Alex Txikon durante las jornadas de equipamiento de la ruta en el Everest.

Alex Txikon durante las jornadas de equipamiento de la ruta en el Everest. Foto: Alex Txikon

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Alex Txikon desafía al Everest, al invierno y al fantasma de la muerte de Tomek Mackiewicz

El alpinista vasco iniciará su segundo asalto a la cima del mundo después de verse obligado a abandonar en 2017 y apenas unos días después de la muerte del polaco en el Nanga Parbat mientras intentaba su invernal.

Reina la calma en el campo base del Everest. En la falda de la cima del mundo -8.848 metros de altitud- se respira tranquilidad lejos del ajetreo y las multitudes que atestan el mismo espacio cuando la nieve deja paso a la primavera, cuando las condiciones meteorológicas mejoran y soñar con hollar cima es más 'sencillo', cuando todo es total y absolutamente diferentes al invierno, al frío, el viento, las condiciones cambiantes -a peor siempre, claro-, cuando sólo los valientes se atreven a intentarlo. Al que, por cierto, en los tiempos recientes pertenece única y exclusivamente al español Alex Txikon.

La cumbre del Everest no es un lugar ajeno para los alpinistas. Con cierta regularidad hay gente en lo más alto del planeta: escaladores profesionales que ascienden por rutas sencillas o infernales, aficionados bien preparados y mejor acompañados, turistas que pueden costearse quienes, literalmente, los lleve hasta final. Sin embargo, un cuarto de siglo ha transcurrido desde que en 1993 tres cordadas japonesas lograsen la última ascensión invernal. Aunque para el vasco, cámara de Al filo de lo imposible tantos y tantos años, su primer ochomil a los 21, ese desafío es insuficiente.

Alex Txikon necesita algo más, un reto mayor, así que lo hará sin oxígeno embotellado.

Alex Txikon, Everest invernal 2018. Trabajando en la Cascada del Khumbu PODIUM

La reciente ascensión en tiempo récord de Killian Jornet, sin olvidar la absoluta barbaridad que supone su hazaña, poco o nada tiene que ver con aquello a lo que se enfrenta Txikon. De hecho, el alpinista de Lemoa (Vizcaya) no sólo tendrá que lidiar con el tiempo, sino que lo hará también con el recuerdo aún muy reciente en la memoria de la muerte de Tomek Mackiewicz.

El alpinista polaco, siempre acompañado de la francesa Elisabeth Revol, intentó hace menos de un mes la invernal al Nanga Parbat, precisamente el lugar donde Txikon -junto al italiano Simone Moro y al pakistaní Ali Sadpara- hizo cima en plena temporada invernal en febrero de 2016 después de que otras 29 expediciones fracasen a lo largo de los anteriores 28 años. Y precisamente allí perdió la vida.

Pese a los denodados intentos por llegar hasta él -Revol sí consiguió sobrevivir al descender hasta los 6.200 metros-, los grupos de rescate decidieron abandonar su búsqueda, pues Mackiewicz se había quedado en una tienda a 7.200 metros con mal de altura, ceguera de montaña y un edema pulmonar. Se convirtió así en la víctima número 82 de la conocida como Montaña Asesina y, sobre todo, en un aviso para Txikon y Carlos Rubio.

Uno de los principales problemas en las labotes de rescate de Mackiewicz fue que el viento impidió a los helicópteros elevarse hasta los 6.000 metros y los alpinistas tuvieron que comenzar a subir a la desesperada desde los 4.400. De hecho, Tixkon ya sabe que eso puede pasar y el año pasado, cuando ya intentó esta invernal al Everest por primera vez, optó por detener sus ansias de atacar la cima cuando su compañero entonces y también hoy, Carlos Rubio, sufrió una infección pulmonar.

En 2017, Carlos Rubio tuvo que ser trasladado desde el Campo 2 a un centro médico a los pies del Everest primero y después a un hospital en Katmandú. El resto de la expedición apostó por intentarlo sin él, aunque después de 75 días desde su partida desde España decidieron posponer el reto para este 2018. "Habría sido un verdadero suicidio continuar adelante. [...] No debemos cometer locuras que luego no podamos contar", afirmó entonces Txikon antes las condiciones adversas con las que se encontró: temperaturas en torno a los 40 o 50 bajo cero que descendían la sensación térmica hasta los 60 grados negativos y rachas de viento que alcanzaron intensidades de hasta 115 kilómetros por hora.

Aquello fue lo que se encontró en 2017 y lo que ha encontrado en 2018. De momento, la expedición compuesta por Txikon, Rubio y cuatro sherpas ha conseguido equipar con cuerdas la ruta hasta los 7.850 metros y se encuentra ya en el campo base del Everest a la espera de una ventana de buen tiempo que les permita atacar la cima. Según la web especializada Mountain forecast, esa ventana se podría haber producido desde el miércoles 14 después de las nevadas del 12 y el 13 de febrero. Sin embargo, ya a partir de hoy mismo, se espera un tiempo soleado aunque con la intensidad del viento arreciando.

"El viento que tenemos estos días en el campo base es de otro planeta", ha comentado a través de las redes sociales el montañero español, que ahora deberá decidir si apuesta por un intento la semana que viene o espera un poco más, pues para conseguir la invernal más pura posible tiene tiempo hasta finales de mes para realizar el intento.