Retrato de Rosario Weiss

Durante años Rosario Weiss (Madrid, 1814 - 1843) convivió con Goya en la Quinta del Sordo. Se decía que era su hija, aunque no hay pruebas de ello. Sin embargo, cuando los padres de Weiss (Guillermo Weiss y Leocadia Zorrilla) se separaron hacia 1820, la familia (madre y dos hijos) se trasladó a la casa del maestro zaragozano, donde Weiss recibió lecciones de dibujo. Al principio él trazaba y ella, siguiendo las líneas marcadas por el pintor, completaba los dibujos. Aunque en aquellos comienzos la aguatinta emborronó más de uno, sus posteriores trazos la llevaron a ser maestra de dibujo de Isabel II.



Hace dos años el Museo Lázaro Galdiano expuso una pequeña muestra de los dibujos de esta artista precoz. De aquel embrión nace la muestra (y el catálogo razonado) Dibujos de Rosario Weiss que expone la Biblioteca Nacional con la colaboración de la pinacoteca. En esta ocasión son 140 piezas, entre dibujos, estampas y litografías, que dan cuenta de su aprendizaje y evolución junto a Goya primero y con Lacour después. El conjunto de obras que da la bienvenida corresponde a los dibujos de formación de la pequeña "en un entorno familiar", señala Carlos Sánchez, comisario de la muestra. Pantera, Dromedario y Mendigo forman parte del llamado Álbum Goya-Weiss que la institución muestra en formato digital y cuya importancia reside en mostrar cómo fueron "los años formativos de la artista y en ilustrar una faceta poco conocida del pintor aragonés".



En 1824, en el ambiente represivo de la España de Fernando VII, Goya decidió trasladarse a Burdeos. La familia se unió a él algunos meses más tarde y allí Weiss prosiguió su formación. Fue entonces cuando aprendió la litografía, una disciplina que en España no era aún demasiado conocida. Se formó en la escuela de Lacour y con él su trazo, en la estela de Ingres, comenzó a ser mucho más preciso, limpio y ordenado.



Retrato de Zorrilla y, a la derecha, Larra

Sin embargo, la muerte del pintor en 1828 las dejó desamparadas y, prácticamente, sin medios para sobrevivir. La desolación que sintió Leocadia Zorrilla la recibió en forma de carta Moratín, amigo de Goya que también residía en Francia. En su respuesta Moratín pone de relieve que el pintor les había dejado un documento testamental que ella había roto. "No se sabe si por rabia o por qué pero Zorrilla decidió destruirlo, lo que propició que se quedaran sin nada", afirma el comisario. La ayuda la recibieron primero del profesor Lacour y, más tarde, de la pensión que el gobierno francés le concedió como exiliada política.



Cuando en 1833 se decretó la amnistía para los liberales exiliados Rosario Weiss, su hermano Guillermo y su madre decidieron regresar a España, donde el estilo afrancesado que había aprendido en la escuela de Lacour triunfó. Su destreza para copiar el estilo ajeno, como la pintura deshecha de Goya, le llevó a conseguir un empleo como copista en el Museo del Prado. Hizo una reproducción de La Tirana, de Goya y otro del Retrato de la Duquesa de San Fernando, de Rafael Tegeo. Como la mujer adelantada a su tiempo que fue, aunque no fuera consciente de ello, Weiss quiso vivir de su trabajo, de sus cualidades artísticas. Fue de las mejores litógrafas del Romanticismo español y en su afán de mejorar envió una carta al Museo del Prado y otra al Museo de Bellas Artes de San Fernando para que le bajaran algunas piezas que pudiera copiar (en aquel momento las obras se exhibían cubriendo las paredes desde arriba hasta abajo). "Ella entendía que esta era una de las maneras de prosperar como artista", recuerda Sánchez.



Asentada ya en España Rosario Weiss compaginó la copia de obras de grandes maestros como Goya, Velázquez, Tiziano, Rubens o Van Dyck con los dibujos a lápiz de escritores de la época como Espronceda, Zorrilla, Mesonero Romanos y Larra. En 1837 entró en el Liceo Artístico y Literario donde, junto a un grupo de artistas, copiaba del natural árboles, lagos, castillos y ruinas en un estilo idealizado que exponía después en el mismo Liceo. Su ambivalencia también le llevó a hacer figurines de moda y bocetos para futuros retratos.



Retrato de Zorrilla y, a la derecha, Larra

Un año más tarde, en 1840, Weiss ingresó como académica de mérito por la Pintura de Historia en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando con un retrato de una Virgen de la Contemplación que entregó ese mismo año. En 1841 la llegada de los liberales al poder y su objetivo de "convertir a Isabel II en una monarca culta y constitucional" jugaron a su favor. Su nombramiento en la academia y su obra le sirvieron entonces como carta de presentación para el puesto de profesora de dibujo de Isabel II y su hermana Luisa Fernanda tras la muerte de Fernando VII.



Sin embargo, los problemas de salud de Weiss fueron un obstáculo para continuar con su labor ya que, bajo prescripción médica, tuvo que marcharse a Barcelona. Una vez recuperada volvió a Madrid pero una recaída hizo que Rosario Weiss muriera de cólera a los 28 años. No obstante, su corta trayectoria no fue impedimento para que los críticos del momento alabaran su técnica ni para que, a partir de 1837, viviera de su trabajo.



@scamarzana