Serena Williams, en su llegada a la ceremonia del Premio Princesa de Asturias de los Deportes 2025

Serena Williams, en su llegada a la ceremonia del Premio Princesa de Asturias de los Deportes 2025 Europa Press

Tenis

Serena Williams (44), extenista, sobre cómo se mantiene joven: "Mi filosofía es comer para vivir. No vivir para comer"

La estadounidense, retirada desde 2022, siempre destacó su manera de alimentarse como herramienta para alargar la carrera y, ahora, para llegar fuerte a la madurez.

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Serena Williams lleva años retirada del circuito, pero su figura sigue presente cada vez que se habla de longevidad deportiva, salud y estilo de vida. Hay un aspecto que ella misma lleva tiempo subrayando: su manera de alimentarse como herramienta para alargar la carrera y, ahora, para llegar fuerte a la madurez.

Esa idea quedó cristalizada en una frase que pronunció en agosto de 2021, durante un evento de Nintendo, en una entrevista con la revista Women's Health: "Mi filosofía es comer para vivir. No vivir para comer".

En aquella conversación, Williams explicaba que ve la comida ante todo como combustible. No hablaba de restricciones extremas, sino de intención: comer lo que le permite entrenar, competir y recuperarse mejor.

En la misma entrevista añadía que "quiere tener un estilo de vida saludable" y que, por ello, estaba "comiendo un montón de verduras y, últimamente, sobre todo cosas de origen vegetal, cosas súper saludables".

Ese giro hacia un patrón casi plant-based se consolidó tras los problemas autoinmunes de su hermana Venus y las recomendaciones médicas que recibió la familia.

Serena Williams

Serena Williams E.P.

El esquema que describía a Women's Health es el de una dieta mayoritariamente basada en vegetales, legumbres, cereales integrales y proteínas de origen vegetal, con pequeñas concesiones puntuales a huevos o algo de carne blanca cuando siente que necesita reforzar la proteína.

Fuera de la temporada más exigente, mantiene un perfil casi vegano; en etapas de mayor carga física, introduce con moderación productos animales sin renunciar a la base vegetal. Para ella, el equilibrio no está en la prohibición absoluta, sino en que la mayoría de lo que entra en el plato sean alimentos densos en nutrientes y poco procesados.

Una de las partes más interesantes de esa entrevista es cuando detalla qué come justo antes de competir. Williams cuenta que, en la previa de los partidos, evitaba experimentos y recurre siempre a una estructura similar:

"Me gusta tomar muchas verduras antes de mi partido y luego fruta, y un poco de carbohidratos y algún tipo de proteína. Intento meter todos los grupos de alimentos en un solo plato".

Es decir, ensalada generosa, algo de fruta fresca, una ración moderada de hidratos de carbono y una fuente de proteína que cierre el círculo. De ese modo, llega a la pista con energía sostenida, sin picos de azúcar ni sensación de pesadez.

Su menú diario, tal y como lo ha ido contando en los medios, suele incluir hamburguesas de legumbres, burritos sin gluten rellenos de frijoles, ensaladas abundantes con frutos secos y opciones de comida mexicana adaptadas a su gusto, siempre sin carne de vacuno ni aguacate, dos ingredientes que admite que nunca le han convencido.

La clave está en que, incluso cuando se da un capricho en forma de tacos o pizza, suele optar por versiones vegetales, con "carne" de nueces o preparados a base de legumbres.

Williams también ha contado que no es especialmente amante del desayuno tradicional: a menudo sale de casa sin haber comido, ocupada en preparar a su hija, y espera a tener realmente hambre para hacer la primera ingesta del día.

Cuando tiene tiempo, le gusta cocinar y ha descrito la cocina como una actividad que le relaja, aunque reconoce que su agenda no siempre le permite hacerlo tanto como quisiera. Entre bastidores, se apoya en chefs especializados en cocina vegetal que han trabajado años con las hermanas Williams para asegurar variedad y calidad en sus platos.

La combinación de esa disciplina flexible -platos mayoritariamente vegetales, control del azúcar añadido, timing muy pensado antes de los partidos- con una carrera de casi tres décadas en la élite ayuda a entender por qué, a los 44 años, Serena sigue viéndose y sintiéndose joven.

Su famosa máxima de "comer para vivir" no es solo una frase redonda: es el resumen de una estrategia que convirtió la comida en aliada de su longevidad competitiva y, ahora, de su vida después del tenis