Nadal, golpeando una derecha ante Thiem en Barcelona.

Nadal, golpeando una derecha ante Thiem en Barcelona. Toni Albir Efe

Tenis

¿Puede detener alguien a Rafael Nadal en Roland Garros?

Tras ganar Montecarlo y Barcelona, y con la mala dinámica de Andy Murray y Novak Djokovic, el mallorquín es el principal candidato para levantar su décima corona en París.

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Vestido con la misma ropa que ha llevado en la derrota ante Roger Federer en la final del Abierto de Australia de 2017, Rafael Nadal se acuerda de la derecha cruzada que falla para colocarse 4-2 en el quinto set del partido. El reciente recuerdo le quema porque posiblemente vale un título de la máxima categoría, la oportunidad de recortar distancias con el suizo en grandes ganados (14 a 17, que termina siendo 14 a 18) y también la posibilidad de ponerle un broche perfecto a su regreso a la competición después de un 2016 de sinsabores. Bajo la decepción, sin embargo, hay un mensaje cristalino que sale a la luz este domingo, cuando el mallorquín gana su décimo título en Barcelona, una semana después de hacer lo mismo en Montecarlo. 

“Sé lo que he trabajado y lo que me ha costado llegar hasta aquí”, dijo en Melbourne el número cinco del mundo, con la herida de la derrota ante Federer todavía supurando. “Hoy no he podido alcanzar el título, pero soy realista: creo que ha faltado poco y también creo que si mi cuerpo me responde y puedo seguir trabajando de esta forma… creo que voy a ganar más”, prosiguió el mallorquín. “Obviamente, es una derrota dura, pero hay que estar contentos en general por su nivel”, le siguió Carlos Moyà, uno de sus entrenadores. “La realidad es que sale reforzado de aquí. Cuando se le pase un poco lo del partido de hoy, y mire atrás, verá que ha conseguido muy buenas victorias, que ha recuperado su mejor nivel y que está en el buen camino”.

Tres meses después de esas palabras, los acontecimientos han confirmado que ni Nadal ni Moyà estaban equivocados. Los resultados desde entonces (títulos en Montecarlo y Barcelona, finales en Acapulco y Miami), el número de victorias (29, más que nadie este año), la posición en la clasificación anual que marca la carrera a la Copa de Maestros de Londres (segundo, a 310 puntos de la primera posición de Roger Federer) y las sensaciones de juego apuntan a un jugador que cerca de cumplir 31 años ha recuperado el ritmo de crucero en su parte predilecta del calendario.

“Roland Garros me queda a meses vista”, aseguró el mallorquín aquella noche del mes de enero en Australia. “Como deportista no puedo estar pensando en cuatro torneos al año. Es verdad que son los torneos que cuentan más para la prensa, pero el tenis es mucho más que cuatro torneos al año”, insistió el campeón de 14 grandes. “Cuando digo que me veo capacitado para ganar torneos, me refiero a los torneos en los que voy a competir. De aquí a Roland Garros quedan muchos importantes, entre ellos cinco Masters 1000 y tres 500”, recordó. “Son muchas citas importantes las que tengo ahora encima”.

Nadal, celebrando su triunfo en el Conde de Godó.

Nadal, celebrando su triunfo en el Conde de Godó. Toni Albir Efe

Ahora, tras arrancar la gira de tierra batida europea como en sus mejores días, a Nadal solo le quedan dos torneos (Madrid y Roma) antes de aterrizar en Roland Garros y lanzarse a la conquista de otra décima copa de récord. En una de las temporadas más extrañas en años, con Andy Murray y Novak Djokovic muy lejos de ser los dos caníbales que se repartieron los trofeos durante un buen tiempo, la pregunta está clara. ¿Puede detener alguien a Nadal en Roland Garros? ¿Federer, que no pisará la tierra hasta que arranque el segundo grande del curso? ¿Stan Wawrinka y su irregularidad? ¿Dominic Thiem, devorado en la final de Barcelona? ¿Algún otro especialista en arcilla? 

“Hay que ir con los pies en el suelo siempre”, avisa Nadal tras tirarse a la piscina para celebrar el título en el Godó, un chapuzón que forma parte de la tradición del torneo. “Hay que saber que las cosas van por buen camino, pero que se pueden torcer rápidamente. El año pasado había ganado Montecarlo y Barcelona y cuando llegué a Madrid me lesioné la muñeca. Uno tiene que aceptar las cosas como vienen, aunque es verdad que estoy en un momento muy bueno”, cierra el español, que se irá unos días a Mallorca antes de competir en la Caja Mágica, donde llegará el próximo jueves.

“Sí, hay que tener los pies en el suelo”, coincide Francis Roig, otro de los técnicos de Nadal. “Al final, esto cambia de una semana a otra muy rápidamente. Estoy seguro de que en Roland Garros habrá jugadores peleando por el título, aunque a día de hoy no estén ganando muchos partidos. Murray, Djokovic… estoy convencido de que llegarán a París con un nivel mejor, distinto al actual”, insiste el entrenador catalán. “Eso sí: veo difícil que Rafa pierda este nivel porque tantas victorias le dan mucha confianza para pelear por todo”. 

A falta de unas semanas, la Copa de los Mosqueteros ya espera en París y Nadal no puede estar mejor colocado para soñar con conquistar de nuevo el lugar más importante de toda su carrera.