Margarita Ferreras y Delhy Tejero

"No se puede entender el arte del siglo XX español sin Maruja Mallo, Delhy Tejero, Rosario de Velasco, María Blanchard, Remedios Varo, Ángeles Santos...". La lista es más larga pero Tània Balló se detiene ahí. "Si no conoces a estas figuras tu visión es parcial", continúa. La escritora y directora de cine y televisión acaba de publicar la continuación de su exitosa serie de Las sinsombrero con las que en 2016 obtuvo la cálida acogida de sus lectores reivindicando a pintoras, escritoras, filósofas y poetas que ya en los años 20 lucharon por la libertad en España. Una segunda parte, de la que también ha dirigido un documental, que lleva por subtítulo Ocultas e impecables, donde la directora recupera el legado de aquellas mujeres intelectuales y artistas de la Generación del 27 que no había tratado en la primera y que, además, permanecieron en España durante los años franquistas.



Con la puerta abierta a la posibilidad de un tercer volumen, que iría sobre el exilio con nombres como Norah Borges, Luisa Carnés, Carlota O'Neill o Magda Donato, explica ahora que cuando escribió el primer volumen no sabía si habría continuidad. "Cuando se me planteó un segundo libro -dice-, pensé que debía o necesitaba evolucionar en algún aspecto". No se trataba únicamente de escribir sobre otras mujeres, también tenía que ir más allá, reconstruir su intrahistoria. Fue ahí cuando decidió que fuera cronológico. "La Generación del 27 en su totalidad, tanto ellas como ellos, protagonizan todo el siglo XX español. Un siglo muy convulso, lleno de cambios políticos, sociales... Entonces me pareció muy interesante hacerlas evolucionar, contextualizarlas en su entorno, y en sus casuísticas personales como grupo", afirma.



Aquí estamos hablando de una disidencia oculta, privada y en femenino."

A Rosa Chacel, Ernestina de Champourcín, Margarita Gil Roësset, María Teresa León, Maruja Mallo, Concha Méndez, Ángeles Santos o María Zambrano, se suman ahora Carmen Conde, Margarita Ferreras, Delhy Tejero, Rosario de Velasco, Consuelo Berges, Lucía Sánchez Saornil y Elena Fortún. Todas ellas, mujeres que se le fueron cruzando a Tània Balló durante la investigación del primer libro.



Menos sencillo, no obstante, le resultó a la autora retrotraerse al periodo histórico en el que se enmarcaron sus vidas. "La propia opacidad de la dictadura ha supuesto también una barrera a la hora de entender qué supuso socialmente vivir durante aquellos años bajo una dictadura -sostiene-. El franquismo las ocultó y fue muy complicado saber qué pasó con ellas durante esos años. Ellas mismas no mencionan nada". Un sistema de censura que se extendió hasta sus propias cartas. "Eran los años del miedo y del silencio". Aquel, precisamente, fue el segundo obstáculo que encontró Balló. "Es cierto que mi investigación sobre esos años muchas veces se veía coartada porque encontraba la nada -añade-. Hasta que descubrí que la nada era el tema en cuestión. No sé si he podido resolverlo pero sí que tengo la sensación a veces de que precipito los finales de los capítulos en el momento en que se entra en el franquismo. Mi intención justamente es esa. Que se vea que esos años son como una especie de congelador. Esas mujeres se dedicaron a hacer casi siempre lo mismo porque no tenían mucha más salida, no podían avanzar, no podían explorar otros espacios de forma pública".



En ese sentido, quizás la más opaca sea la vida de Margarita Ferreras, cuyo rastro se pierde tras el estallido de la guerra. "En los años 20, que era un momento de libertad y de explosión, pero también una época en la que los hombres eran tremendamente machistas en su gran mayoría, de repente aparece una figura como es ella que publica una sola obra, una obra además de un talante erótico excepcional viniendo de una mujer", explica Balló que se encuentra con que a Ferreras, no obstante, le pesa más "esa idea tan misógina de la construcción de una femme fatal" que la cuestión de su propia producción creativa. "Me interesaba -reflexiona- averiguar cómo se podía descarnar desde el presente esa figura tan potente de una mujer sin límites, que es más moderna que las modernas, para poner valor en su obra".



Elena Fortún, Rosario de Velasco y Consuelo Berges

Pero no solo era ella, todas, señala, le han aportado algo a la propia Balló. De Lucía Sánchez Saornil, a la que conocía como poeta, le "perturbó su clandestinidad durante el franquismo. Una mujer que desaparece de esa forma... A Carmen Conde he aprendido a quererla, a respetarla, a pensar que no todo está escrito sobre ella, a pesar de ser la mujer sobre la que más se ha escrito de esa generación". De Elena Fortún "descubrí que detrás de Celia - esa Celia que yo veía cuando era pequeña- está ella, un personaje tan complejo y tan maravilloso". Y "obviamente Delhy Tejero" de la que señala Los cuadernines. "Es una obra de gran profundidad. No hay mejor testimonio, en primera persona y de esa generación, de la complejidad de un artista".



Pero si alguna de ellos le supuso un desafío mayor fue, probablemente, Rosario de Velasco. "Una mujer falangista, absolutamente distanciada de mi ideario, con el cual he tenido que combatir para ser justa en su memoria". Pero "cuidado", alerta, "obviamente no fue una antifranquista, aceptó el régimen porque creía en él y adaptó su vida por elección a ese nuevo paradigma. Ahora bien, afirmar que en su fuero íntimo no era disidente de aquel posicionamiento en el que la mujer había acabado estando en ese régimen, permíteme que lo dude". En este sentido, añade Tània Balló que cada una ellas, a su modo, optaron por la disidencia. "Aquí estamos hablando de una disidencia oculta, privada y en femenino. Las mujeres que trato en este libro tienen una disidencia en diversidad".



En su lado opuesto se sitúa, de hecho, Consuelo Berges. "Mano derecha de Clara Campoamor, fue una mujer que no tuvo una obra propia muy abundante y una rebelde con causa constante". Exiliada en París, donde permaneció cuatro años hasta ser detenida y devuelta a España "tenía el perfil perfecto para ser fusilada" pero contó con la defensa y la protección de amigos que "en ese momento eran afines al régimen". A partir de ese momento, explica la autora, "lo que sucede es que no la fusilan ni entra en la cárcel pero pasa a ser una persona invisible". Le prohíben volver a publicar y solo le queda sobrevivir. "Creo que tenemos que empezar a respetar la supervivencia porque es una manera de entender la lucha y la disidencia. Como sobrevive Consuelo con lo único que le permiten hacer que son sus traducciones. Entonces se pasa toda la vida traduciendo hasta el punto de que se convierte en la gran traductora de Stendhal y de los románticos franceses".



Su lado más reivindicativo

Se nos prepara para un futuro donde las mujeres están siempre en condición de ser reivindicadas. Lo que no quiero es tener nada fragmentado."


Escrito con la intención de empujar a los lectores a que salgan en búsqueda de todas estas historias, de entre sus páginas se desprende cierta reivindicación. "Estamos en un momento maravilloso donde todo parece ser posible y parece que estamos en esa lucha continua para que nuestras mujeres recuperen el espacio que les pertenece por derecho propio pero por desgracia no nos acompañan las dinámicas de las grandes instituciones", valora. No obstante, apunta la escritora, "creo que se tiene que normalizar. Soy una activista plena sobre la necesidad de la recuperación y el sostener la participación femenina pero creo que es un derecho que no tendríamos ni que pedir, ni que reivindicar".



Precisamente, una de sus Sinsombrero, Carmen Conde, fue la primera mujer en la historia en ser elegida académica de la Real Academia Española. Fue en 1978. Después de cuatrocientos cinco académicos y trescientos años de por medio. Desde entonces, cuenta en su libro Balló, han ingresado setenta y ocho académicos más, de los cuales solo diez son mujeres. "No es cuestión de cuotas, de modas o de momentos concretos, sino una cuestión estructural -incide-. No se trata de que nosotras tengamos que pedir permiso es que el permiso es nuestro. Entonces obviamente el libro empieza con esa crítica a algo que ya me parecía alucinante en su momento".



Sin embargo, no pierde Balló de vista que el objetivo es la normalidad. ¿Es necesario reivindicar a las mujeres?, se pregunta. "Por descontado, porque las mujeres no existen". Pero matiza que no solamente estas historias de mujeres son apasionantes "es que nos complementan. Yo te puedo contar la historia de las sinsombrero, hay muchas mujeres como Mercedes Gómez Blesa o Nuria Capdevila o Laura Freixas y hombres dedicados a descubrirlas, así que las historias están. Pero lo que debemos entender es que esas figuras no solamente son mujeres con historias vividas apasionadamente. Esas figuras forman parte de nuestra memoria, de nuestra historia social y colectiva, por lo cual tienen mucho que ver con la sociedad que somos hoy". El problema, añade es que "lo que pasa es que constantemente se nos está entregando esa historia, se nos está contando ese ayer, este presente, y se nos está preparando para un futuro donde las mujeres están siempre en condición de ser reivindicadas. Lo que no quiero es tener nada fragmentado. Quiero que se me cuente la verdad. Y a partir de ahí, de verdades, hay muchas", concluye.



@mailouti