Música

Plácido Domingo resucita a Cyrano en el Teatro Real

4 mayo, 2012 02:00

Plácido Domingo alzará el telón del Teatro Real el 10 de mayo caracterizado como el estrafalario y libertino escritor del Seiscientos francés. Acompañado por Sondra Radvanovsky y con la complicidad de Pedro Halffter en el foso, el tenor madrileño recupera el mito literario y la obra maestra de Franco Alfano. La soprano Ainhoa Arteta interpretará el papel protagonista femenino el día del estreno, por enfermedad de Radvanovsky. El Cultural recorre la historia de esta ópera olvidada.

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  • Hay óperas olvidadas que en determinados momentos resurgen, vuelven a la luz por el impulso de algún director artístico o de escena; y, con mayor frecuencia, por el deseo de algún cantante. Como casos recientes podemos señalar La fiamma de Respighi o Cleopatra de Massenet, resucitadas por iniciativa de Montserrat Caballé, o Sly de Wolf-Ferrari, que se empeñaron en recuperar tenores como José Carreras y Plácido Domingo. Es este último quien ha trabajado mucho para que en algunas de las carteleras actuales haya reaparecido Cyrano de Bergerac de Franco Alfano, ópera durante años marginada, de la misma forma que ya hicieran antes otros cantantes, como Ramón Vinay, Williams Johns, Roman Sadnik y Roberto Alagna. Domingo, que la ha cantado en Nueva York, París y Valencia, la ofrece a partir del jueves en el Teatro Real si no lo impiden las movilizaciones de sus trabajadores, a los que se les reclama un millón de euros de sus sueldos.

    La producción que presenta en Madrid proviene del Châtelet de París y viene firmada por Petrika Ionesco, que asume también la escenografía y la iluminación. La dirección musical corre a cargo de Pedro Halffter, frecuentemente afortunado en partituras fronterizas y de reconocible eclecticismo. No sabemos si se mantendrá en todos los casos la tonalidad original teniendo en cuenta las dificultades que, dada su edad, se le pueden plantear a Domingo, que hace una creación teatral de la figura del narizotas. "De Cyrano comprendo su tristeza y amo su nobleza", dice el tenor. "Es totalmente incorruptible, es un espíritu libre, independiente, revoltoso, capaz de ironizar con sor Marthe cuando está a punto de morir y lo sabe. A lo largo de toda su vida ha buscado el peligro y las situaciones límite: solo contra cien, la puerta de Nesle, desafiando al ejército español dos veces al día para enviar una carta a Roxane". A su lado, encabezando el extenso reparto, va a interpretar a la joven soñadora la lustrosa Sondra Radvanovsky, una muy competente Tosca en la pasada temporada.

    Poesía epidérmica


    Pero, ¿qué tiene la parte de tenor para que algunos de los divos de hoy se hayan aproximado a ella y que explica la nueva visita de Domingo al coliseo madrileño, donde curiosamente reina Mortier, el mismo que le pusiera la proa en Salzburgo hace años? Cyrano es un papel muy lucido para un lírico ancho o un lírico spinto por ser la espina dorsal de la narración a la que inunda de una gran poesía, a veces epidérmica pero resultona y en la que interviene desde el principio con galanura, con frases que prenden la atención, con ese Coquin! y otras páginas con las que el compositor da ocasión al cantante a exhibirse.

    La partitura de Alfano posee instantes líricos muy meritorios y hasta inspirados dentro de un lenguaje que ya estaba un tanto periclitado para su época, heredero de la tradición romántica italiana combinado con rasgos de un fluyente impresionismo y ciertos toques que nos aproximan a Richard Strauss o a Wagner. Había sin duda base para que la fácil vena creadora del compositor napolitano, empeñado en realizar una imposible síntesis de las distintas corrientes estéticas que cruzaban la Europa del primer cuarto del siglo pasado, tuviera salida porque el drama teatral de Edmond Rostand que le sirve de fundamento tenía bastante sustancia.

    La resurrección de Alfano


    En 1897 el literato marsellés había estrenado su obra en el Teatro de la Porte Saint-Martin de París. Es absolutamente seguro que Alfano, que se había trasladado a la capital del Sena en 1899, asistiera a alguna de las numerosas representaciones que se siguieron dando durante muchos meses y es posible que quedara impresionado por la colosal interpretación que del mosquetero realizaba el actor Benoît Constant Coquelin. Pero la llama que alumbraría el deseo de poner música al drama no se encendería hasta mucho tiempo más tarde, pues antes el compositor puso sus ojos en la novela Resurrección de Tolstói, que había conocido una adaptación teatral de Georges Bataille. Risurrezione es obra capital del compositor, superior en muchos puntos a la que hoy tratamos.

    Aparte de crear algunas interesantes piezas orquestales y de cámara, Alfano compuso más tarde dentro del género operístico obras de distinto calado como Il principe Zilah (1909), L'Ombra de Don Giovanni (1914), rehecha más tarde con el título de Don Juan de Mañara, La leggenda di Sakuntala (1921), Madonna Imperia (1927) o L'ultimo Lord (1930). Pero la idea de Cyrano no le abandonaba y, como cuenta muy bien el musicólogo Johannes Streicher, reverdeció cuando se dio cuenta de que lo que se necesitaba para promover e impulsar una ópera era contar con un intérprete de clase, defensor en primera instancia de la nueva propuesta; como lo era a la sazón la soprano Mary Garden, primera Mélisande de Debussy, ardiente partidaria del papel femenino principal de Risurrezione y causante de que la obra se hubiera recuperado en los grandes teatros. El compositor empezó a pensar en el gran tenor Giacomo Lauri Volpi como posible protagonista del nonato Cyrano, pero todo se demoró por problemas con los derechos de Rostand que, finalmente, decidió adquirir.

    Con la carta blanca en el bolsillo, se buscó la ayuda del libretista Henri Cain, viejo colaborador de Massenet, y se lanzó a componer afanosamente. La partitura estuvo terminada en julio de 1935 y se estrenó en la Ópera de Roma el 22 de mayo de 1936 bajo la dirección de Tullio Serafin y las voces protagónicas de José Luccioni y Maria Caniglia. El tenor estuvo presente también en el estreno parisino del 29 de mayo del mismo año, en el que la obra se cantó en el original francés y en el que Roxane era Lillie Grandval. En el foso de la Ópera Cómica se situó Albert Wolff.