De Penélope, que estrenó en el pasado Festival de Mérida, Magüi Mira salta a El abrazo, un montaje muy distinto en el que, con María Galiana, Juan Meseguer y Jean Cruz, aborda la historia de dos viejos amantes que se reencuentran por casualidad después de muchos años sin verse. A partir de este viernes 26, seguiremos en el Teatro Bellas Artes la peripecia existencial de Rosa y Juan, que, gracias a ese fortuito encuentro, recuerdan el viejo deseo de tener un hijo. El mismo día, como un presagio, aparece Erling para trastornar por un día sus corazones… ¿Sueño o realidad?

Mira se ha dejado llevar por la poética de la dramaturga sueca Christina Herrström, autora además de la novela Mil veces más fuerte, historia que fue llevada al cine por Peter Schildt en 2010. Se ha dicho que en El abrazo hay ecos de Strindberg por su atrevimiento a despegarse del mundo racional, por su manera de volar hacia el surrealismo y por su forma de abordar la doble moral, “endémica pandemia occidental”, según Mira, que ha intentado en todo momento “atrapar el ácido y original discurso, el humor sorprendente y la ternura combinada con crueldad” que le imprime en todo momento el insobornable compromiso de Herrström.

“Nos aislamos con vallas y alarmas. Estamos rodeados de muros para protegernos del ‘otro’. Solo abrazamos la seguridad". Magüi Mira

“Mi relación con los textos es muy particular –precisa la directora de La fuerza del cariño y Naufragios–. Algunos los descubro, me conmocionan y surge el deseo de contarlos encima de las tablas pero puede no aparecer la suma de factores que me permitan llevarlos a cabo y se quedan en mi recámara. En El abrazo apareció la magia”. Y fue aprovechando esta inercia cuando Jesús Cimarro decidió producir un proyecto que cuenta además con Jorge Muñoz (espacio sonoro), José Manuel Guerra (iluminación), Helena Sanchis (vestuario) y Daniel de Vicente (ayudante de dirección).

Según Mira, que prepara en estos momentos Adiós, dueño mío, de María Zayas, “es entonces cuando el cuento se llena de vida y aparece el espectáculo”. Esencial, sin adornos, arriesgada y buscando siempre la vertiente más plástica, la puesta en escena de El abrazo intenta potenciar la emoción que lleva implícita el texto. “También hemos intentado trasladar el brutal contraste que vivimos entre la zona de confort establecida en Occidente y la hambruna física y espiritual que carcome tantos lugares del mundo”. ¿El abrazo es peligroso? ¿Nos protege? ¿Qué significado tiene en unos momentos en el que la Covid-19 nos obliga al distanciamiento para esquivar el virus que trae de cabeza a todo el planeta? También, según Mira, está el otro gran virus ancestral, el riesgo a perder privilegios: “Nos aislamos con vallas y alarmas. Estamos rodeados de muros para protegernos del ‘otro’. Solo abrazamos la seguridad. De todo eso hablamos en la función”.

Magüi Mira, que está a punto de cumplir 77 años, vive al día. No ha perdido sus ganas de arriesgar en cualquiera de sus facetas escénicas (actriz, dramaturga, directora…) procurando protegerse de “las absurdeces que me abochornan y disfrutar del talento que siempre está ahí”. Quizá por eso no se muerde la lengua al criticar el comportamiento de los gobernantes con el teatro: “Como siempre, los últimos de la fila. No hay manera de que los que tienen el poder entiendan que somos patrimonio, que al final lo que produce la industria cultural nunca va a desaparecer por muchas catástrofes que nos caigan encima, porque su consumo es de primera necesidad”.

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