Benjamín Labatut. Foto: Juana Gómez

Benjamín Labatut. Foto: Juana Gómez

Letras

'MANIAC', la novela total de Benjamín Labatut sobre el otro Oppenheimer

El escritor encara lo científico desde lo humanista en su nueva obra, un despliegue de mentes brillantes que constituye un retrato del siglo XX.

20 noviembre, 2023 00:44

Tras el estreno de La ventana indiscreta, François Truffaut la elogió como una obra maestra. Un crítico norteamericano se lo reprochó: “Usted desconoce Nueva York, por eso no entiende que Hitchcock retrata una ciudad falsa”. Me encanta la réplica de Truffaut: “La película no trata sobre la ciudad, sino sobre el cine. Y yo conozco el cine”.

MANIAC

Benjamin Labatut

Anagrama, 2023. 400 páginas. 21,90 €

He recordado la anécdota al topar con un comentario negativo acerca de Benjamín Labatut (Rotterdam, 1980) en redes sociales. Qué curioso: cuando publicó Un verdor terrible en 2020, una ola de entusiasmo declaró a Labatut santo súbito literario, sin apenas voces discordantes. Al margen de las típicas hipérboles oportunistas que se cuelan en todo encumbramiento instantáneo, el suyo fue un éxito merecido, dadas la elegancia e inteligencia que vertebran aquel cruce de referencias científicas, históricas y filosóficas conformando la trama.

Después, los lectores más escépticos han ido revelando poco a poco sus argumentos, a veces sugestivos. Por desgracia, el comentario mencionado no me lo pareció. Su autor recriminaba a Labatut que solo haga “ciencia para dummies”, divulgación fácil. ¿Será eso cierto? Ni idea: yo de Física no sé. Pero de novela sí, y Labatut escribe exacta, genuinamente, novelas. Por eso, cada material utilizado en Un verdor terrible y MANIAC (teorías, fórmulas, biografías, historia, ideas…) se pliega a una estructura narrativa y es interrogado desde lo narrativo. No al revés.

De hecho, semejante confusión debería quedar descartada desde el primer párrafo de MANIAC, 100% novelístico, uno de esos arranques modélicos capaces de insinuar cuanto está por venir. Suenan dos disparos en un instituto para alumnos discapacitados, y así arranca este intrincado puzle cuyas piezas, al ensamblarse, conforman un retrato del núcleo duro del siglo XX, enfocado desde perspectivas ya conocidas por el lector, pero recombinadas con mucha lucidez. La figura central es Von Neumann, matemático genial, inteligencia superhumana, contribuyente esencial al diseño de la bomba atómica y la lógica apocalíptica de la guerra fría.

Un tipo oscurito, si quieren saberlo. Protagonizó una biografía prototípica de su tiempo, de Europa a Estados Unidos huyendo de los nazis hasta integrarse en las zonas más siniestras del poder del país que lo acogió. A su alrededor resuenan las numerosas voces de amigos, colegas o amantes, un despliegue de mentes brillantes enhebradas en personalidades complejas a las que Labatut logra dotar casi siempre de profundidad. Hasta que, de pronto, el tercio final de MANIAC da un giro en principio desconcertante, trasladándonos al siglo XXI a través de la partida de Go (juego de mesa de origen chino) que en 2016 enfrentó al campeón Lee Sedol con una inteligencia artificial.

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Es un salto muy propio de Labatut, y también arriesgado: por un lado, el relato de aquella partida, tan lenta y de códigos ajenos para el lector en lengua castellana, pudo caer fácilmente en el tedio; por otro, su vínculo con las páginas anteriores corría el peligro de resultar confuso o, mucho peor, entre pretencioso y obvio. Ambos desafíos quedan resueltos de maravilla, en gran medida gracias a un ritmo perfectamente dosificado. Además, a lo largo de ese tramo la sombra del siglo XX no se proyecta sobre el XXI en forma de lección ejemplar ni de certeza absoluta, sino como interrogante y amenaza. Las frases que cierran el libro desprenden una frialdad terrorífica a la que, sin embargo, cabe encarar.

La naturaleza especulativa de la escritura que practica Labatut tiende a dejar en segundo plano la eficacia de sus demás recursos, de su técnica. Por eso, no estaría de más detenerse a apreciar la solidez de los personajes, la precisión estructural con que alterna distintas voces narrativas, o la elegancia estilística. El tercer factor me interesa especialmente. Sin llegar a ser un estilista puro, Labatut despliega una prosa de resonancias europeas, tirando a clásica, muy ajustada a los períodos y escenarios que recrea. De Un verdor terrible a MANIAC, diría que esas características se han perfilado cada vez más.

La gran virtud de esta novela reside en convertir el paisaje psicológico y abstracto de la ciencia en materia narrativa que nos resuena a todos

Ahora bien, es cierto que la propuesta del autor gravita sobre una dimensión abstracta: ideas, síntesis históricas, hipótesis (post)humanistas. En su nueva novela, la tecnología representa el hilo conductor (y el horizonte límite) del mundo que habitamos, por su capacidad destructiva pero más aún por su acelerada conquista de autonomía plena frente a los hombres. Además de la llamada teoría de juegos, Labatut demuestra buen olfato al introducir dos grandes temas: la bomba atómica (que está recuperando su primacía cultural e icónica a gran velocidad) y la inteligencia artificial (el nuevo desafío que recién ha estallado ante los ojos de la opinión pública masiva).

Y aquí, permítanme una digresión: a estas alturas de 2023, convendremos en que el siglo XXI ya hace un buen rato que dura. Pese a ello, parece incapaz de desprenderse del XX, a cuyos dilemas acabamos regresando periódicamente en nuestros intentos por cartografiar el presente. El asunto es que MANIAC vertebra su hipótesis acerca de esa continuidad histórica con enorme convicción: el mundo actual como resultado de especulaciones humanas que alcanzan vida propia. El instante decisivo, aventura Labatut, tuvo lugar el 10 de marzo de 2016, cuando la máquina AlphaGo, en un movimiento inesperado durante su partida contra Lee, descubrió y conquistó el valor de la belleza y lo inesperado. Un nuevo futuro daba comienzo.

Antes de acabar, quisiera regresar a la cantinela que clasifica a Labatut como un autor prioritario, cuando no solamente, consagrado a temas científicos. Sospecho que se fermenta cierta confusión en ello. Por supuesto que la ciencia, en particular la matemática y la física con sus grandes mentes de la modernidad, es una materia fundamental para él. Sin embargo, el tratamiento que le otorga no es divulgativo, y tampoco afecta a las estrategias estéticas o narrativas aplicadas, que suelen ser más bien canónicas.

En realidad, MANIAC encara lo científico desde lo humanista o existencial, y reconstruye la psicología de sus personajes de un modo similar al de cualquier creador obsesivo y maniático: artistas o poetas afrontan también las tensiones entre lo racional y lo irracional que escinden a Von Neumann, por ejemplo. De ahí mi llamada de atención al inicio de la reseña: no olvidemos que MANIAC es una novela ni que su virtud reside, precisamente, en convertir el paisaje psicológico y abstracto de la ciencia en materia narrativa que nos resuena a todos.