Detalle de portada de Soufflé, de Cristian Robles.

Hacen cómics. Y más cosas. Ilustran libros, diseñan carteles, ruedan cortos, customizan cazadoras. Beben de muchas fuentes, se han empachado de referencias de todo tipo. De Robert Crumb a las Tortugas Ninja. Han pulido su talento entre los fanzines y los webcómics y son fichados por pequeñas y grandes editoriales. Se enfrentan solos y absolutamente libres a la página en blanco y vomitan en ella su universo. Son los nuevos exponentes españoles del cómic de autor y han venido para contarnos lo extraño que es el mundo.



Dos títulos de reciente publicación son buenos ejemplos de esta visión enajenada de la realidad. Sus personajes son jóvenes normales de hoy -alienados, apáticos- envueltos en un mundo surrealista. Es el caso de Soufflé, de Cristian Robles (editado por La Cúpula) y de Inercia, de Antonio Hitos (VII Premio Internacional de Novela Gráfica Fnac, editado por Salamandra Graphic). Soufflé es el nombre de una potente y peligrosa droga que provoca como efecto secundario la pérdida de extremidades y otras partes del cuerpo. La alucinación como pesadilla. En Inercia, los delirios del protagonista son fruto de su depresión. La alucinación como refugio.



Viñetas de Inercia, de Antonio Hitos. (Leer avance)

Robles (Barcelona, 1990) presentará Soufflé en Graf, la feria de cómic de autor y edición independiente que se celebra en Barcelona este fin de semana. Allí se juntará con otros compañeros que forman parte de "una generación con intereses, referencias, estética y herramientas narrativas similares, aunque aún minoritaria". La idea para Soufflé nació mientras subía a una montaña. "No sé si es por la distancia de la realidad cotidiana, o por la falta de oxígeno, pero en estos lugares me siento bastante creativo", explica el dibujante, que antes de Soufflé publicó otra historia surrealista, Ikea Dream Makers (DeHavilland ediciones), en la que el protagonista despierta atrapado en el conducto de ventilación de una de las tiendas de la multinacional sueca.



Viñetas de Soufflé, de Cristian Robles. (Leer avance)

Dice Hitos (Huelva, 1985) que en su cómic "no hay una intención explícita de innovar o transgredir, sino más bien de reconocer los recursos propios del medio con el que estoy trabajando y usarlos con eficiencia". Y aunque la narración transite a menudo por el surrealismo, es fundamental "que exista una coherencia interna muy sólida, y todo tenga un sentido claro y bien definido en el conjunto de la obra".



Jóvenes cuarentones

En la misma línea que los cómics anteriores se sitúa Lo que me está pasando, de Miguel Brieva, del que ya dimos cuenta en ElCultural.es. Brieva (Sevilla, 1974), por edad y por trayectoria, se va desprendiendo de la etiqueta "joven autor", que hoy se estira como un chicle, quizá porque la precariedad se ha convertido en algo crónico o quizá porque quienes ponen las etiquetas son cada vez más viejos.



"Quizá se deba a que no todos estamos dando el salto a la novela gráfica y seguimos publicando en fanzines, pululando por los pequeños universos de la autoedición", apunta Ana Galvañ (Murcia, 1975), una de las ilustradoras y comiqueras más destacadas del momento. "Hasta que no haces algo largo con una gran editorial parece que no se te etiqueta como autor adulto. Y ni falta que hace, el espíritu innovador y la heterodoxia artística se ajustan bien a los términos joven o emergente. Yo ya empiezo a bromear con eso, tendré ochenta años y me seguirán llamando joven autora".



Viñetas de Ana Galvañ.

Galvañ es un buen ejemplo de que las fronteras entre cómic, ilustración y diseño gráfico son hoy más permeables que antes. Además de publicar sus historias, ha trabajado con agencias de publicidad punteras, como Saatchi & Saatchi: "Hay una tendencia, no sé si generalizada, de retroalimentación entre disciplinas artísticas y de experimentación, que a mi parecer, enriquece los códigos y lenguajes narrativos y visuales del cómic. No es la primera vez que sucede, a finales de los ochenta y principios de los noventa hubo una ola parecida", explica la autora.



Galvañ también tiene querencia por lo raro. Ahora está trabajando en una historia algo más larga que lo que suele publicar, a modo de "thriller psicológico delirante e insano". "También estoy preparando algunas historias cortas que se desarrollan en mundos fantásticos análogos al nuestro, con personajes corales y situaciones singulares. Después de esto, no sé, me gustaría hacer algo de acción muy loco, o algo para público adolescente". Este tipo de atmósfera aparece en casi todo lo que hace, como en Trabajo de clase, en la que se conjuga la temática teen -el instituto, el primer amor- con lo monstruoso. Esta historia de 24 páginas apareció junto a Nuevos románticos, de Marc Torices (Barcelona, 1989) -otra historia y otro autor delirantes- en un cómic editado por Apa Apa, una de las editoriales pequeñas más sorprendentes del momento. En sus filas también militan Los Bravú, una pareja de artistas plásticos inclasificables -"si sirve de algo, en galego la palabra bravú se refiere al olor que despiden algunos animales salvajes", aclaran- formada por Dea Gómez (Salamanca 1989) y Diego Omil (Pontevedra 1988).



Viñeta de La furia, de Los Bravú.

"Pintamos tebeos y nos hace todo mucho de reír", reza la web de Los Bravú. Lo último que han sacado se llama La furia y cuenta la historia de "dos chonis y un tete" al estilo Gandía Shore. También han participado en la antología Terry, de Fulgencio Pimentel, editorial independiente que edita a otros autores de la misma hornada, como José Ja Ja Ja (Campo de Criptana, 1984) y Peter Jojaio (Albacete, 1988).



El feísmo y lo naíf

El dibujo de algunos de estos autores rompedores es deliberadamente feo, naíf o ambas cosas. "A mí no me interesa en absoluto el virtuosismo ni la corrección anatómica o de la perspectiva", confiesa Galvañ. "Hay gente que piensa eso de que primero hay que saber dibujar bien para después poder dibujar mal, pero yo no estoy de acuerdo tampoco con esto. Estoy a favor de que se dibuje mal desde el principio", bromea la autora. "En serio, las limitaciones son las que te hacen buscar otras formas de representar las cosas, llegar a soluciones gráficas distintas y desarrollar un estilo personal. Incluso narrativamente se puede jugar a ser menos ortodoxo y llevar al lector por nuevos caminos".



Para Hitos, en cambio, dibujar bien sigue siendo muy importante. Lo que ocurre es que, para muchos autores y para un público cada vez más amplio, dibujar bien "ya no significa que haya que respetar ningún conjunto de normas academicistas, sino que un buen dibujo puede ser muchas cosas, permitiendo que formas que tradicionalmente habrían orbitado en la periferia del medio hoy pasen a la primera línea". En cualquier caso, la diversidad estética en el cómic contemporáneo "no es un síntoma de que el dibujo haya pasado a un segundo plano, sino de que el abanico se ha abierto y el medio se está enriqueciendo con otras visiones", añade.



En la misma línea, Los Bravú opinan que "el cómic se ha zafado de muchos prejuicios, tanto dentro como fuera del medio. Ahora los límites con otras disciplinas están más difuminados, hay más vasos comunicantes con otras artes y estilos, lo cual sí es un signo de contemporaneidad".



También lo cotidiano

Naturalmente, no todos los autores optan por el impacto visual y narrativo. Clara Soriano (Cartagena, 1982), por ejemplo, se centra en narrar lo cotidiano, que también da para mucho. Esta dibujante dio el salto al papel con Colmado Sánchez (editado por ¡Caramba!), que le valió el año pasado el Premio Autor Revelación del Salón Internacional del Cómic de Barcelona. En esta historieta "conviven chonis, abuelos, hipsters, familias-como-Dios-manda y solitarios incautos, en una mezcla tan poco coherente como la vida misma". En la misma línea costumbrista se sitúan sus compañeras del webcómic Caniculadas: Carla Berrocal, Mamen Moreu, Bea Tormo, Natacha Bustos, Srta. M y Mireia Pérez. Algunas de ellas estarán también en Graf este fin de semana para debatir sobre la actual pujanza del cómic femenino.



Viñetas de Colmado Sánchez, de Clara Soriano.

Entre fanzines y webcómics

Como decía Galvañ, muchos nuevos autores se dan a conocer (y nunca lo abandonan) en el ámbito de la autoedición y los fanzines, que ha resurgido con fuerza en los últimos años, tanto en papel (Nimio, Maiame, Fanzinematones...) como en la web (Tik tok comics).



Soriano explica que el webcómic ha sido la plataforma que más le ha ayudado a darse a conocer: "Es un formato gratuito e inmediato, te ahorra la tarea engorrosa de maquetar e imprimir y no necesitas intermediarios". Este es el caldo de cultivo en el que ha crecido Alexis Nolla (Barcelona, 1987), que también publica en Apa-Apa. Sencillez -a lo Hergé, Schulz o Jason- y diversión son los elementos que definen el trabajo de Nolla, que acaba de publicar una historieta de superhéroes muy sui generis titulada Chico del antifaz. "Mostrar tu trabajo en internet es más inmediato y práctico que hacer un fanzine, aunque hacer un fanzine tiene más gracia y es más divertido. Para mí fue importante hacer un blog porque tuve la suerte de que mis cosas les interesaron a los editores de Apa Apa y me propusieron publicar mi primer tebeo", explica Nolla.



Viñetas de Chico del antifaz, de Alexis Nolla.

Galvañ opina que "hay una necesidad comunicativa y creativa que se ha instaurado cómodamente en el formato fanzine, ya que permite mucha libertad y poca inversión. El insuficiente apoyo económico y mediático a nivel oficial y las escasas posibilidades de profesionalización han conseguido, sin embargo, que haya una libertad creativa total y que existan propuestas de lo más delirantes y subversivas, sin ningún tipo de autocensura". Soriano cree que la ola del fanzine actual "resurge dentro de la moda Do It Yourself como algo más artístico, quizá no tan punk como en los 80 y 90". Muchas de estas propuestas pudieron verse hace unos días en Gutter Fest, feria de autoedición y "microedición" celebrada también en Barcelona.



Esta proliferación de fanzines y webcómics se suma a un panorama editorial fecundo, a pesar de la crisis. De hecho, algunos opinan que nunca ha estado mejor: "Cada vez hay más editoriales nuevas y distintas, con criterios muy personales. Unas apostando fuerte por los autores de aquí y otras editando y descubriéndonos autores de otros sitios", asegura Galvañ. Robles, por su parte, cree que aún hace falta apostar más por propuestas rompedoras y "rejuvenecer el mercado", aunque entiende que las editoriales convencionales no son propensas a asumir demasiados riesgos. Por su parte, como apunta Soriano, las pequeñas editoriales, que sí se lanzan a lo desconocido, han encontrado en la venta online "una forma de sacar adelante obras muy interesantes que de otro modo difícilmente llegarían a las librerías".