Laurel Hubbard en el podio de una competición.

Laurel Hubbard en el podio de una competición. AAP

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La transexual con un padre homófobo que busca una medalla en la Commonwealth

Laurel Hubbard representará a Nueva Zelanda como halterófila en los Juegos de la organización. Hará historia, pero también tendrá que vencer el rechazo todavía imperante hacia su condición sexual.

Noviembre de 2004. Dick Hubbard, magnate de los cereales de desayuno y entonces alcalde de Auckland, firmaba, junto con su mujer, Pam, y otras personas, una carta polémica. En ella, el edil se mostraba contrario al matrimonio homosexual y a que los gays tuviesen descendientes biológicos. Quién le iba a decir que, 13 años después, la vida iba a ponerle en una encrucijada moral muy comprometida: su hijo ha hecho historia en el deporte neozelandés y mundial gracias a un cambio de sexo. Quizá Dick no lo comparta, pero hace tiempo que Gavin es Laurel.

Su transición de hombre a mujer, llevada a cabo durante los últimos seis años, le ha convertido en la primera deportista transexual que participará en los Juegos de la Commonwealth. A sus 39 años, Laurel será una de las 12 componentes del equipo de halterofilia de Nueva Zelanda. Ya tenía el permiso del Comité Olímpico Internacional y de la Federación de Halterofilia neozelandesa, pero ahora sus garantías son totales: representará al país en la categoría de más de 90 kilos, instaurada a principios de este mismo año por la Federación Internacional de su deporte.

Hubbard ya protagonizó un hito reseñable en esta modalidad el pasado marzo: ser la primera transexual que ganaba una competición femenina. Los 268 kilos que levantó (123 en arrancada y 145 en dos tiempos) le permitieron conquistar el Abierto Internacional de Australia. Mucho tiempo atrás, cuando todavía era hombre, llegó a tener el récord júnior de Nueva Zelanda en la categoría de más de 105 kilos: alzó 300. No obstante, también fue superado por todos sus rivales cuando tenía 20 años, durante la única competición nacional masculina en la que participó.

Es precisamente la antigua condición sexual de Laurel la que más recelo despierta a su alrededor. De hecho, esta ha provocado que el presidente de la Federación Australiana de Halterofilia, Michael Keelan, esgrimiese opiniones contradictorias sobre su caso. “Será interesante ver cuánto apoyo tiene de la comunidad, pero pienso que está en disposición de hacer mucha historia. Y podría ser un gran modelo a seguir para otros”, declaró en marzo tras el ya mencionado triunfo de Laurel.

Después de conocerse la presencia de Hubbard en los Juegos de la Commonwealth, las declaraciones de Keelan han sido muy distintas: “Si has sido un hombre, has levantado ciertos pesos y de repente te conviertes en mujer, psicológicamente sabes que has levantado esos pesos antes. Así no creo que la competición esté nivelada. Es mi opinión, y creo que es compartida por un montón de gente del mundo del deporte”.

Hubbard en acción.

Hubbard en acción.

“Si yo estuviera en esa categoría, no sentiría que compito en igualdad de condiciones. Incluso me plantearía para qué hago deporte”, aseveró la australiana Deborah Acason, habitual de la modalidad de más de 75 kilos. Eso sí, las afirmaciones más duras las realizó Iuniarra Sipaia, la haltera que quedó segunda tras Laurel en el Abierto Internacional de Australia.

“Pienso que fue injusto (perder) porque, en el fondo, ella todavía es un hombre, aunque ya se ha operado para cambiar de sexo. Sólo cambió su físico: sus emociones, su fuerza y todo siguen siendo las de un hombre. Todos sabemos que la fuerza de una mujer no es, ni de lejos, la de un hombre. No importa lo duro que entrenemos”, se quejó la deportista de Samoa. Sipaia también protestó porque ella fue sometida a un control antidopaje tras la prueba, cosa que no ocurrió con la ganadora.

Aquí entra en juego otro asunto de debate en torno a Hubbard: sus niveles de testosterona. Ha pasado todos los controles que se le han hecho y puede competir, pero Laurel no se libra del escepticismo ni en su propia Federación. “Compitió mucho tiempo como hombre y sus esfuerzos fueron muy grandes. Esa fuerza se ha mantenido con su nivel reducido de testosterona. Esto no lo reconoce la ciencia y algunos de nuestros deportistas quizá digan que no es justo”, declaró su presidente, Garry Marshall.

Las transexuales tienen que presentar unos niveles de testosterona por debajo de los 10 nanomoles por litro para poder participar en competiciones deportivas. Ya no hay problema, aun así, en que compitan sin haberse hecho la correspondiente operación de cambio de sexo. Lo que no quita para que el colectivo transexual siga sufriendo una discriminación inmensa también en el deporte.

El caso de Laurel no es el único de cierta notoriedad. A Hannah Mouncey se le impidió ser elegida en el Draft de la liga femenina de fútbol australiano. A Rodrigo Abreu le costó años poder jugar en una liga femenina de voleibol. A Mack Beggs le abuchearon por competir contra chicas en un torneo interescolar de lucha.

Y, a pesar de todo, aún hay esperanza para que deporte y transexualidad se entiendan algún día. “Estoy más que feliz de que ella se haya convertido en una mujer, no tengo ningún problema con eso. Como todo el mundo, tiene que hacer lo que necesite hacer para ser feliz”, declaró Tracey Lambrechs, haltera olímpica neozelandesa, a colación de Laurel Hubbard. Por mucho que los matices no desaparezcan: “Personalmente, pienso que debería poder competir, pero no debería poder quedarse con la plaza de otras chicas”.