Los socios fundadores del Teatro Kamikaze, Aitor Tejada, Jordi Buxó, Israel Elejalde y Miguel del Arco, tenían reservada una sorpresa para esta mañana. Tocaba presentar la temporada que viene. Enseñar cartas de tanta envergadura como los montajes de Rigola (Un enemigo del pueblo), Fabre (The Generosity of Dorcas), Pascal Rambert (Hermanas), doblete de Jordi Casanovas (Jauría y Port Arthur)... Pero además han anunciado que se marcharán del Pavón cuando encuentren nueva casa. En realidad, tal anuncio no es tan sorprendente. Recientemente, Miguel del Arco explicaba a El Cultural que, a pesar de los taquillazos continuados de sus propuestas de teatro contemporáneo, la situación en sus balances era insostenible.



Por el volumen de producción de espectáculos (casi uno al mes) y por el precio del alquiler del espacio (unos 500.000 euros al año). Los 'kamikazes' siguen sumando pérdidas y le han dado muchas vueltas a fórmulas para absorber mecenazgos (micros y macros, y del tamaño que fuesen) y seguir así dándole oxígeno a su exitoso proyecto, que en tan poco tiempo de vida ha concitado el interés de un público fiel y entusiasta y ha sido reconocido con un galardón de tanto empaque como el Premio Nacional de Teatro. Otro dato llamativo a su favor es la aparición en el puesto 25 del escalafón de instituciones culturales más valoradas del país elaborado por la Fundación Contemporánea.



De momento, seguirán en el teatro de Lavapiés, que durante más de una década albergó a la Compañía Nacional de Teatro Clásico, mientras las complejas obras de restauración de La Comedia se llevaban a término. Pero su intención está clara: marcharse a la mayor brevedad posible. No quieren seguir vinculados por un contrato de arrendamiento a un "propietario sin ningún compromiso con las artes escénicas", ha señalado Aitor Tejada.



Además, lamentan el escaso apoyo económico de las administraciones públicas. Los 'kamikazes' tienen buena sintonía tanto con el ayuntamiento como con la Comunidad de Madrid. Pero del primero, hasta ahora, no habían recibido ningún respaldo monetario, aunque su directora general de Cultura, Getsemaní de San Marcos, ha anunciado que tienen preparada una subvención nominativa de 150.000 euros. Y de la segunda sólo habían ingresado 75.000 de los 150.000 euros que se habían aprobado.



También mantenían contactos con el Inaem. Del Arco nos confesaba que tenían esperanzas de que esta institución estatal también pudiera implicarse en su proyecto más allá de las palabras y las condecoraciones. Aunque la dilación en la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado imposibilitó que las ayudas cristalizaran. Aun así, su intención para el futuro es crear una fundación en la que las tres administraciones territoriales (local, autonómica y estatal) participen en su patronato. Sería un modelo similar al que rige a instituciones culturales como el Teatro Real o el Teatro de la Abadía.



"Este teatro no vale lo que pagamos por él", ha sentenciado Miguel del Arco, muy molesto por el trato recibido de parte del propietario, al que han sugerido en diversas ocasiones una revisión a la baja de la renta mensual. Jordi Buxó, por su parte, ha querido conjurar el tono victimista en este anuncio: "El titular no es que nos vamos por culpa de que las administraciones no nos apoyan o por culpa del casero que nos cobra mucho. Los únicos responsables somos nosotros. Hasta aquí hemos podido llegar".