Alejandro Davidovich, durante su infancia.

Alejandro Davidovich, durante su infancia. Redes sociales.

Tenis

Davidovich, 27 años, sobre su infancia: "Me criaron de una manera rusa. Estaba perdido y el psicólogo me ayudó mucho"

El tenista español, que juega la final del Masters 1.000 de Shanghái, no tuvo unos primeros años fáciles.

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Guillermo Echeverría
Publicada

Alejandro Davidovich vivió una infancia marcada por una profunda encrucijada cultural en su hogar de La Cala del Moral.

El jugador malagueño, hijo de padres de origen ruso pero criado en territorio andaluz, experimentó durante su niñez un drástico contraste normativo y social que terminó afectando a su estabilidad emocional y a sus primeros pasos en el deporte de alta competición.

El deportista creció bajo una constante dualidad geográfica e identitaria. Mientras que en las aulas escolares se mimetizaba con las costumbres y el estilo de vida de sus compañeros españoles, las dinámicas internas de su casa familiar se regían por códigos radicalmente opuestos.

Esta falta de sintonía entre ambos mundos provocó un laberinto psicológico difícil de gestionar para un niño en edad de crecimiento. "Me criaron de una manera rusa. Estaba perdido y el psicólogo me ayudó mucho", llegó a manifestar el tenista al recordar las dificultades para encajar su propia realidad.

Aquel conflicto de pertenencia se manifestaba a través de pautas conductuales contradictorias. Por una parte, la herencia paterna demandaba una rectitud implacable; por la otra, el entorno andaluz invitaba a una expresividad completamente ajena a la tradición de sus progenitores.

Fue en 2022 cuando el jugador decidió verbalizar públicamente esta encrucijada, detallando que "la mentalidad rusa es muy directa, sólida, brutal. La española es totalmente lo opuesto", un choque de trenes cultural que solía colapsar la mente de un chaval enfocado en abrirse camino con la raqueta.

Con los años, sumado al impacto emocional derivado de la separación de sus padres cuando tenía diez años, el respaldo de especialistas en salud mental resultó fundamental para encauzar su carrera.

El trabajo psicológico no solo le sirvió para asimilar sus raíces y estructurar su pasado familiar, sino también para canalizar el temperamento volcánico que hoy le define en la pista. La terapia le enseñó a fusionar la firme disciplina rusa con la soltura competitiva española, transformando la confusión de su infancia en el motor de su madurez a los 27 años.