Detalle de Double rainbow, Donegal, Ireland, from the series Does Yellow Run Forever?, 2013

Galería Elba Benítez. San Lorenzo, 10. Madrid. Hasta el 31 de julio. De 32.400 a 57.650 euros.

Cuando Paul Graham (Stafford, 1956) se instaló en Nueva York a finales de los 90 ya corría la sangre estadounidense por sus líquidos de revelado. En las historias de la fotografía reciente figura ante todo como traductor (áspero, social) al inglés del documentalismo americano en color de los años setenta liderado por Eggleston y Shore. Pero no le veía gran futuro a la fotografía en Reino Unido, donde ésta tenía entonces poco apoyo institucional y poca cuota de mercado, y decidió hacer las Américas. Así, él mismo fue también "víctima" (con resultados muy rentables) del sueño americano, que constituye el suelo argumental sobre el que se posan las imágenes que lo ilustran libremente.



Conocemos bastante bien su trabajo en España, a través de las muestras organizadas por la Fundación Telefónica (2004) y la Fundación Botín (2011) y de sus tres comparecencias anteriores en la galería La Fábrica. Elba Benítez nos trae ahora Does Yellow Run Forever?, tercera versión de la exposición paralela al foto-libro con el mismo título, presentado hace unos días en Ivory Press; las dos primeras tuvieron lugar en las galerías Pace de Nueva York y Carlier|Gebauer de Berlín (a esa altitud comercial vuela). No es éste su proyecto más potente pero se defendía bastante bien en esas otras galerías gracias a una labor de "edición" espacial que jugaba con el intercalado de tipologías de imágenes, las alturas en el muro, los blancos. En este montaje ha optado por presentar separadamente las tres tipologías: arcoíris, tiendas de compraventa de oro y mujeres dormidas. La decisión debilita la relación entre ellas, que se aprecia mucho mejor en el libro, pero permite admirar mejor el conjunto de "soñadoras".



Detalle de Senami, Auckland, NZ (Grey Room), 2011

Graham viró a finales de los 90 hacia un pretendido equilibrio entre una observación solapadamente crítica de lo cotidiano y diversas formalizaciones más o menos originales que se relacionaban con los límites y las potencialidades del propio medio fotográfico. La sobreexposición en American Night o la narración secuenciada en A Shimmer of Possibility y The Present forman parte de ese renovado lenguaje documental. En Does Yellow Run Forever? la apuesta estilística consistía en la alternancia de las tres tipologías mencionadas, tan diferentes, para generar un sentido más profundo y más amplio. Quizá más simbólico. Graham ha publicado todo su trabajo, desde 1983, en forma de foto-libros y las exposiciones fueron durante años, según ha declarado, secundarias. A partir, sobre todo, de A Shimmer..., comenzó a interrelacionar maquetación editorial y montaje expositivo, definiendo algún estilema para cada proyecto. En éste ha marcado diversas alturas en el muro y en el papel: abajo, tocando el suelo o el borde inferior del libro, las tiendas; en el centro las durmientes; arriba, flotando, los arcoíris. Al mostrarse en diferentes salas, se pierde en parte esa dinámica. Es también una pena que, por problemas de espacio, se haya traído sólo una de las grandes fotografías de tiendas, modificando el "peso" de cada grupo de imágenes.



Hablaba antes del sueño americano como suelo argumental pero es sólo una de las interpretaciones, apuntadas por el propio artista, de esta confluencia de imágenes. El sentido más amplio y profundo (también más blando, en comparación con otros trabajos suyos) sería el de la persecución de la felicidad, de lo efímero, de los sueños... Amor, abundancia, belleza... A Graham le ha gustado siempre mostrar subrepticiamente el conflicto en lo cotidiano pero aquí es apenas detectable. Los arcoíris, todos irlandeses, podrían hablar del fin de la violencia y de la emigración a Estados Unidos; las tiendas de oro y los negocios adyacentes, sobre la economía periférica, la yuxtaposición de culturas, tal vez sobre la usura…; ¿y las durmientes?, ¿qué tipo de representaciones son estas?



Es quizá el grupo más interesante. La mujer negra que duerme en diversas habitaciones de hotel en Nueva Zelanda es la pareja del artista. El extraordinario detalle de la fotografía nos permite apreciar, casi tocar, las texturas de la piel, el pelo, las telas... Pero no hay ningún erotismo en las imágenes. La desnudez no la encontramos en ella sino en las habitaciones, tan despojadas. No es una Venus dormida sino una mujer de carne y hueso, de presencia familiar, que descansa. Y seguramente sueña. Es un tema que reaparece en la pintura simbolista y sus aledaños. La soñadora de piel oscura protagoniza varias pinturas de Gauguin, a quien también remiten los colores a menudo intensos de las telas... aunque sin los componentes exótico y visionario. Quizá hayan pensado ustedes también en Le lit, de Vuillard. Ni erotismo ni exotismo ni conflicto racial, asunto al que se ha referido Graham en otras series: esta mujer, o sus antepasados, también siguieron el arcoíris del sueño americano, hacia la integración. Sólo la placidez de la modelo-amante, la diosa laica cotidiana para la que ha erigido en Madrid esta capilla.



@ElenaVozmediano