Jorge Semprún. Foto: Iván Giménez

Jorge Semprún. Foto: Iván Giménez

Letras

Jorge Semprún, el Proust del compromiso y la revolución: de prisionero de los nazis a ministro de Cultura

Se cumplen cien años del nacimiento del intelectual europeo, que fue hijo de una ilustre familia, combatiente de la Resistencia francesa, dirigente en la clandestinidad del PCE y hasta guionista de célebres películas.

10 diciembre, 2023 02:08

Jorge Semprún nunca olvidó la llegada de la Segunda República, que celebró junto a su madre. Susana Maura era una mujer moderna, que daba clases a sus hijos en casa, con la ayuda de frauleins para que aprendieran alemán y pasaran horas al aire libre imbuidos en el espíritu krausista. Jorge la recordaría colgando la bandera tricolor en el balcón de su casa, y haciendo sonar el himno de la República en el tocadiscos. Esta madre adorada, que le dijo que de mayor sería “¡Escritor o presidente de la República!”, falleció trágicamente en 1932, cuando el pequeño Jorge tenía nueve años.

En 1936 estalla la guerra civil, y el padre de Jorge Semprún, José María Semprún y Gurrea, que tuvo cargos importantes con la República, huye a Francia con sus siete hijos y su nueva mujer, la ultima fraulein de los niños. Así comienza el exilio de la familia Semprún, una odisea caótica e itinerante: Francia, Suiza, La Haya, y París. Jorge tenía trece años.

Las semillas de la Resistencia fueron sembradas en la imaginación de Semprún en el Liceo Henri IV en París, un colegio con inclinaciones izquierdistas, decididamente antinazi, aunque no comunista. A los 19 años, jugándose todo, se unió al grupo Jean-Marie Action, que formaba parte de la organización resistente Main d’Oeuvre Immigré (MOI), que a su vez dependía de los servicios británicos. Tuvo su primer nombre clandestino, “Gérard”, y se adiestró en las actividades de la resistencia: organizar sabotajes de vías de tren, recoger las armas que se enviaban en paracaídas.

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A los pocos meses, él y otros que estaban escondidos en una casa fueron delatados, y después de ser detenido en Auxerre, fue encarcelado y deportado a Buchenwald. Hay que destacar lo joven que era. A muchos se les ha quedado la imagen de un Semprún mayor, o de un prisionero de campo nazi curtido y con gran experiencia política. Era poco más que un chaval. Gracias a su alemán perfecto pudo conseguir trabajo en la oficina del campo de la Arbeitsstatistik, una situación más segura dentro de todas las terribles posibilidades.

Como superviviente, testigo y escritor, Semprún tiene un importante papel en la historiografía de los campos alemanes. El viaje en tren a Buchenwald fue el tema de su primera novela autobiográfica, El largo viaje (1964), que ganó el Premio Formentor. En el canon relativamente pequeño de la literatura de los campos y el Holocausto publicada antes de 1962, su relato resulta innovador porque toda la narración se centra en el ritmo del viaje en tren, brutal y aparentemente interminable, al campo y no en el transcurrir de la vida una vez allí.

Los prisioneros –muchos de los cuales llegaron al final del viaje moribundos o muertos– fueron hacinados en vagones de ganado. Del papel de la literatura en su vida decía: “Desde El largo viaje he utilizado siempre la ficción, a veces a modo de atajo, a veces para dotar a las cosas de un punto mayor de intensidad, y otras veces porque simplemente no había otra opción.” Semprún también escribió sobre la experiencia concentracionaria en Aquel domingo (1999), escrita en francés.

En Buchenwald o en París, España está siempre presente. El narrador de Viviré con su nombre, morirá con el mío (2001) habla de la solidaridad de los prisioneros españoles del campo que se reunían no solo para charlar y para recitar poesía, sino también para cantar. Tras la liberación del campo en abril de 1945 vuelve con los demás prisioneros a París, aunque por ser apátrida no le dan ni el cartón de cigarrillos ni las gracias que reciben los otros resistentes.

Madrid, 1990. Jorge Edwards, ganador del Premio Comillas, charla con Jorge Semprún  y con Mario Vargas Llosa, jurados del premio. Foto: Tusquets

Madrid, 1990. Jorge Edwards, ganador del Premio Comillas, charla con Jorge Semprún y con Mario Vargas Llosa, jurados del premio. Foto: Tusquets

Después de su experiencia en Buchenwald, solo sueña con volver a una España republicana. Como me dijo Juan Goytisolo del ADN de Semprún, “había un gen político, por decirlo de alguna manera”. El único camino que veía para implicarse en la lucha era el Partido Comunista Español. Dentro del PCE (1952-1962), su valor y su nivel cultural le llevaron a convertirse en el mítico Federico Sánchez, el agente clandestino “más buscado de España”. Nunca fue detenido, pero sí expulsado del PCE.

Los años 60 trajeron grandes cambios a su vida. En esa década se convirtió en un galardonado escritor y en un intelectual público de fama internacional. El hombre que había vivido oculto como Federico Sánchez (entre otros alias) en la penumbra del Partido Comunista Español salió a la luz.

El largo viaje fue publicado en mayo de 1963. En su reseña para Libération, el poeta y editor Claude Roy aclama a Semprún como “el Proust revolucionario”. Jorge lo recordaría más tarde con gratitud: “Claude Roy descubrió Le grand voyage, fue gracias a él que me publicaron, que existo como escritor”.

En 1966 Florence Malraux hizo llegar al cineasta Alain Resnais un ejemplar de El largo viaje. Resnais quedó fascinado por Jorge. Además de compartir su interés artístico e histórico por la representación de los campos, ambos se sentían atraídos por las narrativas experimentales y la memoria. Resnais pidió a Jorge que escribiera un guion sobre su trabajo clandestino en España, y el resultado fue La guerra ha terminado. Yves Montand hizo el papel de Diego, el alter ego de Jorge en la película. La guerra ha terminado fue candidata al Oscar al mejor guion original en 1968.

Jorge Semprún con Beatriz de Moura, fundadora de Tusquets, durante una fiesta de aniversario de la editorial. Foto: Tusquets

Jorge Semprún con Beatriz de Moura, fundadora de Tusquets, durante una fiesta de aniversario de la editorial. Foto: Tusquets

A continuación, escribió el guion de Z, con el director Constantin Costa-Gavras, que también fue nominado para el Oscar al mejor guion en 1970. En 1972 Semprún se estrenó como director con el documental Las dos memorias. Es un retrato fascinante de distintos españoles (entre ellos Juan Goytisolo, Fernando Claudín, Carmen Claudín, Dionisio Ridruejo y Santiago Carrillo) y sus visiones políticas sobre la República o la Guerra Civil española.

Su militancia en el PCE y su expulsión serán grandes temas en la Autobiografía de Federico Sánchez (1977), donde relata sus años de clandestinidad y su expulsión del partido. La narración está alimentada por un staccato de ira intensa que brota de casi todas las páginas.

En 1988, se lanzó a una nueva aventura: Felipe González le invitó a ser Ministro de Cultura, cargo que aceptó y ocupó hasta 1991. Si soñaba con un retorno definitivo, no pudo ser. Poco después de dejar su cargo ministerial, Semprún volvió a París y escribió sobre sus experiencias como ministro, con humor, y algo de mal genio, en Federico Sánchez se despide de ustedes (1993).

En 1994 escribió un libro de memorias que fue su mayor éxito, La escritura o la vida. En la categoría de “memorias de campos nazis”, destaca como uno de los libros más asequibles, menos desagradables.

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Jorge Semprún no abandonó su compromiso con la política ni con la literatura nunca. Regresó a Buchenwald en 1992, en 1995 y, por última vez, en 2010. En 2003 hizo un regreso literario en España con su primera novela escrita en español, Veinte años y un día.

Cuando murió en Francia en 2011 fue enterrado, como había pedido, envuelto en la bandera republicana. Español y parisino, y un europeísta entregado, decía que su hogar era allí donde hubiese un río, un café y una buena librería. Un hogar idóneo, sin duda, siempre que haya paz y libertad.

Cumplió el sueño de ser escritor. No pudo ser Presidente de la República, pero fue Ministro de Cultura, y no era antimonárquico. Fue el único ministro de Felipe González que pidió audiencia para despedirse del Rey.

Unas palabras de F. Scott Fitzgerald me vienen a la memoria mientras recuerdo a Jorge Semprún desde nuestro momento actual: la inteligencia se puede definir como la capacidad de mantener simultáneamente dos ideas contradictorias, como por ejemplo, poder reconocer que no hay esperanza, a la vez que nos comprometemos a cambiar las cosas.

Soledad Maura es prima de Jorge Semprún y autora de Ida y vuelta. La vida de Jorge Semprún (Debate, 2016), que ahora recupera la misma editorial.