Pablo Heras-Casado. Foto: Javier del Real

El director granadino regresa al Teatro Real para dirigir la Quinta de Mahler este domingo 13. Un ‘entrenamiento' previo para afrontar en 2019 la integral sinfónica del compositor bohemio pactada con el CNDM. En julio, volverá al podio madrileño para clausurar la temporada junto a Plácido Domingo con I due Foscari.

Recién casado y recién nombrado primer director invitado del Teatro Real, Pablo Heras-Casado (Granada, 1977) tiene motivos de sobra para festejar las navidades. Las pasará en su mayor parte en España, ya de vuelta de Nueva York, donde ha estado dirigiendo Rigoletto en el Met. Le trae por aquí un nuevo compromiso con el coliseo capitalino, que organiza, al alimón con La Filarmónica, el bautizado como Concierto Mahler. Un programa en el que ensarta la Quinta sinfonía del compositor bohemio y sus Canciones para un compañero de viaje.



- Vuelve al Real por Navidad ¿Se siente ya en este teatro como en casa?

- Ya antes me sentía como en casa pero ahora hay sobre la mesa una declaración de intenciones trabajar juntos a largo plazo. Eso significa invertir mucho tiempo, crecer y cultivar la relación.



- Ha estado dirigiendo Rigoletto en el Met, la misma obra que tendrá en cartel estas Navidades el Real. Si falla Luisotti, estará al quite, ¿no?

- (Risas) Es la ópera que más he dirigido, cinco producciones diferentes y casi 40 funciones. La del Met estaba ambientada en Las Vegas del Rat Pack y algunos de los cantantes coiciden con los de Madrid. Si hay alguna incidencia en el foso, basta una llamadita por teléfono.



- ¿Cómo se coordina con Ivor Bolton [titular de la plaza madrileña]?

- Tenemos una relación muy amistosa. Él es granadino de adopción, lo cual ayuda. Pero los directores no solemos vernos mucho. Nos vamos dando el relevo en teatros y auditorios. En principio, su repertorio es diferente al mío, así que es fácil coordinarse. Aunque yo también dirijo barroco y clásico, mi línea de trabajo en el Real basculará más hacia los siglos XIX y XX.



- ¿Qué cualidades destacaría de la Sinfónica de Madrid?

- El equilibrio que mantiene en su doble de condición de orquesta sinfónica disciplinada, por un lado, y de orquesta de ópera muy flexible, por otro. Además es un grupo que asume muchos riesgos y no duda en salir de su zona de confort. Eso es un regalo para un director.



- ¿Cuántas producciones debe dirigir por temporada en virtud de su nueva condición?

- Nos comprometimos a hacer una serie de óperas con nombres y apellidos, una por curso. También vamos a intentar hacer conciertos especiales con la Sinfónica de Madrid, venir en gira con orquestas de fuera, realizar alguna grabación.



Esa nueva vinculación con el Real tiene un efecto deseado en las rutinas nómadas de Heras-Casado: "Es una suerte trabajar en proyectos estimulantes durante el día y luego, por la noche, poder salir a cenar o tomar algo con los amigos. Lo bueno es que el procedimiento ya no será únicamente dirigir durante unas semanas una producción lírica y, al acabar, salir corriendo a otra parte".



La permanencia en España la refuerza, y prolonga, los desafíos que debe afrontar con el Centro Nacional de Difusión Musical en los próximos años. En 2017, homenajeará a Monteverdi en el 450 aniversario de su nacimiento. Y para 2019 acometerá la integral sinfónica de Mahler. Heras-Casado toma el testigo en el Auditorio Nacional de Jesús López Cobos y Juanjo Mena, que hicieron lo propio con Beethoven y Chaikovski en dos precedentes memorables.



- En su integral se excluirán las piezas que contienen voz humana pero aun así es un reto descomunal. ¿No le tiemblan las piernas?

- Literal. Es como cuando corres un maratón por primera vez, no sabes si llegarás a la meta. Entreno corriendo cinco y diez miles. Es una locura de Antonio Moral; una locura muy bonita, eso sí.



- En ese proceso de tonificar el ‘músculo mahleriano' podría incluirse su concierto del Real. ¿Cómo se aproxima a su Quinta Sinfonía?

- Nunca tengo un plan preconcebido antes de dirigir una obra. Dirijo en función de las circunstancias puntuales de mi vida. También adaptándome a las características de la orquesta en cuestión. Pero siempre leyendo las partituras como textos sagrados. A partir de ahí, intento ser lo más perfecto y escrupuloso posible. La Quinta es primordial en la obra de Mahler. La compuso cuando conoció a Alma. Oscila de un canto fúnebre a una exaltación vital. Condensa su música y su realidad mejor que ninguna otra, por sus contrastes expresivos y su línea dramática.



En julio cerrará la temporada del Real con I due Foscari de Verdi. Dirigirá por primera vez ‘en directo' a Plácido Domingo. Es una cita a la que le tiene muchas ganas Heras-Casado. Sobre todo después del ‘desplante' que le hizo el ‘baritenor' en 2013. A Plácido de Domingo, aquejado por una embolia pulmonar, no le quedó más remedio que cancelar las funciones de Madrid. Su encuentro tendrá un aire celebratorio, de fin de fiesta. "Plácido es como un mensajero de Verdi en la tierra, no creo que haya nadie que lo haya cantado tanto, que sume tantas funciones verdianas y que conozca tan a fondo su estilo. Aun así mantiene una actitud fresca y curiosa al interpretarlo. No es monolítico o terminante, comparte contigo impresiones y escucha sugerencias. La relación personal es, además, muy afable, así que será una gozada".



- Le dirigió en el disco Verdi, donde rubricó su ‘tránsito baritonal'. ¿Cómo juzga esa mutación vocal tan debatida?

- Me parece lógica e inteligente. Puede cantar en el registro que le dé la gana porque sonará convincente. Cuando hablamos de tesituras parece que habláramos de vinos: que si tinto, que si blanco, que si rosado... Él es bueno y ya está. Su voz sigue fresca y potente. La ha sabido adaptar a las necesidades de cada tesitura y al carácter de los nuevos papeles, para darles la potencia dramática que requieren. Eso es muy difícil.



@albertoojeda77