Nadal, entrenando en las pistas de Aorangi Park.

Nadal, entrenando en las pistas de Aorangi Park. Peter Nicholls Reuters

Tenis Wimbledon

Cinco motivos por los que Nadal puede soñar en Wimbledon

El número uno del mundo debuta este martes ante Dudi Sela persiguiendo su tercer trofeo en la Catedral.

Londres (enviado especial)

Este martes, Rafael Nadal debutará en Wimbledon ante Dudi Sela (127 del mundo) con la vista puesta en un título que ha ganado dos veces (2008 y 2010) y que desea levantar de nuevo. El mallorquín, número uno del mundo, llega al tercer Grand Slam del año lanzado tras una gira de tierra batida perfecta, y con mucho a su favor para soñar con la tercera copa.

EL MOTOR DE LAS GANAS

Toni Nadal, tío y hasta finales del año pasado uno de los entrenadores del tenista, se encargó de repetirle a su sobrino la importancia de ganar Wimbledon para ocupar un lugar privilegiado en la historia. El mensaje tuvo efecto rápidamente en Nadal, que desde pequeño se mostró abierto a entender los misterios de una superficie especial, que ganó el título dos veces (2008 y 2010) y que encadenó cinco finales consecutivas (2006-2011), demostrando que con ganas casi todo es posible. Ahora, a los 32 años, Nadal sigue repitiéndole a los suyos lo mismo que hace una década: tiene mucha ilusión de reconquistar el torneo más prestigioso del mundo.

CON LAS RODILLAS SANAS

Tras competir encadenado a sus problemas de rodilla durante cuatro temporadas (2012-2015, en 2016 no participó por una lesión en la vaina del cubital posterior de la muñeca izquierda) que le impidieron ser competitivo en Wimbledon, encajando derrotas ante rivales sin pedigrí (a excepción de Nick Kyrgios en los octavos de 2014), Nadal jugó la temporada pasada libre de limitaciones, motivo suficiente para sentirse preparado en el asalto al título. Este año, el número uno regresa a Londres con las rodillas preparadas para una superficie que obliga a la flexión constante. Sobre hierba, claro, se juega todo el rato agachado y con dolor es imposible.

NO ES PLANTEABLE RENUNCIAR

Por segunda temporada consecutiva, Roger Federer tomó la decisión de no jugar la gira de tierra batida, incluyendo Roland Garros. Pensando en descansar, con casi 37 años (los cumplirá el próximo mes de agosto), el suizo volvió a evitar así una superficie que exige un gran desgaste físico, y que históricamente le ha costado dominar más que las otras.

¿Podría Nadal hacer lo mismo? ¿Podría el balear no jugar la gira de hierba? ¿Podría saltarse un torneo que en los últimos tiempos solo le ha dado disgustos, respirar y pensar en el verano estadounidense de pista rápida? Sí, podría, pero para el campeón de 17 grandes no es una opción porque Wimbledon es uno de los torneos más importantes del calendario, y el balear aspira a hacerlo suyo de nuevo.

UNA PREPARACIÓN ESTUDIADA

Al igual que en 2017, Nadal renunció a jugar en Queen’s como preparación de Wimbledon y optó por aclimatarse en las pistas de hierba del Mallorca Open, a pocos minutos de su casa. Después de la paliza física y mental de la gira de tierra, con los títulos en Montecarlo, Barcelona, Roma y Roland Garros, el mallorquín eligió la vía conservadora como adaptación al césped, pero eso no significó que cayese en la relajación, ni mucho menos: durante cinco días, el balear se entrenó en Mallorca por espacio de dos horas, luego voló a Londres para continuar trabajando en las pistas del torneo y se inscribió en el torneo de exhibición de Hurlingham, logrando una victoria ante el australiano Ebden y una derrota contra Lucas Pouille.

BUEN SORTEO

Pasar la primera semana de competición para poder comenzar a disputar un torneo nuevo. Ese ha sido siempre el principal objetivo del español al jugar en Wimbledon. Las tres primeras rondas, ya se sabe, son muy peligrosas porque la hierba está todavía nueva, sin romper, y cualquier contrario con un buen saque y una volea decente se convierte automáticamente en una amenaza muy seria.

El pasado viernes, Nadal conoció que la suerte había estado de su lado cuando el sorteo del cuadro le cruzó con Sela en el punto de partida de un camino formado por Mikhail Kukushkin o Vasek Pospisil, Marco Cecchinato y Diego Schwartzman antes de los cuartos de final, donde hipotéticamente le esperaría Juan Martín del Potro. Si eso ocurre, el mallorquín estará disputando otro Wimbledon distinto, más lento, más abierto a los intercambios, más fácil de controlar, y con la tranquilidad de llevar una dinámica de victorias favorable.