Fernando Mendoza en el Draft.

Fernando Mendoza en el Draft. Reuters

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Fernando Mendoza, el quarterback cubano que reina en el Draft de la NFL 2026

Los pronósticos se cumplieron y el quarterback de la Universidad de Indiana, de origen cubano, fue el primer pick del Draft de la NFL.

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Álvaro Rodríguez
Publicada

La noche de los sueños por excelencia de la NFL, el Draft en el que cientos de jugadores colegiales cumplen su deseo de entrar en la liga profesional de fútbol americano, tuvo un protagonista por encima de todos.

Fernando Mendoza, el quarterback de ascendencia cubana de la Universidad de Indiana que fue elegido con el primer pick del Draft de 2026 por los Las Vegas Raiders, franquicia de la que es un propietario parcial el legendario Tom Brady.

Nacido en Miami, sus cuatro abuelos emigraron a la Ciudad del Sol procedentes de La Habana buscando un futuro mejor. Estadounidense de segunda generación, Mendoza está llamado a ser la pieza en torno a la que Tom Brady construya su equipo para los próximos diez años.

El quarterback de Indiana viene de ganar el título de la NCAA con Indiana, una universidad marginal en el fútbol americano con la que nadie contaba a principio de temporada y que terminó con el título después de una temporada perfecta que Mendoza culminó en la final precisamente en Miami y ante la Universidad de Miami.

Ahora es cuando los sueños de Mendoza se cruzan con la realidad de la NFL y el Draft: el mejor jugador (supuestamente) llega al peor equipo.

"Es una de las cosas malas en cierto sentido que tiene el Draft. Es verdad que entras en la liga y firmas un gran contrato pero no tienes elección de dónde caes y una mala situación te puede lastrar mucho en el inicio de tu carrera", explicaba Charles Davis, analista de NFL Network que atendió a EL ESPAÑOL esta semana.

Los Raiders solo han tenido una temporada ganadora en los últimos nueve años y vienen de ganar solo tres partidos en 2025. Especialmente en la posición de quarterback, la situación en la que cae un jugador es crucial.

Fernando Mendoza en una convención.

Fernando Mendoza en una convención. Reuters

El ejemplo de Sam Darnold, campeón de la Super Bowl es significativo después de caer en los Jets y parecer lo que se conoce como un Draft Bust antes de reconducir su carrera en los Vikings.

"Yo siempre pienso que el talento se acaba imponiendo y que, si en tu primer equipo no funcionas debido al contexto, siempre va a haber alguien en la liga que vaya a seguir creyendo en tu talento", contaba Davis.

El Draft, que sigue siendo la única puerta de entrada a la NFL para los jugadores universitarios más codiciados, esencialmente se ha mantenido inalterable como vía de acceso a la liga.

Es verdad que han cambiado las estructuras de los contratos garantizados, o el número de jugadores elegidos, pero la realidad es que los prospectos siguen teniendo que pasar por el aro.

Casos muy excepcionales, como el de John Elway en 1983 o el de Eli Manning en 2004, que abiertamente avanzaron que se iban a negar a jugar para la franquicia que tenía el número uno del Draft, son, eso, excepcionales.

El Draft es donde se cruza el sistema profesional y el colegial, que si ha visto una alteración absolutamente estructural en los últimos años con la aparición del NIL (Name, Image and Likeness).

Esa fue la revolución que entró en vigor en 2021 y permite a los jugadores universitarios ganar dinero (hasta 6 millones Arch Manning, sobrino de Eli) y cambiar de universidad durante su carrera sin ningún tipo de penalización.

"Ahora algunos jugadores no tienen tanta prisa por entrar en la NFL porque pueden ganar un buen dinero en college y eso me parece bien", contaba Charles Davis en videollamada.

Pese a esta revolución en el paisaje de la NCAA, el Draft todavía no se ha visto impactado de ninguna manera al afrontar la llegada de jugadores más empoderados.

Fernando Mendoza jugará para el peor equipo del año pasado y una de las peores franquicias de los últimos años. Nadie le ha preguntado. Pero tampoco él hará grandes preguntas cuando le garanticen un contrato de en torno a 50 millones de dólares por cuatro años sin haber debutado en la NFL. Son las cosas del Draft. Y nos encantan.