Ignacio Padilla

El mexicano Ignacio Padilla es un lector tardío de Cervantes y, por ende, "fanático, como todo converso". Su pasión por el autor de El Quijote le trajo hace quince años a España, concretamente a Salamanca, para estudiar en profundidad su obra.



Cervantes en los infiernos, su último ensayo, es la conjunción de dos obsesiones que le acompañan desde hace muchos años -y al ser humano desde siempre-: "Una de ellas es la metaliteratura, la escritura que habla de la lectura, y la otra son las encarnaciones del miedo que acompañan a la Humanidad a través de la narrativa religiosa, que en el caso de la cristiandad, el judaísmo y las raíces grecolatinas es el infierno".



Sin duda, en la historia de la literatura se han escrito muchas más palabras sobre el averno que sobre el paraíso, y generan una mayor conexión entre autor, personaje y lector. "Llama la atención el mero hecho de que de los tres cantos de la Divina Comedia de Dante [Infierno, Purgatorio y Paraíso], el primero sea infinitamente superior, más interesante e incluso más bello. Refleja el hecho preclaro de que lo terrible ha generado más belleza y una narrativa mucho más interesante que la encarnación, difícilmente concebible, de un lugar de premio, que sería el Edén", asegura el mexicano.



Partiendo de esta base, Padilla traza un mapa donde plasma la compleja orografía de los infiernos cervantinos, que son tres. En primer lugar, nos presenta el infierno iniciático, como lugar de purificación. Un proceso de perfeccionamiento al que Persiles, Don Quijote e incluso Sancho se ven sometidos, si bien no siempre con éxito, afirma el escritor. El segundo es la realidad mundana como infierno, "que es el infierno de la picaresca, el de La Celestina, y en buena medida el infierno de la misma vida como la experimentó Cervantes".



El tercer infierno cervantino es el canónico, "el más difícil de aceptar y menos sostenible teológica y psicológicamente". Un lugar de eterno castigo que "no se puede articular sino a través de la literatura, que hace de lo eterno algo presente y tangible", asegura el autor de La isla de las tribus perdidas.



Cervantes en los infiernos es el segundo volumen de una trilogía iniciada en 2005 con El diablo y Cervantes. Tras indagar en la relación de la literatura del alcalaíno con el espíritu del mal y el espacio para el mal, la próxima y última entrega será una especie de cajón de sastre donde el mexicano abordará cuestiones varias sobre la presencia de lo diabólico en el teatro, el lenguaje y el folclore español a través, una vez más, de la obra de Cervantes.



Esta inagotable y reverencial mirada de Padilla hacia los pilares históricos de la literatura en español entronca con sus convicciones literarias, que quedaron patentes en el manifiesto que publicó junto a sus compatriotas del grupo Crack en 1996. Fue aquello una ruptura con la ligereza y vulgarización de la literatura que, según ellos, caracterizaba a la corriente del post-boom latinoamericano. Padilla le quita hierro al asunto, pero se reafirma en sus opiniones: "Como todo manifiesto, fue una broma en serio y un juego que excedió en su impacto mediático lo que nosotros mismos pensábamos al emitirlo. Fue un grito de auxilio y una invitación -nunca una obligación- a los autores y los lectores en español a volver a tomarse la literatura en serio, a recuperar el respeto al lector inteligente y a reintegrarnos a la gran tradición del boom latinoamericano y de Borges, y desde luego de Cervantes. Por supuesto, todavía creo firmemente en lo que dijimos".