Hace tiempo que Andy Warhol salió del museo para inundar la cultura popular. Su universo es conocido en todas partes y se ha estampado en todo tipo de formatos y dispositivos. Esto no significa, sin embargo, que lo conozcamos todo del maestro del pop art. Cuando en 1983 visitó Madrid y se coló en el círculo de la movida madrileña se fue de la ciudad con una escasa cantidad de encargos pero su presencia revolucionó el arte en España. Las 348 piezas que componen Warhol. El arte mecánico descubren cómo el artista pasó de ser un decorador de escaparates en Pittsburgh a convertirse en uno de los máximos exponentes de la cultura de masas norteamericana. Estas piezas, que en Barcelona han recibido 228.000 visitas, recalan en CaixaForum Madrid hasta el 6 de mayo para contextualizar la trayectoria de este poliédrico artista.

La muestra arranca con sus primeros pasos como diseñador para revistas como Harper's Bazaar, Glamour y Vogue en Nueva York en los años 50. Allí también recibió encargos de marcas como Tiffany's para diseñar sus cajas de Navidad o de sellos discográficos como Columbia y Prestige Records. Debido a este inicio Warhol conocía bien lo que se estaba haciendo y pronto se dio cuenta de que artistas como Roy Lichtenstein y Robert Rauschenberg estaban produciendo estéticas similares.

Él, por supuesto, quiso diferenciarse. Pero no todo fue fácil. En 1961 tuvo lugar su primera exposición "seria" en una galería de Los Angeles donde expuso sus hoy aclamadas latas de sopa Campbell. En aquel momento solo vendió una obra pero dos años después una universidad le invitó a exponer allí sus piezas y el éxito fue tal que tuvieron que descolgar las obras. En el transcurso de dos años había surgido ese fervor que hoy sigue suscitando el artista pop.

Su versatilidad y ambición creativa le llevó también a fijarse en los anuncios de periódicos y revistas baratas de la época. Basándose en la rinoplastia que se publicitaba en una de ellas Warhol reprodujo Antes y después, una obra que enfatiza la obsesión de la sociedad, y la suya propia, por la apariencia física. De hecho, descubrió que no se gustaba a sí mismo y llegó a hacerse retoques en la nariz y a usar peluca, elemento fundamental de su estética de los años 60. A su lado se puede ver una pieza compuesta por sellos estampados sin separación entre sí que sirve de preludio a lo que vendría después. "El uso de las estampas es mecánico pero nunca se adhieren de la misma manera", sostiene José Lebrero, comisario de la muestra. Cada vez que el sello atraviesa el lienzo pierde (o gana) tinta de modo que no se puede hablar de un sello idéntico, al igual que dos gemelos no lo son.

En la muestra se incluyen pinturas, esculturas, cine experimental e incluso una videoinstalación de los años 70, cuando ese término aún no existía, en la que incorpora música e imágenes de la banda Velvet Underground liderada por Lou Reed. En el caso de Madrid, además, se presentan Single Elvis, Most Wanted Men No 1, Self Portrait y el vestido The Souper Dress que no se pudieron ver en Barcelona. Con El arte mecánico se quiere subrayar aspectos como su manera de aplicar la idea de proceso seriado, el vínculo entre biografía y producción y su talento para combinar técnicas y medios para crear su universo iconográfico. Ese primer aspecto se ve reflejado en los archiconocidos retratos de Marilyn Monroe en diversos colores, las imágenes de Jackie Kennedy en el dramático momento en el que su marido fue tiroteado o de Liz Tylor ya muy mayor. Warhol las usó como modelos no solo por la familiaridad de sus rostros sino porque estaban tocadas por el fantasma de la muerte.

Sin embargo, "en 1963-64 se cansó de hacer lo mismo y centró su interés en las cámaras de cine", recuerda Lebrero. Así surgió Screen Test, una serie de vídeos mudos de 4 minutos y un segundo de duración donde Dalí, Bob Dylan, Susan Sontag, Duchamp y Allen Ginsberg posan ante el objetivo sin más directriz que la de ser ellos mismos. Frente a la sala donde se proyectan estas piezas en blanco y negro se contrapone una pared de colores vistosos donde se sitúa el conocido retrato de Mao Zedong, realizado con motivo del primer viaje de un presidente de Estados Unidos a China. Fue Nixon quien lo hizo en 1973 en el contexto de la Guerra Fría y este lienzo de vivos colores representa la "reacción a ese viaje" que sorprendió y asustó a partes iguales a la sociedad norteamericana.

La versatilidad con la que Warhol utilizó diversas técnicas y medios ha hecho que sus obras formen parte del imaginario colectivo popular. Tampoco hay que olvidar que "tenía claro que su relación con el arte era también una relación de negocio", incide Lebrero. Esto le llevó a dirigir la revista Interview, de la que se muestran ejemplares en una pared negra cubierta de imágenes. Hacia finales de 1970 Warhol, obsesionado con fotografiar a las celebridades de su época, se ofrece como retratista, por lo que fue criticado por venderse al capital. A estas piezas de grandes dimensiones se dedica una sala completa donde abundan personalidades como Armani, Edward Kennedy, Ashraf Pahval, Debbie Harry y Muhammad Ali en sus reconocibles colores vistosos.

No obstante no todo es divertimento en la trayectoria de este artista. Por eso, José Lebrero destaca una última etapa en la que el artista se vuelve más oscuro y en sus obras representa accidentes, suicidios y sillas eléctricas o su serie de los 13 criminales más buscados por el FBI. Con ello, el comisario quiere hacer hincapié en que "su obra no solo es dulce sino que en ella también late la palpitación de lo efímero". Imbuido por ese espíritu la muestra concluye con Oxidation Painting, una obra con la que reacciona al expresionismo abstracto usando su propia orina. Con todo, la muestra quiere mostrar que el universo Warhol no es solo alegría y sátira sino también seriedad, si toca.

@scamarzana