. Pidal, que está explicando nada menos que los orígenes de la lengua castellana", señalaba con manifiesto desdén sobre quien, años más tarde, en 1926, publicaría Orígenes del español, obra seminal de la historia de nuestro idioma.

No era el único con una mala opinión acerca de los trabajos del filólogo e historiador. De hecho, en la conversación que mantiene con El Cultural, el miembro de la Real Academia Española y director del Nuevo Diccionario Histórico de la Lengua Española José Antonio Pascual subraya la férrea oposición a la que se enfrentó el histórico director de la RAE a la hora de instaurar una nueva metodología en el estudio de la lengua castellana.

"En España, llevábamos años de retraso en el estudio de la historia de la lengua patria en comparación con los alemanes o los franceses. Estaba asumido que ese tipo de conocimiento era como un río que nacía en el norte de Europa y desembocaba en el sur. Menéndez Pidal fue el impulsor de un gran cambio en este sentido. Consiguió que no tuvieran que venir de fuera a explicarnos nuestro propio idioma", explica.

La apuesta de Menéndez Pidal, según nos detalla Pascual, era eminentemente científica y, como todo método científico, requería sumergirse en un mar de bibliografía. "Eso iba en contra de otra de las grandes voces de esos años, la de Ortega y Gasset, que afirmaba cosas como 'Es preciso ante todo, para la exigencia de la disciplina intelectual, negarse a reconocer el título científico a un hombre que simplemente es laborioso y se afana en los archivos sobre los códices. El filólogo, solícito como la abeja, suele ser como el actor: no sabe a qué va todo su ajetreo, solo públicamente acumula citas que no sirven para nada apreciable porque no responden a la clara conciencia de los problemas históricos'".

Sin embargo, pese a la dura oposición de los grandes popes de las letras españolas que, según Pascual, "estaban educados desde un punto de partida en el que no se considera que se pueda hacer una lingüística científica", Menéndez Pidal se mantuvo firme en su forma 'moderna' de entender la filología histórica. Con esa convicción, fundó en 1910 el Centro de Estudios Históricos, una institución que formaba parte de un esfuerzo desde el gobierno central para modernizar los estudios científicos en varios ámbitos, entre ellos, el filológico.

Así, dentro de este organismo, el insigne lingüista constituyó un equipo con el que abordaba el estudio de la lengua desde todos los frentes: "Uno de los grandes avances fue que por primera vez nos encontramos con un grupo de especialistas aunando esfuerzos desde diferentes ámbitos: la fonética, la gramática, la morfología... Menéndez Pidal entiende que la ciencia debe ser esencialmente colaborativa y se rodea de un equipo que puede sumar desde diferentes campos para un objetivo común".

El resultado último de esta conjunción de saberes y disciplinas fue la publicación de Orígenes del español, un libro que reconstruye la evolución de las lenguas vernáculas ibéricas al castellano y da cuenta de "los diferentes dialectos antiguos que coexistieron en España hasta que se consolidó el castellano".

"Para mí –concluye Pascual– es la obra de lingüística histórica más importante del siglo XX en cualquier país. Más que cualquier obra francesa o alemana. Pero es fundamental, sobre todo, porque es el pistoletazo de salida para la forma adecuada de entender la historia de la lengua española. Él partía desde cero, y nos legó el método con el que todos trabajamos".

"'Orígenes del español' es la obra de lingüística histórica más importante del siglo XX". José Antonio Pascual

El punto de partida de Orígenes del español son las llamadas Glosas Emilianenses, contenidas en el Códice 60, una serie de 146 notas aclaratorias que escribieron los monjes del monasterio de Suso, en San Millán de la Cogolla (La Rioja). Lo hicieron indistintamente en latín, en una forma primitiva de euskera y en una variante de iberorromance emparentada con el castellano, y hoy son el vestigio más antiguo de una lengua romance ibérica.

Del descubrimiento de su verdadero valor nos habla Claudio García Turza, director del Instituto Orígenes del Español del Centro Internacional de Investigación de la Lengua Española (Cilengua), situado en el mismo San Millán: "Fue Manuel Gómez-Moreno, uno de los miembros del Centro de Estudios Históricos, quien, en 1911, se percata, en la biblioteca de la Academia de la Historia, de unos textos en los márgenes o interlineados que hasta ese momento nunca habían llamado la atención de los investigadores, más interesados en el texto principal en latín. Es decir, llevamos aproximadamente un siglo de estudio de estas glosas, todavía seguimos aprendiendo de ellas".

Argumenta García Turza que el gran mérito de Menéndez Pidal radica en señalar el camino a seguir. "A partir de ahí, nosotros [los filólogos herederos de su legado] debemos avanzar en el conocimiento aportando un enfoque más amplio, estudiando nuevas perspectivas".

Para el también catedrático de Historia de la Lengua Española en la Universidad de La Rioja, es fundamental conocer el contexto en el que estos textos marginales fueron concebidos, aplicando saberes "como la filosofía, la teología o la historia de la Iglesia".

Sin embargo, Turza se lamenta de que, para este largo trabajo de investigación que aún queda por delante con las glosas, se les presenta un escollo inesperado: algunas de ellas quedaron ilegibles por los reactivos utilizados por sus primeros manipuladores en 1911. Para solventarlo, están recurriendo a técnicas digitales. La tecnología más puntera al servicio del conocimiento de un legado fascinante.