Image: Christopher Knowles: ¡Dame una "C"!
Vista de la exposición. Foto: Roberto Ruiz
Su nombre no es muy conocido en nuestro país, aunque Christopher Knowles (Nueva York, 1959) es un habitual de la escena artística norteamericana. Su mayor revelación pública se remonta a 1973, cuando tenía 13 años y se pasaba el día grabando en casetes listas de palabras, poemas o frases rítmicas que componía él mismo. Fascinado se quedó con ellas el director de teatro Robert Wilson, que enseguida le llamó para trabajar con él. Una amistad que dura hasta hoy y que ha dado frutos tan prolíficos como Einstein on the Beach (1976), una de las obras más representativas de la ópera minimalista.Las exposiciones que empezó a hacer entonces, a finales de los 70, le valieron el reconocimiento de la vanguardia neoyorquina. John Ashbery, escribió incluso, que era su mayor protagonista. Mientras Andy Warhol producía sin parar serigrafías y películas y daba fiestas en su Factory de la Union Square, a pocos bloques de allí, un grupo de músicos, cineastas, bailarines y otros creadores convertían una zona deprimida de Soho en escenario de sus experimentos artísticos. Allí estaban unos jóvenes Gordon Matta-Clark, Laurie Anderson y Trisha Brown. También Knowles, en aquel momento inmerso en sus "mecanografiados", palabras y frases en intrincados patrones multicolor, con figuras geométricas muchas veces utilizando únicamente la letra "C", que hacía usando una máquina de escribir. Son sus conocidas "tipificaciones", algunas de las cuales guarda el MoMA como un tesoro en su colección. La increíble habilidad en organización matemática revelada en estos trabajos es una característica producto del autismo que le diagnosticaron cuando era niño. Una caprichosa jerarquía que ha ido creciendo junto a un tono satírico que se ha hecho muy evidente en sus últimas obras.
Una de las últimas pinturas de Christopher Knowles
Es lo que reúne la primera individual en nuestro país que le dedica la galería NoguerasBlanchard. Inspiradas, en su mayoría, en episodios autobiográficos, sus últimas pinturas son reflejo de ese peculiar imaginario poético que caracteriza al artista, al tiempo que abren otras facetas de su obra creativa. También las vimos en Madrid, con la lectura de poemas que Knowles ofreció el día de la inauguración. Como en trabajos anteriores, volvemos a encontrar la serialidad y la repetición. La imagen de un radiador donde puede leerse "Beeeescope", a su vez título de uno de sus poemas onomatopéyicos, se repite en dos de los lienzos en la exposición. Otro de los cuadros, 11 Presidents of the United States of America, enumera a los presidentes norteamericanos empezando por Dwight Eisenhower, quien ocupaba la presidencia el año en que el artista nació. Hablando de otros, son obras que devienen autorretratos.Aunque si hay algo que destaca de estas pinturas es el modo en que Knowles utiliza el color. Suele decir que le gusta empezar por una esquina, escribiendo las siglas de su firma, para luego avanzar hacia arriba y hacia la derecha. Siempre metódico. También prefiere aplicar los colores por orden, primero todos los rojos que va a utilizar, después los azules, y así con el resto de colores. Un sistema alternativo de comunicación directo y emocional, a veces extraño y algo bizarro, que rompe cualquier idea preconcebida de lo inmediato y lo cercano.