Alejandro Davidovich celebra la victoria en el Masters 1.000 de Shanghái.

Alejandro Davidovich celebra la victoria en el Masters 1.000 de Shanghái. Reuters

Tenis

Alejandro Davidovich, de tocar fondo a conquistar Shanghái: la pausa necesaria para romper las fronteras del tenis español

El malagueño remontó a Rafa Jódar en una final histórica y con su primer Masters 1.000, llama a la puerta de David Ferrer para disputar la Copa Davis.

Más información: Davidovich hace historia para el tenis español en el Masters 1.000 de Shanghái tras remontar en la final a Rafa Jódar

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Alejandro Davidovich Fokina necesitaba volver a sentirse tenista. Dos meses alejado de las pistas, una espalda que no respondía y la frustración de contemplar desde casa cómo sus compañeros competían mientras él intentaba recuperarse.

El malagueño no atravesaba un simple paréntesis en su calendario: vivía uno de esos periodos en los que el cuerpo obliga a detenerse y la cabeza tiene que aprender a convivir con la incertidumbre.

El tenis, sin embargo, le tenía reservado un desenlace difícil de imaginar durante aquellos días. Este domingo, Davidovich ha conquistado el Masters 1.000 de Shanghái tras remontar a Rafa Jódar por 1-6, 7-6(5) y 6-4. Es el primer español que levanta el trofeo del torneo chino y el mayor título de una carrera que llevaba tiempo buscando una victoria de semejante dimensión.

La final fue el reflejo de una semana en la que el malagueño se negó a dar un partido por perdido. Jódar arrancó con una autoridad incontestable, desbordando a su compatriota en el primer set y prolongando su dominio hasta adelantarse con una rotura en el segundo.

Davidovich estaba contra las cuerdas, pero resistió, encontró respuestas y se llevó el desempate. En el parcial definitivo, supo aprovechar sus oportunidades para sellar la remontada.

No fue únicamente una cuestión de golpes. También de resistencia, paciencia y capacidad para gestionar los momentos de máxima presión. En una carrera en la que el talento y la intensidad siempre han acompañado al malagueño, Shanghái ha servido para mostrar una versión capaz de sostenerse cuando el partido amenaza con escaparse.

Dos meses en los que el cuerpo dijo basta

El origen de esta historia se encuentra en Wimbledon. Después de su primer partido en el torneo londinense, Davidovich comenzó a sentir molestias en la espalda.

Decidió continuar porque se encontraba a buen nivel, aunque posteriormente reconocería que quizá no debería haberlo hecho. Una resonancia confirmó una protrusión discal, una lesión que le obligó a replantearse el calendario.

"Seguí jugando en Wimbledon, pero no debería. Estaba muy bien de nivel, no podía rendirme", explicó al repasar un periodo que terminó por apartarle de la competición.

Davidovich, en la final del Masters 1.000 de Shanghái.

Davidovich, en la final del Masters 1.000 de Shanghái. Reuters

El intento de regresar en Umag no salió como esperaba. La espalda volvió a resentirse y el equipo decidió parar para permitir una recuperación adecuada. Cincinnati y el US Open desaparecieron de sus planes, pese a que el malagueño confiaba inicialmente en disputar ambos torneos.

"No quería ir a Cincinnati al 50%: quería volver con todo", reconoció. Tras varias semanas sin competir y con limitaciones en su preparación física por la lesión, recuperar el ritmo resultó más complicado de lo previsto.

La parte más difícil, no obstante, no se veía en una resonancia. "Mentalmente es durísimo, porque quería jugar, la gira norteamericana siempre la disfruto, pero mi espalda no estaba lista cada vez que me metía en intercambios", relató.

Davidovich tampoco escondió el desgaste que supone contemplar desde fuera el circuito al que uno desea regresar. "Mentalmente fue durísimo ver cómo otros llegaban a rondas finales y tú te quedas viéndolo en tu casa", admitió.

Fueron semanas de frustración, pero también de aprendizaje. El malagueño encontró apoyo en su mujer, su perro y su equipo, mientras intentaba asumir que acelerar la vuelta podía resultar contraproducente. "Fueron dos meses con ella, con mi perro, con el equipo, no estuvo tan mal, pero yo quería jugar", resumió.

No se trata de presentar la lesión como una explicación única de su transformación, sino de entender el contexto de un regreso que exigía recuperar tanto las sensaciones físicas como la confianza competitiva.

De Chengdu a la conquista de Shanghái

La vuelta llegó en Asia y no pudo resultar más productiva. Davidovich conquistó Chengdu a finales de septiembre y encontró en Shanghái una oportunidad para confirmar que estaba preparado para competir de nuevo al máximo nivel.

En China tuvo que superar partidos de enorme exigencia. Remontó ante Hubert Hurkacz y Alexander Zverev, antes de imponerse a Jódar en una final que comenzó de la peor manera posible. Tres encuentros distintos, unidos por una misma capacidad para resistir cuando el marcador no acompañaba.

El triunfo tiene, además, un significado especial. Davidovich ya había disputado una final de Masters 1.000, en Montecarlo en 2022, pero entonces se quedó a las puertas.

Esta vez, después de haber perdido sus cinco primeras finales en el circuito, ha encadenado tres títulos ATP en una misma temporada: Mallorca, Chengdu y Shanghái.

La victoria no borra las dificultades de los últimos meses, pero sí permite observarlas desde otra perspectiva. El jugador que necesitó detenerse para recuperarse ha encontrado en su regreso la mejor racha de su carrera.

La Copa Davis, un nuevo horizonte

El éxito de Shanghái también abre una puerta para Davidovich: la posibilidad de disputar las Finales de la Copa Davis, previstas para noviembre en Bolonia.

Su ausencia de la eliminatoria contra Dinamarca en Marbella, en septiembre de 2025, dejó un episodio delicado en su relación con el equipo y con el capitán, David Ferrer. Ahora, sin embargo, el propio tenista ha confirmado que ambos han mantenido conversaciones y que está dispuesto a asumir un papel menos protagonista si resulta necesario.

"Yo le he dicho que estoy dispuesto a ser el quinto jugador, que me tiene ahí para estar en el equipo", explicó tras conquistar Shanghái. Y añadió: "Si me convoca, estaré ahí".

La decisión final corresponde a Ferrer, que debe valorar las necesidades del grupo y el estado de forma de los candidatos. El título chino, en cualquier caso, refuerza los argumentos deportivos del malagueño en un momento en el que ha demostrado que puede competir y ganar ante rivales de primer nivel.

Hace apenas unos meses, su principal objetivo era recuperarse para volver a jugar sin dolor. Hoy, Alejandro Davidovich es campeón de Shanghái, ha abierto una frontera inédita para el tenis español y vuelve a mirar hacia la selección.