Michael Phelps celebra su carto oro en Río 2016

Michael Phelps celebra su carto oro en Río 2016 REUTERS

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Michael Phelps (40), leyenda de la natación, sobre su dieta: "Me dijeron que debía comer entre 8.000 y 10.000 calorías"

El laureado nadador desveló algunos secretos sobre la alimentación que seguía cuando estaba en la élite del deporte.

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A. M.
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En la élite del deporte moderno, la nutrición ha pasado de ser un detalle secundario a convertirse en una ciencia tan importante como el entrenamiento en sí. En disciplinas de resistencia extrema como la natación, donde el cuerpo trabaja durante horas al límite, lo que se come y cuándo se come puede marcar la diferencia entre batir un récord o ni siquiera llegar a la final.

Pocos casos ilustran mejor esta realidad que el de Michael Phelps, el nadador más laureado de la historia de los Juegos Olímpicos, cuya dieta se convirtió casi en leyenda.

Durante años circuló el mito de que Phelps consumía 12.000 calorías diarias en sus etapas de máximo volumen de entrenamiento. El propio nadador acabó desmintiendo esa cifra, pero sí admitió que su ingesta calórica era abrumadora para un ser humano medio.

"Me dijeron que debía comer entre ocho y diez mil calorías al día. Intento ingerir todo lo que puedo. Básicamente, como lo que me apetezca", explicó en una entrevista al hablar de su rutina en los años de preparación olímpica. Esa horquilla de entre 8.000 y 10.000 calorías es, aún hoy, una referencia extrema incluso dentro del deporte de alto rendimiento.

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Su filosofía en plena vorágine olímpica se podía resumir en un patrón tan simple como brutal: "Comer, dormir y nadar, es todo lo que puedo hacer", llegó a decir después de conquistar su décimo oro olímpico, subrayando que su vida estaba completamente organizada alrededor del rendimiento.

Cada sesión de entrenamiento exigía una reposición masiva de energía; cada comida era una parada técnica para recargar el depósito y poder volver a la piscina unas horas más tarde.

Casos como el de Phelps han ayudado a que el gran público entienda que la nutrición de un deportista de élite no tiene nada que ver con las recomendaciones estándar para una persona sedentaria.

Expertos en fisiología del ejercicio explican que un nadador de su nivel puede llegar a necesitar entre 6.000 y 10.000 calorías al día en períodos de máxima carga, en función del número de sesiones, la intensidad y el trabajo de fuerza complementario.

No se trata solo de comer mucho, sino de aportar la mezcla adecuada de hidratos de carbono, proteínas y grasas, distribuidos en el momento preciso para optimizar la recuperación.

Michael Phelps, en los Juegos Olímpicos de Río.

Michael Phelps, en los Juegos Olímpicos de Río. Europa Press

La evolución del deporte de alto nivel en las últimas décadas ha ido precisamente en esa dirección: rodear al deportista de equipos de nutricionistas, fisiólogos y chefs especializados que diseñan menús al milímetro.

En muchas delegaciones olímpicas ya es habitual que cada comida esté planificada con antelación según la sesión de entrenamiento o la competición del día siguiente, con controles constantes de peso, composición corporal y niveles de hidratación. La vieja idea del talento natural ya no basta; la diferencia se marca también en la mesa.

Una leyenda

El palmarés de Phelps ayuda a entender por qué su cuerpo necesitaba una maquinaria de alimentación tan afinada. El estadounidense suma 28 medallas olímpicas en total, de las cuales 23 son de oro, repartidas en cuatro Juegos (Atenas 2004, Pekín 2008, Londres 2012 y Río 2016).

En Pekín logró una de las mayores gestas de la historia del deporte: ocho oros en ocho pruebas, superando el récord de Mark Spitz y convirtiéndose en un icono planetario. A ese botín se añaden múltiples títulos mundiales y récords del mundo en pruebas como los 100 y 200 mariposa, y los 200 y 400 estilos, que dominaron la natación durante más de una década.

Detrás de ese listado de éxitos hay miles de kilómetros acumulados en la piscina, rutinas extenuantes de doble y triple sesión y una disciplina férrea fuera del agua. La nutrición, lejos de ser un mero complemento, fue una de las llaves que permitieron a Phelps encadenar jornadas de entrenamiento y finales olímpicas sin que el cuerpo se derrumbara. 

El legado de Phelps no solo se mide en medallas y récords, sino también en cómo su caso contribuyó a cambiar la percepción sobre la alimentación en el deporte. Hoy, cuando se habla de preparación olímpica, ya no se piensa sólo en series, gimnasio y psicología, sino también en menús, horarios de ingesta y estrategias de recuperación nutricional.

Comer, dormir y entrenar siguen siendo los tres pilares, pero la forma en que se come -y lo que se come- se ha convertido en una de las fronteras decisivas del éxito.