Günter Grass

Nunca separó vocación literaria y compromiso político. Polémico hasta el final, su obra trató de arrojar luz sobre la compleja Alemania de mediados del siglo XX en libros como El tambor de hojalata, El gato y el ratón y Años de perro.

Ser alemán en el siglo XX significó conocer el apogeo del poder totalitario y el agravio de una culpabilidad infinita. La patria de Goethe, Kant y Beethoven se convirtió en el brazo ejecutor de una distopía que sembró Europa de campos de exterminio. Jan Karski, héroe de la resistencia polaca, afirmó que la Shoah era el segundo pecado capital de la humanidad. Günter Grass nació en Danzig el 16 de octubre de 1927. Educado en la fe católica, estudió dibujo y escultura, pero finalmente escogió la literatura como forma de expresión artística. Se integró en el Grupo 47, un movimiento informal que reivindicaba la necesidad de escribir sobre el "aquí y ahora", renunciando al formalismo puramente estético. Se adscribieron a esa corriente figuras como Heinrich Böll, Ingeborg Bachmann y Martin Walser. Grass nunca separó vocación literaria y compromiso político. Socialdemócrata y estrecho colaborador de Willy Brandt, se opuso a la reunificación de Alemania, advirtiendo que se consumaba una insensatez de consecuencias históricas imprevisibles: "Ni Prusia, ni Baviera, ni siquiera Austria hubiesen podido, por sí solas, desarrollar y aplicar los métodos y la voluntad del genocidio organizado: tenía que ser la gran Alemania". En Escribir después de Auschwitz (1990), prolongó la reflexión de T. W. Adorno sobre la imposibilidad de escribir poesía tras una tragedia que cuestionaba el núcleo más profundo de la civilización occidental.



En 1999, Grass obtuvo el Premio Nobel de Literatura y en 2007 publicó sus memorias, Pelando la cebolla, confesando que a los 17 años había pertenecido a las Waffen SS, donde recibió instrucción para realizar funciones de auxiliar de artillería. Su intención era servir en submarinos, pero sólo permaneció unos meses en la 10ª División Panzer SS Frundsberg. Lamentó su pasado, reconociendo la seducción que ejerció el poder totalitario sobre los jóvenes de su generación, con su retórica belicista y su exaltación de lo comunitario. De inmediato, se desató una campaña de desprestigio, que le acusaba de hipocresía y oportunismo. El editor Klaus Wagenbach salió en su defensa, alegando que conocía el hecho desde 1963 y deplorando la inquina parricida de la sociedad alemana. Vargas Llosa afirmó que su demora en comunicar su verdadero papel en la Segunda Guerra Mundial se debió a una comprensible y humanísima vergüenza, pues -aunque no disparara un tiro- vestir el uniforme de las SS constituye un gesto de complicidad con un régimen particularmente inhumano. Según el Nobel peruano, el escritor no es un héroe ni un santo y Grass calló para que su pasado no se empleara en descreditar sus opiniones y su obra. A pesar del escándalo, Grass no se mordió la lengua y en 2012 publicó un poema titulado "Lo que hay que decir", donde sostenía que Israel representaba una amenaza para la paz mundial. Israel le declaró "persona non grata", atribuyéndole posturas antisemitas.



Hasta el final de sus días, Grass mantuvo su espíritu ferozmente crítico. Desde su punto de vista, la crisis económica que empezó en 2008 sólo es un golpe de estado encubierto contra la soberanía popular: "La creciente deriva hacia una sociedad de clases con una mayoría empobrecida y una grasienta minoría rica, la montaña de deudas cuya cima está cubierta por una nube de ceros, la incapacidad y manifiesta impotencia del parlamento electo frente al poder de los lobbies y al completo dominio de los bancos, nos urge a hacer algo inaudito: poner en cuestión el sistema en su conjunto".



Grass siempre será recordado por El tambor de hojalata (1959). Oskar Matzerath, con su mágico tambor, ya forma parte de la galería de personajes literarios con rango de arquetipos o símbolos. Oskar decide no crecer más por odio a sus progenitores. Aunque se opone inicialmente al nazismo, sucumbe finalmente a su seducción, pero sin perder su lucidez irónica, que introduce una nota de befa en una ideología apocalíptica. Gracias a la diminuta Roswitha, conocerá el sexo y el placer, integrándose en una compañía teatral de liliputienses. Su interminable y perversa infancia finalizará a los veintiocho años, cuando cambia de opinión y empieza a crecer, con el objetivo de hacerse rico y famoso. Oskar relata su peripecia desde un manicomio. Se ha interpretado de muchas maneras la novela. Escrita con un lenguaje barroco, agresivo y con imágenes impactantes, la resistencia de Oskar a convertirse en un adulto condensa la incongruencia de la sociedad alemana, hipnotizada por un fantoche con arrebatos místicos o telúricos y, al mismo tiempo, heredera de su profundo bagaje intelectual y artístico. Hitler no es el pecado de una nación traumatizada por el fiasco de la Gran Guerra, sino una regresión hacia lo onírico y prerracional. Sin embargo, el latido más profundo de la civilización se rebelará contra el neopaganismo de los nuevos bárbaros, aceptando la derrota como una necesaria expiación.



El tambor de hojalata forma parte de la trilogía de Danzig, que se completa con El gato y el ratón (1961) y Años de perro (1963). Años de perro siempre fue la novela preferida de Günter Grass, pues narra la amistad entre dos jóvenes que acabarán enfrentados por culpa del antisemitismo nazi, pues uno es judío y el otro militante de las SA. El rodaballo (1977) es una de sus novelas más populares. Dividida en nueve capítulos, parte de un cuento del escritor romántico Philipp Otto Runge, que relata la asombrosa historia de un rodaballo parlante capturado por un pescador de la Edad de Piedra. El rodaballo le suplica al pescador que le deje en libertad, prometiéndole que le ayudará a luchar contra el matriarcado imperante. El pez cumple su promesa y los hombres se convierten en los amos de la historia, inventando ídolos como Dios, el progreso o la revolución, que servirán de fundamento a las diferentes formas del totalitarismo. Cuando tres feministas pescan al rodaballo, se invierte la situación, pues las mujeres, impacientes por recuperar el poder perdido, repetirán los errores de los hombres. Grass inunda el texto con referencias culinarias, asegurando que la gastronomía es la conquista más refinada de la civilización humana. Un buen plato de rodaballo es el mejor antídoto contra los sueños totalitarios.



En 2002, Grass publica A paso de cangrejo, que narra las penalidades de los alemanes expulsados de Prusia Oriental, un drama tan poco conocido como los bombardeos aliados de Dresde, Hamburgo y Berlín, donde perdieron la vida miles de civiles inocentes. Los acontecimientos del pasado corren paralelos a los conflictos de un joven neonazi, que revive en su interior las contradicciones de un país escindido entre la nietzscheana voluntad de poder y la aguda introspección de Kafka, checo, judío e implacable crítico del huevo de la serpiente, incubado por las peores tendencias de la cultura centroeuropea.



La muerte de Günter Grass es la muerte de una paradoja, pues el escritor ocupa un espacio central en la historia de un continente que alumbró la Ilustración y el totalitarismo nazi. Nadie podía sospechar que las luces de la Razón contribuirían a gestar el infierno de Auschwitz, donde el ser humano ardió como materia fungible.