José Sanchis Sinisterra. Ilustración: Luis Parejo.

Como autor, ha puesto el teatro en lo más alto gracias a títulos como ¡Ay, Carmela!, pero también como director Sanchis Sinisterra (Valencia, 1940) ha logrado regenerarlo con su proyecto Nuevo Teatro Fronterizo.

¿Qué libro tiene entre manos?

En realidad, dos: Elipses, una magnífica recopilación de escritos teóricos del dramaturgo Juan Mayorga, y La hondonada, una novela de la escritora americana -de origen bengalí- Jhumpa Lahiri.



¿Qué libro abandonó por imposible?

À la recherche du temps perdu... que intenté leer a los 16 años. Fue un fracaso que tardé mucho en superar.



¿Con qué personalidad de la cultura le gustaría tomarse un café mañana?

Si estuviera vivo, con Julio Cortázar.



¿Recuerda el primer libro que leyó en su vida?

No exactamente, pero debió de ser alguna de las aventuras de Sandokán, de Emilio Salgari, a los diez años. Antes, creo que frecuentaba sobre todo "tebeos"...



Cuéntenos la experiencia cultural que cambió su manera de ver la vida

En el verano de 1960 -tenía yo 20 años- el Instituto Francés de Valencia me concedió una beca para perfeccionar mi francés en París. Imagínese lo que pudo suponer, para un joven universitario "de provincias", en pleno franquismo, aterrizar en el París de 1960 y descubrir la diversidad, el rigor y, sobre todo, la libertad que se respiraba en los cines, teatros, salas de exposiciones, librerías...y hasta en los cafés.



¿Entiende, le emociona el arte contemporáneo?

El arte contemporáneo no me pide que lo entienda. En muchas de sus manifestaciones menos mercantiles, me provoca, me desafía, me desconcierta...



¿Cuál ha sido la última exposición que ha visitado? Ejerza por favor de crítico.

La de El Bosco, en el Prado. Como me siento incapaz de esbozar siquiera una "crítica" de semejante monumento pictórico, diré que me interesa establecer nexos entre sus fantasías figurativas y mis indagaciones sobre la poética del sueño.



¿De qué artista le gustaría tener una obra en casa?

Puesto que necesitaría hacer bastantes reformas para una instalación lumínica de James Turrell, me conformaría con una obra de mi amiga Andrea Díaz Reboredo.



¿Cómo le gustaría ver representada su Ay, Carmela dentro de 20 años?

Por el Teatro de Marionetas de Agua vietnamita; y en Hanoi, por ejemplo. Pero no creo que duraré tanto...



¿Qué es lo mejor que le ha dado el Nuevo Teatro Fronterizo?

La convicción de que otro teatro es posible... y de que ya hay gente empeñada en procurarlo.



¿Le importa la crítica? ¿Le sirve para algo?

Menos que cuando empezaba a construir mi identidad artística, allá por los años 70 del pasado siglo.



¿Qué música está escuchando?

Últimamente, Arvo Pärt y Silvia Pérez Cruz.



¿Es usted de los que recela del cine español?

En absoluto. Recelo en cambio de la industria cinematográfica española, que ha dejado languidecer a no pocos verdaderos creadores. Como Víctor Erice, sin ir más lejos.



¿Cuál es la película que más veces ha visto?

De chaval, Las minas del rey Salomón (catorce veces, creo...). Y ya de adulto, Código desconocido, de Haneke.



¿Qué libro debe leer el nuevo presidente del Gobierno?

Depende de quién resulte investido... Pero supongo que a todos les convendría leer un estimulante ensayo de Georges Didi-Huberman: Supervivencia de las luciérnagas.



¿Le gusta España? Denos sus razones.

Es un concepto demasiado amplio, difuso y plural... Digamos, no obstante, que hay en España cosas que me gustan lo suficiente como para no exiliarme. Aunque no voy a negar que, a veces, la tentación es muy fuerte...



Regálenos una idea para mejorar la situación cultural de nuestro país.

Reforzar, dignificar y extender el sistema educativo en todos sus niveles.