[caption id="attachment_1606" width="560"]

Hugo Mujica[/caption]

En pocos poetas como en Hugo Mujica (Buenos Aires, 1942) se mezclan de forma tan clarividente la forma de pensar del ensayo y la de la poesía, la lógica y su envés poético, dando lugar a una obra rica en ambos géneros en la que los dos se benefician de las virtudes del otro sin perder por ello su personalidad propia. Ahora que su obra está generosamente resumida en los tres tomos de Del crear y lo creado (Vaso Roto Ediciones; el primer tomo recoge la poesía completa de 1983 a 2011, el segundo y el tercero ensayos y prosa selecta), aparece su nuevo libro de poemas, Barro desnudo, en la colección Palabra de Honor de la editorial Visor, dirigida por Luis García Montero y Jesús García Sánchez (número 28 de una colección, por cierto, en la que hasta ahora sólo se ha incluido a una mujer; sabemos de lo que opina JGS al respecto de la poesía escrita por mujeres, ¿debemos deducir de esta cifra que LGM es de la misma opinión?).

Como en libros anteriores, la poesía de Hugo Mujica se despliega en forma de haces; versos rotos en la página recurriendo al sangrado como forma de romper la lectura lineal, recordándonos que, aunque inevitablemente un verso vaya detrás de otro, todos suceden a la vez. La disposición nos invita a volver al comienzo del poema una vez acabado para recomenzar la lectura ahora con todo el poema en la mente, como si repitiéramos un motivo musical. Porque aunque la mayoría de estos poemas compartan estructura, lo que importa es el modo en que sus diversos elementos se conjuntan en la impresión que produce el poema. Muchas veces comienza el poema de Hugo Mujica con una nota casi paisajística o de ambiente: “Inicio / de otoño y brisa”; “Noche y es la luna / la que enciende lejanías”; “El trigal acompasa la brisa / y el río, sin tregua, / transparenta / su paso”. La segunda parte del poema nos desvela el envés de esa realidad, como en el poema citado:

El trigal acompasa la brisa

            y el río, sin tregua,

                        transparenta

            su paso.

 

    Ya todo está en lo abierto

y en lo abierto fluye todo;

                               solo el hombre,

                                             no se suelta,

                                                    solo él a sí mismo se

 

La disposición del poema en la página es una partitura para el pensamiento, un mapa de caminos que van de palabra a palabra y de sonido a sonido, de concepto a concepto.

El asunto de la poesía de Hugo Mujica es siempre la realidad, pero no contemplada desde fuera, sino desde dentro; no es el suyo el relato de un observador, sino el informe de un técnico de la realidad que conoce cada uno de sus componentes, que no excluyen, por supuesto, el misterio, la luz, todo aquello que los poetas decimonónicos escribían con mayúsculas como si fueran marcas registradas. Por eso la paradoja es una de sus armas mejores para desvelar la experiencia, es decir, para quitarle sus velos, hechos a menudo de palabras que han perdido su sentido originario:

Olvidando se desnuda

            de sí misma la memoria,

                                   suelta la presa,

                        deja libre lo vivido.

 

                                      El olvido no es olvido:

                                                           es la presencia

 

Pocos ejemplos como la obra de Hugo Mujica de cómo, en poesía, lo esencial es entender el silencio; al romperlo, el poeta observa su contenido, estudia su geografía clara y contradictoria. La lectura de Barro desnudo abre el tiempo a un espacio de lucidez y hondura; ese que sólo encontramos en los pocos maestros que nos han enseñado que la mística es algo de este mundo y este mundo algo que sólo se disfruta cuando se entiende su lado místico y silencioso.