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Hilario Barrero[/caption] 

Pese a aparecer en una conocida colección de antologías de poetas más o menos consagrados, para muchos lectores Educación nocturna (Renacimiento) será el primer libro de Hilario Barrero (Toledo, 1946), quien desvela aquí la dedicación de una vida de la que apenas habíamos leído un par de volúmenes de muy escasa distribución. Muchos conocerán a Hilario Barrero como traductor (de Jane Kenyon, de Ted Kooser), y no pocos se habrán aficionado a sus consuetudinarias entregas del dietario en el que relata la cotidianidad de un habitante de Brooklyn; como poeta, tenemos por fin aquí un autorretrato que ha ido demorándose demasiado. ¿Qué decir, más allá de que la espera ha merecido la pena?

En el prólogo, afirma José Luis García Martín (responsable de la edición) que los puntos cardinales de la poesía de Barrero son el tiempo y el deseo. Algo de diario del apetito tiene la poesía de Barrero, que es ante todo un observador (no es en vano que dedique un poema a Edward Hopper) que gusta de dibujar en su cuaderno retratos a carboncillo, pero con palabras, de aquellos con quienes se cruza, y que traza su autorretrato un poco del mismo modo, no tanto contándonos su vida como transformándola en una cuestión impresionista. No es que no haya relato de la experiencia, que la hay (gusta Barrero de un tono transparente, ciertamente deudor de algunos poetas norteamericanos, pero también de Cernuda, y mezclado con cierto deje barroquizante, una mezcla que choca al principio pero que funciona); no es que no se transmita (es inevitable) una visión del mundo. Pero Barrero acierta sobre todo a dejar sus poemas, que son tan transparentes, abiertos sin embargo, de modo que no estamos contemplando a través de él, sino con él. Su forma de construir el poema evita la moraleja; sabemos lo que él está pensando, pero no quiere imponérnoslo. Cada poema de Hilario Barrero es una conversación en un lugar distinto; en un vagón del metro, en una plaza, en otra ciudad; espiando a dos desconocidos, recordando a Federico García Lorca a su paso por Nueva York, o caminando de la mano del amante.

 

Es hora de un ejemplo. He aquí “Correspondencia”:

 

Compras en un mercado de la calle Catorce

cartas de amor con olor a la vanda,

de seguro trazo y emocionado tono,

que otros apasionadamente se escribieron

y que atadas con una cinta roja

todavía conservan de franquicia

el perfil victorioso del nuevo dictador.

Una historia secreta, lejana y misteriosa

de un imposible amor, ya ceniza su fuego.

Mientras la excavadora de tus ojos

enturbia la clausura de la tinta

y el azadón furioso de tus manos

avanza perturbando la escritura

tú sabes bien que nunca lograrás

para las tuyas ni mirada piadosa

que preserve la hiel de tus acentos

ni comprador alguno interesado.

Tu vida, no lo olvides, es un acto

continuo de escritura maldita.

 

Educación nocturna es un libro importante, por cuanto devuelve a Hilario Barrero con todos los galones a la conversación de la poesía española contemporánea, de la que nunca debió faltar (y no es que los lectores atentos no le conociesen; pero merecía más). Ahora, abierto el apetito por esta poesía llena de hambre, sólo nos queda esperar más.