Kike Maíllo. Foto: Julio Vergne

En su 19 edición, el cóctel de cine español que ha preparado el Festival de Málaga, que arranca este viernes (22), sella su compromiso con el presente y el pasado, con la ficción y el documental, con la industria y la autoría. Abre el certamen el director Kike Maíllo con Toro, película que se estrena también en nuestras carteleras.

Entre la tragedia y el cine de mafiosos, entre el thriller y el drama shakesperiano, Kike Maíllo (Barcelona, 1975) se vuelve a colocar detrás de la cámara. Vuelve con Toro -cinco años después de ganar el Goya por Eva-, un filme de hechuras clásicas y ritmo frenético que sirve como metáfora de esa España en crisis en la que, como dice el personaje de Sacristán, inmenso como capo del crimen, "los hermanos se pelean". La trama nos sitúa en la Costa del Sol, en una Málaga futurista de edificios de un barroquismo con tintes de ciencia ficción en la que el Toro del título es un joven con el aspecto de Mario Casas que, como los héroes clásicos, lucha contra su propio destino para descubrir que el carácter es lo que marca nuestro futuro. "Cuando empezamos a escribir el guión con Fernando Navarro lo primero que creamos es ese personaje romántico convulso y violento que se toma la justicia por su mano. En nuestro país estamos viviendo un resurgir del thriller porque es una manera perfecta para tratar temas como la corrupción o la debacle económica. El thriller nos sirve para hacer una abstracción de la realidad y viajar al lado oscuro de las cosas. De todos modos, entre el thriller y la tragedia me quedo con la tragedia. Hay algo de determinismo. La tragedia procede de la cultura mediterránea, ese oráculo contra el que el héroe quiere rebelarse infructuosamente. Algo que viene de los griegos".



Traiciones y lealtades

Toro arranca con una frenética persecución en coche para conducirnos a la tragedia de ese joven con un pasado criminal que sueña con iniciar una nueva vida junto a su novia (Ingrid García Johnson). El peso de la muerte de su hermano mayor y los líos en los que se mete el tercero en discordia de la familia (Luis Tosar), el clásico caradura, son los elementos de una densa película de traiciones y lealtades en la que el imaginario religioso del sur adquiere toda la importancia. "En la primera versión había más persecuciones de coche pero poco a poco ese escenario del sur fue cogiendo más peso. Cuando Rafael Cobos (el guionista habitual que colabora con Alberto Rodríguez) se unió a la escritura del guión la película ya tuvo definitivamente ese alma del sur". Un alma marcada no solo por el determinismo, también por el imaginario católico de vírgenes con lágrimas y cristos sangrantes: "La naturaleza icónica del sur es muy rica", explica Maíllo. "Lo que hacemos es aislar esos símbolos y desnaturalizarlos para aprovecharnos de ellos".



Los males de nuestro país se convierten en telón de fondo. Hablamos de cosas que forman parte de nuestra esencia española"

A la pareja de hermanos formada por Casas y Tosar se une Sacristán como jefe de los delincuentes en un personaje obsesionado con la respetabilidad. "Hay una hipocresía muy evidente y es posible que alguien se sienta molesto por la forma en que vemos cómo la Iglesia lo acoge simplemente por su dinero a pesar de que es un mafioso de la peor especie. Para él, es mucho más importante ese aspecto de la liturgia y lo formal de la Iglesia, no es una cuestión de creer en Dios. El personaje de Toro probablemente es mucho más cristiano en el sentido clásico". De esta manera, Toro/Casas nos remite a esos personajes clásicos del cine negro estadounidense de los años 40 y 50, esos delincuentes que aspiran a redimirse pero deben luchar contra fuerzas muy superiores: "Hay un momento muy simbólico, cuando tira el reloj, en el que sabemos que no ya hay marcha atrás. Busca su libertad pero se encuentra con todo tipo de ataduras sociales. Lo lleva tatuado en el pecho: 'El carácter es mi cárcel'. Quiere hacer las cosas bien y acaba utilizando esa manera violenta de proceder".



El filme logra un look impactante haciendo uso de esa arquitectura vacacional de la Costa del Sol. Funciona como metáfora y lugar casi espectral en el que se sitúa la acción: "Cuando empezamos a escribir estaba ya muy clara esa idea del escritor J. G. Ballard de que los espacios físicos creados por la arquitectura se convierten en espacios mentales. Ese edificio funciona como una proyección mental. Cuanto más avanza la película menos me interesa la acción y más ese aspecto metafórico en el que el camino del héroe se convierte en algo mitológico con esa ascensión a una pirámide que se va cerrando en un laberinto que funciona como una trampa para el héroe. Tenemos esa pulsión shakesperiana. También de El bueno, el feo y el malo, que ha sido un referente, como lo ha sido el spaguetti western para esta película".



Y de fondo late el drama de España. Empezando por el título, que nos remite a nuestras esencias, y siguiendo por ese paisaje de miseria económica y moral en el que los personajes se transforman en supervivientes. "Los males de nuestro país se convierten así en telón de fondo para proponer una lectura política muy clara. Hablamos de cosas que forman parte de nuestra esencia, empezando por la Costa del Sol y el turismo que son el principal motor de la acción. O esa idea de que solo recurrimos a nuestros hermanos cuando nos interesa. Y en el personaje de Tosar está ese elemento de picaresca que tan bien nos define". Muy entretenida, más allá de sus múltiples capas, Toro es uno de esos raros filmes con tanta capacidad para seducir a los críticos como al público: "Comparte con Eva sus aspectos simbólico pero Toro es una película mucho más disfrutable y pensada para el gran público". Prepárense para una montaña rusa tan desmadrada como hiperbólica en la que no hay lugar para el respiro.



@juansarda

Sección oficial o la punta del iceberg

La sección oficial del Festival de Málaga llega cargada de propuestas de directores debutantes o con una sola película a sus espaldas. Como el cortometrajista David Cánovas, que concursa con La punta del iceberg, un drama laboral con Maribel Verdú, o El futuro ya no es lo que era, de Pedro Barbero, donde Dani Rovira interpreta a un adivino profesional en crisis. La estrella es Isaki Lacuesta con La propera pell. Protagonizada por Emma Suárez, es la historia de una familia que encuentra a su hijo años después de haber desaparecido pero tiene dudas respecto a su identidad. Gernika, segundo filme de Koldo Serra, reconstruye el bombardeo durante la guerra civil con un presupuesto de seis millones de euros y Eduard Cortés (The Pelayos) regresa tras la cámara con Cerca de tu casa, un drama coral sobre los desahucios. Brilla la comedia. Inés París (A mi madre le gustan las mujeres) presenta La noche que mi madre mató a mi padre, Pol Rodríguez Qatretondeta -otra entrega de José Sacristán- y Marc Crehuet El rey tuerto.