Yuki Aoyama: Unercover, 2008-2011

Teatro Fernán Gómez/ Fundación Banco Santander. Plaza de Colón, 4. Madrid. Hasta el 22 de julio.

Nuevos talentos permiten acercarse a la creación artística asiática rompiendo barreras entre lo real y lo imaginario, el arte y la fotografía. Es lo que encontramos en esta exposición, una de las citas obligadas de PHotoEspaña.

Una de las paradas obligadas en el recorrido de sedes oficiales y off de PHotoEspaña es el Teatro Fernán Gómez -antes Centro Cultural de la Villa-, donde la Fundación Banco Santander patrocina dos interesantes y amplias exposiciones: la dedicada a la Factory de Warhol y esta panorámica de la fotografía asiática reciente que ha comisariado Fumio Nanjo (Tokyo, 1949), director del Mori Art Museum y responsable de las dos ediciones de la Bienal de Singapur. El programa oficial del festival adolece en general de "falta de foco": el tema que debería darle coherencia es, como de costumbre, muy amplio y no es evidente la relación con él de buena parte de las exposiciones. Esta muestra se impregna de esa general imprecisión, al querer abarcar un territorio tan extenso -China, Emiratos Árabes Unidos, Filipinas, India, Japón y Singapur- y con escenas artísticas tan diversas sin que el comisario haya sabido explicar claramente cuál es el argumento o las características formales que estructuran su selección. Así que le toca al espectador sacar conclusiones... lo cual no es en esta ocasión complicado, pues sí se detectan algunas líneas de trabajo compartidas por los artistas convocados.



La exposición está dominada por un evidente clima onírico, del que sólo escapan las dos propuestas más documentales, de Sherman Ong y Kazem Mohammed. Y este clima se genera por diferentes vías. De un lado están quienes practican la "fotografía construida", como Koji Sekimoto y Miwako Iga -ambos con muñecas como protagonistas-, Hideyuki Ohba, que realiza toda una serie de figuras de chocolate calificadas, por cierto, como "sueños" o, en el género paisajístico, Lu Yao, con recreaciones del bello paisaje tradicional chino a través de los detritus contaminantes de la sociedad industrial, y el más nocturno Kohei Koyama. De otro, tenemos a quienes "construyen con la fotografía", es decir, practicando el collage de imágenes propias o apropiadas. En este capítulo caben las grandes vistas aéreas de ciudades de Sohei Nishino, el biombo tejido con tiras de papel fotográfico de Kana Honda, los enigmáticos y casi abstractos anillos de Chiho Miyamoto y, más cerca del collage surrealista pero con elementos de la cultura popular, Yasushi Kohno. Y, finalmente, encontramos a quienes, siempre dentro de esa atmósfera de irrealidad, basan su trabajo en un componente performativo. De manera muy literal, Gina Osterloh, que interactúa con estrechos escenarios de papel creados para la ocasión; y, libremente, Hiroshi Nomura, que altera la experiencia de los espacios urbanos más cotidianos por medio de unas figuras en forma de osos; o Pushpamala N., que se transforma en una heroína hollywoodiense en una fotonovela que narra no sé sabe qué aventuras.



Y dejo para el final el que es en mi opinión el trabajo más relevante del conjunto: las fotografías de adolescentes de Yuki Aoyama, un joven japonés que ha dado un limpio salto adelante con una estética absolutamente depurada que deja atrás anteriores series más tópicas. Fumio Nanjo ha elegido algunas de las imágenes de la serie Schoolgirl complex, realizadas entre 2008 y 2011, en las que Aoyama muestra parcialmente los cuerpos de las escolares, evitando individualizarlas, con un erotismo tan sutil que es casi imperceptible, y dibujando con sus piernas, sus espaldas, hermosas composiciones en las que la lisura de la piel, los uniformes y los desnudos espacios en los que se despliegan establecen un equilibrio perfecto.