Luisa Carnés. Foto: Archivo

Hoja de Lata. Gijón, 2016. 248 páginas, 18'90€

No pertenece el nombre de Luisa Carnés (Madrid, 1905, México D.F., 1964) a la lista de escritores actuales, aunque su obra sí debería incluirse hoy entre la de otros "ausentes", narradores del 27, que iniciaron sus andadura en los años 30, dieron lo mejor de su producción en la década de los 50, en su caso en el exilio mexicano, y con quienes se intenta reparar el injusto silencio que pesa sobre ellos. A propósito del tema, de la autora y de esta novela, Tea rooms. Mujeres obreras (editada por primera vez en 1954), se pronuncia el investigador Antonio Plaza en un interesante epílogo sobre el buen hacer de quien forjó su mirada en la realidad a la que pertenecía y volcó en sus libros (cuentos y novelas) su historia de mujer, y de otras mujeres trabajadoras en la República.



Cuenta en él los orígenes humildes de Luisa Carnés, el despertar a la literatura, su autodidactismo y su compromiso abierto con la escritura como herramienta útil para poner voz a la realidad social de su tiempo. Leer esta novela, y detenerse en las páginas finales, es asomarse a la España de los años treinta a través de una voz de mujer, matizada, sobria y certera, con intención de mostrar, desde su posición de observadora minuciosa de ambientes, actuaciones y personajes, cómo era el mundo entonces (y cómo se fue forjando el de hoy en día). Con este recurso, y una vida en continuo aprendizaje literario, esta novela, además de testimonial, por ser ficción documentada en la experiencia real de su autora, resulta ser una estupenda muestra de su literatura.



Tea room es un relato ambientado en el Madrid de los años 30, en un conocido establecimiento de hostelería de la Puerta del Sol donde consigue "una colocación miserable" la joven Matilde, junto a otros empleados, "sencillos, ignorantes y cordiales". Un narrador omnisciente pone acotaciones a la acción en ese local selecto en el que trabajan mujeres -"diez horas, cansancio, tres pesetas"- en unas condiciones laborales que van haciendo explícitas las charlas ocasionales entre los empleados (jornal insignificante, prohibiciones absurdas, despidos injustificados.)… La trama va hilvanando datos de sus respectivas vidas, preocupaciones que vertebran los intereses de ese momento (desigualdad de las mujeres, necesidad de emanciparse, aborto ilegal, prostitución, vida cotidiana,) y percepción de los acontecimientos políticos del país (expulsión de los jesuitas, enseñanza laica, confiscación de bienes a los religiosos).



Y al final, Tea Rooms resulta una novela de lectura grata y amena, necesaria para cualquier lector inquieto del mundo actual.