Alcaraz y Djokovic, durante el Open de Australia.

Alcaraz y Djokovic, durante el Open de Australia.

Tenis

El fuego voraz de Carlos Alcaraz ante la llama eterna de Djokovic, la final de los récords en el Open de Australia

El español puede convertirse en el más joven de la historia en ganar los cuatro Grand Slam, mientras que el serbio aspira a conquistar su 25º grande.

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Melbourne espera este domingo el encuentro que puede redefinir la jerarquía del tenis mundial. En la Rod Laver Arena, Carlos Alcaraz se enfrentará a Novak Djokovic en una final del Open de Australia que trasciende la mera disputa de un trofeo.

No se trata únicamente de un partido de tenis: es la colisión entre el fuego de la juventud y la llama inextinguible de la experiencia, entre el hambre de grandeza absoluta y la sed insaciable de un último acto de inmortalidad. Es el duelo de quien quiere seguir siendo el mejor y quien ya lo ha demostrado en todas las latitudes del tenis mundial.

Alcaraz llega a esta final con el reto de arrebatar un récord que dura 88 años. Don Budge reunió el primer Career Grand Slam de la historia en 1938, a los 22 años y 11 meses. Este domingo, el murciano tiene la oportunidad de romper ese registro y convertirse en el jugador más joven de la historia en ganar los cuatro grandes torneos, a los 22 años, 8 meses y 26 días.

En su mochila ya carga el US Open 2022 y 2025, Wimbledon 2023 y 2024, y Roland Garros 2024 y 2025. Solo le falta el Open de Australia. Solo le falta ese trofeo para sellar su lugar en la historia del tenis.

Pero si Alcaraz juega por la juventud y el presente, Djokovic juega por la eternidad. El serbio persigue su ansiado 25º Grand Slam, una cifra que lo situaría en solitario como el tenista con más títulos grandes de la historia, superando los 24 que actualmente comparte con Margaret Court.

A sus 38 años, Djokovic aspira a ampliar su dominio absoluto en Melbourne Park, escenario donde ha construido su leyenda como ningún otro jugador: 10 títulos y 103 victorias en el torneo. Para el serbio, Melbourne es más que un torneo. Es su templo.

La odisea a la final

Ninguno llega a esta final por la vía sencilla. Ambos tuvieron que superar semifinales que quedaron inscritas en el tejido mismo del torneo, batallas que revelan qué hay dentro de cada uno cuando todo está en juego.

Alcaraz protagonizó uno de los partidos más memorables de la historia del Abierto de Australia al derrotar a Zverev tras 5 horas y 27 minutos de una batalla épica.

Carlos Alcaraz, al más puro estilo Rafa Nadal en Melbourne

El español ganó los dos primeros sets con solvencia (6-4, 7-6), pero entonces el físico le jugó una mala pasada. Llegaron los calambres, los vómitos, y Zverev se le subió a las barbas y logró igualar un partido que tenía prácticamente perdido.

En el quinto set, con el alemán sacando para la final 5-4, Alcaraz encontró fuerzas donde no las había. Ganó cuatro juegos seguidos. Cerró el partido 7-5. Levantó el puño al cielo de Melbourne consciente de haber protagonizado un partido para la historia.

Djokovic protagonizó también una historia para el recuerdo. Siempre a remolque contra Sinner y llevando su juego y físico al límite para intentar encontrar una grieta en el tenis robótico del italiano.

Lo logró, le empujó a jugar el quinto set y ahí fue donde hizo uso de su experiencia. Firmó un break en el momento preciso, salvó tres bolas de rotura justo después y acabó derrocando al vigente campeón y provocando el delirio de la Rod Laver.

Nuevo capítulo

La historia entre Alcaraz y Djokovic es la narrativa de una rivalidad joven que ya produce encuentros para la memoria. El balance general favorece al serbio con un 5-4. Pero los números cuentan solo parte de la historia. En Grand Slams, Alcaraz domina 3-2. Y en finales de Grand Slams, el español lleva el 2-0.

Ganó Wimbledon 2023 tras una batalla épica de más de cuatro horas contra el serbio. Luego repitió en 2024 con una exhibición dominante en un encuentro donde Alcaraz demostró que su tenis agresivo puede anular incluso la defensa más perfecta del tenis moderno.

Donde se impuso el balcánico fue en la final de los Juegos Olímpicos de París 2024. Un duelo que puso el broche de oro a su carrera y que provocó que se le saltaran las lágrimas.

El duelo entre Alcaraz y Djokovic es también un choque de filosofías tenísticas que define la evolución del deporte. El español encarna el tenis del futuro: agresivo, explosivo, versátil y espectacular. Su derecha genera velocidades de entre 177 y 193 km/h, con una combinación devastadora de potencia y efecto que desestabiliza a cualquier rival.

Carlos Alcaraz y Novak Djokovic, tras la final de Wimbledon 2024

Carlos Alcaraz y Novak Djokovic, tras la final de Wimbledon 2024 Europa Press

Alcaraz ataca desde el primer golpe, busca constantemente tomar la iniciativa, sube a la red con frecuencia y combina golpes planos con efectos pesados para romper el ritmo.

Frente a esta explosión de juventud se encuentra la máquina perfecta: Djokovic, el maestro de la resiliencia mental y la resistencia física.

El serbio ha construido su leyenda sobre tres pilares fundamentales: una devolución de saque considerada la mejor de la historia, una capacidad de recuperación física que le permite jugar partidos de más de cinco horas sin perder energía, y una mentalidad férrea que lo convierte en especialista en reparar situaciones adversas.

Las condiciones rápidas de Melbourne Park favorecen su juego de contra, su devolución quirúrgica y su capacidad para neutralizar la potencia rival desde posiciones defensivas. Pero también permite que Alcaraz golpee plano y fuerte, exactamente lo que necesita.

La final de Melbourne medirá a un joven que no conoce límites enfrentándose a un veterano que se niega a reconocerlos. Cuando suene el primer servicio, habrá en juego mucho más que un trofeo: habrá la oportunidad de ambos de sellar su eternidad. Y eso, en definitiva, es lo que siempre ha movido a los grandes.