Djokovic de niño.

Djokovic de niño. REDES SOCIALES

Tenis

Djokovic, 39 años: "He vivido dos guerras y un embargo. Desde las 5 de la mañana hacía cola para conseguir pan y leche"

El serbio ha recordado varias veces cómo el terror de los bombardeos de la OTAN y la extrema escasez moldearon su inquebrantable mentalidad en las pistas.

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Detrás del tenista con más títulos de Grand Slam de la historia se esconde un niño que aprendió a sobrevivir antes que a ganar. Novak Djokovic ha recordado en numerosas ocasiones cómo las adversidades moldearon su inquebrantable mentalidad competitiva.

Su infancia en la Serbia de los años noventa distó mucho de la comodidad de la que disfrutan la mayoría de los atletas de élite actuales. Estuvo marcada por el estruendo de los bombardeos de la OTAN y la absoluta escasez económica.

El serbio detalló con dureza este panorama en una entrevista a Sony Sports Network, en enero de 2023 tras ganar el Open de Australia. Fue en ese espacio televisivo donde el de Belgrado pronunció las palabras que capturan el espíritu de su juventud: "He vivido dos guerras y un embargo. Desde las 5 de la mañana hacía cola para conseguir pan y leche".

Con este relato, el tenista visibilizó el drama de una familia que dependía de la paciencia de un abuelo y un nieto para asegurar el alimento diario en una mesa. Aquella precaria realidad no solo se medía en desabastecimiento, sino también en un terror psicológico constante provocado por el conflicto bélico.

En una emotiva entrevista exclusiva compartida en sus redes en octubre de 2024, Djokovic rememoró el pánico absoluto de las noches bajo las alarmas antiaéreas: "Es el temor a lo desconocido. No saber si la próxima sirena o bomba va a caer sobre tu casa o la de tus amigos".

Djokovic llora con la bandera de Serbia.

Djokovic llora con la bandera de Serbia. REUTERS

En ese mismo testimonio, describió la desesperación de ver a su madre quedar inconsciente tras golpearse en la oscuridad mientras la familia intentaba alcanzar a ciegas el búnker subterráneo.La guerra obligó a Djokovic a madurar de golpe y a asumir responsabilidades adultas junto a su padre siendo apenas el hermano mayor.

A pesar de que el entorno jugaba en su contra y de que los atletas de su país tenían prohibido competir en el extranjero, el joven Novak se refugiaba en las pistas de tenis. Entrenaba incluso entre las ruinas de los sitios bombardeados porque eran los únicos lugares libres de nuevos ataques.

La resiliencia del serbio no nació de la comodidad, sino de un instinto puro de superación. Como él mismo afirmó en sus declaraciones a los medios en febrero de 2020, tras ganar otra de sus batallas en Melbourne: "Este tipo de cosas te hacen más fuerte y te generan más hambre por el éxito".

Hoy, con casi cuatro décadas de vida, aquellas colas de madrugada y los sótanos de Belgrado siguen siendo el motor que impulsa cada golpe de su raqueta.