El mundo cambia y con ello los relatos que nos cuentan los museos, que deberían adaptarse a las nuevas realidades. Esto es lo que busca el Reina Sofía con la reordenación integral de su colección. Con este ambicioso proyecto el centro no solo suma metros cuadrados, también pasa a mostrar casi 2.000 piezas de su fondo. Su director, Manuel Borja-Villel, asegura que más de un 60 % del total que se mostrará, entre lo que se incluyen adquisiciones recientes a través de donaciones y depósitos, es nuevo. Nos ven. De la modernidad al desarrollismo se trata del primer capítulo de esta reorganización que gira en torno a series temáticas. A partir de ahora el museo irá mostrando al público diferentes núcleos de la colección hasta que en noviembre se muestre en su totalidad. De modo que cada nuevo episodio puede dar sentido a aspectos no evidentes en el anterior.

La reordenación empezó hace ahora diez años y desde entonces “se han ido haciendo cambios aunque este proyecto se cristalizó durante la pandemia. Los museos tienen mucho de monumento y tienen que dar herramientas para que la gente entienda su tiempo”, asegura Borja-Villel. De modo que también habrá salas dedicadas a los episodios de nuestra historia más reciente como el 15M, la victoria de Trump, el feminismo o la ecología. Las piezas estarán distribuidas en seis espacios: la segunda y la cuarta planta del edificio Sabatini, las salas A1 y A0 (esta se encuentra en reconstrucción), y Nouvel 1 Nouvel 0. 

Esta nueva museografía ideada por el director y Rosario Peiró, jefa de las colecciones del centro, está dividida en capítulos que llegan a formar una serie completa. Manuel Borja-Villel cree que los museos tienen la misión de relatar así que a lo largo de las salas se van sucediendo espacios dedicados a Richard Hamilton, la Bienal Hispanoamericana de 1963, Max Aub, Val del Omar, Eduardo Arroyo, el arte feminista pop o Luis Gordillo. “La colección se va retroalimentando de actividades e investigaciones que se han llevado a cabo y de proyectos que salen de la propia colección”, indica el director.

Instalación de Richard Hamilton

Nos ven tiene que “ver con lo visual, con lo no corporal y se abre con la hegemonía cultural americana después de la Segunda Guerra Mundial”, apunta el director. En esta primera sección se incluyen algunos diseños de Ray y Charles Eames, matrimonio de arquitectos que encarnó el modo de vida americano y se convirtió en el paradigma de esta visión. Durante estos años Estados Unidos apoyó la cultura a través de la organización de exposiciones internacionales para hacer propaganda ideológica durante la Guerra Fría. Poco después vemos la instalación de Man, Machine and Motion, de Richard Hamilton, y la recreación de una parte de la exposición New images of a man que se pudo ver en el MoMA en 1959, en la que las obras de Francis Bacon, Jean Dubuffet o Giacometti “desestructuran la heroicidad masculina”.

En contraposición a este paradigma masculino vinculado al expresionismo abstracto y la hegemonía del varón, nos enfrentamos a El cuerpo y la casa, donde nos encontramos frente a una de las gigantescas arañas de Louise Bourgeois con la que nos habla del “espacio privado e íntimo, del sueño, del dolor y del cuerpo femenino”, indica Rosario Peiró. Tanto Bourgeois como Dorothea Tanning, de la que se muestra una escultura, “estaban haciendo un arte muy importante que fuimos capaces de ver tiempo después”, apunta el director.

 Arte español en Estados Unidos

A partir de los años 50 "España abandona la autarquía", recuerda el director y empieza a abrirse al exterior. En este momento Estados Unidos siente interés por nuestro país por su situación geopolítica, algo que que propicia el acercamiento de Eisenhower con Franco. Este es el contexto en el que se organizaron exposiciones de arte español en el MoMa y en el Guggenheim de Nueva York en 1970 supusieron “el pico de la relación entre Estados Unidos y España”. Aunque una era más bien de corte histórico y la otra más específica en ambas se repite “los oscuro y lo goyesco con la presencia obras de grandes artistas de la época. En aquella ocasión Juana Francés fue la única mujer que expuso junto a Millares, Chirino y Canogar.

Haciendo un salto en el tiempo, Rogelio López Cuenca revisa el colonialismo español en Guinea Ecuatorial con una instalación en la que hay “obras de la cultura popular que demuestran la visión española de la colonia”. A las historietas como El Guerrero del Antifaz, El Capitán Trueno o noticiarios del NO-DO el artista añade “catálogos de pequeñas exposiciones colonialistas que se organizaron desde España. Muchos de los artistas viajaron y pintaron desde un punto de vista colonialista y exótico”, indica Peiró. En su revisión, López Cuenca añade un bote antiguo de Cola Cao, en alusión a la publicidad racista.

Max Aub y la invención de Jusep Torres Campalans



El Reina Sofía también ha recuperado a Jusep Torres Campalans, artista inventado por Max Aub. Fue él mismo quien hizo algunos cerámicas cerámicas firmadas por este falso creados y llegó a hacer un montaje de una foto en la que aparece junto a Picasso. A su lado se proyecta una película en la que Josep Renau critica el franquismo y habla de la vida de un exiliado. En contraposición el museo ha instalado una serie de trabajos que hablan de la España desarrollista que reconstruyen a través de muestras como XXV años de paz y otros ejemplos que hablan “de una España rica que el régimen quiso vender”, apunta Peiró.

A su lado, la última película de Val del Omar, Acariño Galaico de la negra sombra, que da paso a otro de los platos fuertes: la sala dedicada a Eduardo Arroyo y su exposición 25 años de paz, con la que critica y se ríe de la exposición franquista y en la que incluye la obra Cuatro dictadores, una serie en la que reúne a Franco, Salazar, Hitler y Mussolini y que supuso su veto definitivo en España.

Vista de la exposición

En la recta final artistas como Isabel Oliver, Eulàlia Grau o Ángela García Codoñer se apoyan en el arte pop para hacer una crítica antifranquista y a través del feminismo “denuncian el cuerpo estereotipado de la mujer que se ve, por ejemplo, en los concursos de mises”, sostiene Peiró. La traca final llega con el sujeto esquizoide exhibido por el trabajo de Luis Gordillo, reflejo de un individuo alienado por esa misma realidad.

Seis episodios, un nuevo relato

En total serán seis episodios los que compondrán este nuevo relato del Museo Nacional Reina Sofía. Después de Nos miran. De la modernidad al desarrollismo llegarán cinco más. El segundo estará dedicado a Latinoamérica, un capítulo que empieza con el Acto Institucional Número Cinco. “Vemos que la utopía latina es diferente a la americana, creían en la transformación de la sociedad a partir del sujeto individual pero entra en crisis con el golpe de estado de Brasil en el año 1964”, señala el director. Se trata de un momento álgido en la cultura y la política latinoamericana pero empiezan a sucederse “una serie de golpes de estado que conllevan un cambio de paradigma y de forma de trabajar. Todo acaba con el golpe en Chile de 1973, cuando los Chicago Boys experimentaron el neoliberalismo”. 

Le seguirá Autarquía y exilio, Vanguardias históricas y los 80, este último episodio desde la Documenta de 1982 que “aquí fue tan influyente”. Es el momento en el que se empieza a hablar de transvanguardia pero “fue algo mucho más complejo”. Se vivió, por ejemplo, la crisis del sida, y Donna Haraway habló de la fluidez de los géneros. En definitiva, “cada serie presenta cambios respecto a lo que se ha visto anteriormente”. Otras disciplinas como el diseño o la arquitectura formarán parte del relato pues, tal y como indica Manuel Borja-Villel, “la división de las disciplinas es absurda". 

Aunque existe una obra que quedará inalterada. El Guernica seguirá ocupando su lugar. 

@scamarzana