Bodegón, Giacomo Cerutti. Galería Colnaghi

La feria de arte y antigüedades europea más importante abre un satélite en Nueva York y se celebrará entre el 22 y el 26 de octubre en el Park Avenue Armory

Una feria más se suma a los casi tres centenares de certámenes que existen en el mundo. Pero la recién llegada no es una cualquiera, sino TEFAF, la feria de arte y antigüedades europea con más pedigrí, que quiere sacar provecho del mercado más boyante del planeta, Nueva York. En colaboración con la compañía Artvest Partners, la feria holandesa abre un satélite que se desdoblará en dos ediciones en función de su arco temporal, en otoño, del 22 al 26 de octubre, que abarcará desde las antigüedades al arte del siglo XX, y en primavera, centrada en el arte moderno y el diseño. El lugar escogido para el estreno es el histórico Park Avenue Armory, en el corazón de Manhattan y el único toque español lo pondrá la emblemática galería Colnaghi, con sedes en Londres y Madrid, que codirigen los anticuarios Jorge Coll, Nicolás Cortés y Konrad Bernheimer.



Eran muchos los expositores que venían reclamando al certamen holandés la necesidad de tener una plataforma en Estados Unidos para captar el boyante coleccionismo privado e institucional. TEFAF Nueva York ocupará el vacío dejado por The International Fine Art & Antiques Show, en otoño, y Spring Masters, en la primavera de 2017.



¿Y por qué en Nueva York? Los americanos son la nacionalidad más compradora de arte pero apenas suponen 2.500 de los 75.000 visitantes que recibe Maastricht. Es decir, si Mahoma no va a la montaña, la montaña irá a Mahoma. Otro dato reseñable es el peso de las ferias para el negocio de las galerías. Según el informe elaborado por la economista Clare McAndrew para TEFAF, algunas pueden llegar a hacer en las ferias el 40% de sus ventas; mientras que el Financial Times aumenta la cifra hasta el 70% de su facturación.



Para su flamante primera edición TEFAF Nueva York ha recibido en torno a 300 solicitudes de participación. Un comité de 94 marchantes de 13 países ha seleccionado a un selecto grupo de 94 galerías que ofrecerán pintura y escultura de antiguos maestros -el punto fuerte de la central holandesa- así como joyas, antigüedades, libros y manuscritos, dibujo, artes decorativas, mobiliario europeo y arte africano, islámico, asiático. El precio medio de un stand es de 38.500 dólares, más del doble que el de Maastricht; a ello hay que sumar los costes de montaje y decoración (los galeristas tienen que encargarse del interiorismo de sus espacios), transporte, personal y estancia. El total puede oscilar entre 100.000 y 250.000 dólares por expositor.



Obra de la galeria Benappi

La llegada al concurrido mercado neoyorkino es un intento por asegurar y revitalizar el futuro de la feria y al mismo tiempo una oportunidad para los anticuarios de taponar la sangría de coleccionistas que se decantan cada vez más por el arte contemporáneo. El último informe publicado por TEFAF señaló que las cotizaciones de los antiguos maestros (el panteón de pintores europeos activos antes de 1800) habían descendido un 33%. El mercado del arte contemporáneo, por el contrario, vive un momento dulce. El informe que acaba de hacer público Artprice señala que, entre julio de 2015 y junio de 2016, las ventas de arte contemporáneo alcanzaron los 1.500 millones de dólares (un 15% más respecto al año anterior) y, desde el año 2000, han aumentado un 1.370%.



El arte contemporáneo sigue siendo una inversión particularmente rentable a largo plazo. Según la consultora francesa, en los últimos 16 años, presenta un rendimiento anual superior al 4,9%, y el número de obras vendidas se ha cuadruplicado.



La reorganización del mercado chino ha beneficiado a Estados Unidos y Reino Unido, que han ganado más de 5 puntos de cuota de mercado y hoy representan el 65% de los ingresos mundiales del arte contemporáneo. Sus bazas son una oferta sólida (una cuarta parte de las obras pasan por Londres y Nueva York), un cuasi-monopolio del mercado de gama muy alta y, por último, su capacidad para reunir lo mejor de la demanda internacional.



Por otro lado, en estas últimas dos décadas, el tráfico de arte contemporáneo ha experimentado una aceleración considerable. Con 55.000 obras vendidas en 12 meses, es 4,7 veces más intenso de lo que fue en el año 2000. Sin embargo, la lista de los 500 artistas contemporáneos más cotizados incluye sólo 3 nombres españoles: Miquel Barceló, Juan Muñoz y Jaume Plensa, que registran ventas en subasta superiores a 254.000 dólares, el precio para acceder al selecto top 500.



Las cotizaciones se han disparado debido a los cambios estructurales del mercado: la globalización, la desmaterialización de las subastas y la voracidad de la industria museística (con 700 nuevos museos cada año). Un caso paradigmático de esta tendencia pudo verse en la subasta celebrada el pasado mes de mayo en Christie's Nueva York en la que el magnate japonés Yusaku Maezawa pagó 57,3 millones de dólares por un lienzo de Jean-Michel Basquiat (Sin título, 1982) que en 2004 se había rematado en 4,5 millones de dólares. Una plusvalía del 1.200% que fue publicitada por las empresas de inversión en arte como un símbolo del potencial de este mercado.