Lee aquí el comienzo de Corre, rocker, las crudas memorias donde Sabino Méndez desgrana las luces y sombras de la edad de oro del rock español

España, años ochenta. Surgen como setas grupos de rock con ganas de comerse el mundo. Hay barra libre de caballo y otras sustancias. Muchos rockers veinteañeros se pasean por el lado salvaje al que cantó Lou Reed y coquetean con aquello del vivir rápido, morir joven y dejar un bonito cadáver. Chicos muy jóvenes forman grupos y empiezan a tocar en locales que aparecen por toda la geografía española. A principios de los 80 Madrid comienza a tener fama de ciudad permisiva y dandi. Se abren locales como Rockola, en los que actúan desde cantautores como Sabina o Aute hasta figuras del rock duro como Muro o Barricada. Por toda España se extienden los gestos de la movida madrileña.



Sabino Méndez era un adolescente despierto y cargado de fantasía. En Barcelona, lee mucho más de lo habitual y escucha tanto a Sisa o Silvio Rodríguez como a los Velvet Underground. Así hasta que en 1980 conoce, en una fiesta de rockers, a Loquillo. A partir de ahí nuestro autor forma parte como guitarrista y, más tarde, también como letrista, de Loquillo y los Intocables -posteriormente los Trogloditas- y crea algunas de las canciones que se convertirían en himnos hasta que en 1989 abandona una de las bandas de punk y rockabilly más características de la movida madrileña.



Sabino Méndez estuvo allí y sobrevivió para contarlo. Corre, rocker es la crónica de primera mano de una década convulsa y creativa, que el autor vivió entre Barcelona y Madrid. El libro habla de la gestación del grupo, de las giras accidentadas, de la relación con otras bandas como Alaska y los Pegamoides, Radio Futura, Gabinete Caligari, Siniestro Total, los Burros de Manolo García y Quimi Portet... Y también de la industria discográfica, los locales legendarios, los críticos que se movían alrededor de esa pujante escena musical, las actitudes punk y rockabilly y el mito y la verdad del "sexo, drogas y rock and roll".



Si Méndez llama la atención porque pasa a través de la sexualidad de puntillas, abruma con su encharcamiento en la drogadicción. Poco sexo y mucha droga es lo que nos ofrece una autobiografía por la que desfila una larga hilera de conocidos personajes de la música pop y sus alrededores contemplados, al modo de Rousseau en sus Confesiones y más tarde Proust, como si todos -buenos y canallas- formaran parte de la estructura de la vida. Aunque Méndez reconoce al malvado y al compañero leal, no condena ni salva a nadie. En todo caso él ha sabido escapar del abismo.



Fue una época de rebeldía, genialidades y excesos, una década canalla y prodigiosa durante la que el país se transformó y algunos se asomaron al abismo. Méndez la evoca sin mistificaciones ni edulcoramientos. Escrito en el año 2000, Corre, rocker merece sin duda ser recuperado: no solo es uno de los testimonios más lúcidos sobre ese periodo, sino también una crónica personal de una extraordinaria potencia literaria.

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