Lewis Hamilton y Nico Rosberg durante el GP de México en 2016.

Lewis Hamilton y Nico Rosberg durante el GP de México en 2016.

F1

La F1 cierra una etapa marcada por la falta de competitividad y abre la mayor transformación técnica de toda su historia

Desde 2014 hasta 2025, la llamada 'era híbrida' dio lugar a un espectáculo muchas veces predecible donde un equipo, Mercedes, dominó con autoridad.

Más información: El AMR26 de Aston Martin podría usar una zona gris del reglamento para ganar potencia: los equipos retuercen las reglas

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El nuevo cambio de reglamento que aprobó la FIA para 2026 da paso a un escenario lleno de incógnitas a tenor de la contradicción en los resultados del último cambio de normativa que se produjo en 2014.

Si bien estas revoluciones se realizan con el objetivo de hacer las carreras más competitivas, con varios pilotos en la lucha por las victorias, el período más avanzado tecnológicamente de la historia de la Fórmula 1 coincidió con una de sus etapas más previsibles en el 'Gran Circo'.

La FIA quiere ahora romper esa tendencia y hacer de la Fórmula 1 un producto donde, sobre todo, se garantice el espectáculo. No obstante, eso se consigue con todos los pilotos luchando en las mismas condiciones, de igual a igual, por las victorias, los podios y, en definitiva, por el Mundial.

El nuevo cambio de reglamento se dispone a provocar una revolución técnica que marcará un antes y un después: motores con una electrificación sin precedentes, combustibles 100% sostenibles y una filosofía aerodinámica inspirada en la eficiencia antes que en la pura carga.

El fracaso de la era híbrida

Cuando en 2014 se introdujeron los motores híbridos V6 turbo, la Fórmula 1 lo justificó con motivo de la relevancia tecnológica. El objetivo era acercar el campeonato al futuro de la automoción y atraer a nuevos fabricantes.

Desde el punto de vista deportivo, el fantasma del dominio absoluto de un solo equipo sigue planeando. En los últimos cambios reglamentarios, la historia se repitió: quien empezó con ventaja técnica la mantuvo durante años.

Hamilton celebra con el público británico.

Hamilton celebra con el público británico. Reuters

Once años después del último cambio de reglamento, cada uno puede sacar sus propias conclusiones, teniendo en cuenta que Mercedes ganó ocho campeonatos consecutivos de constructores; Red Bull retomó la hegemonía hasta dominar de forma abrumadora desde 2021 hasta 2024; McLaren ha reinado este último año y Ferrari, la escudería más emblemática, acumuló frustraciones y fracasos uno detrás de otro.

Ese ciclo, el de los motores híbridos de primera generación, terminó siendo un prodigio de ingeniería y un fracaso en términos de espectáculo.

La complejidad de las unidades de potencia, el límite presupuestario que llegó demasiado tarde y una reglamentación aerodinámica que favorecía el aire limpio de los equipos más fuertes redujeron las carreras a un espectáculo predecible carente de emoción.

El propio Stefano Domenicali, presidente y consejero delegado de la F1, defendió la nueva normativa argumentando que "el nivel competitivo ha sido inaceptable durante demasiados años. Los nuevos reglamentos no son solo una cuestión técnica: son un acto de supervivencia".

'La era eléctrica'

Uno de los principales cambios de 2026 guardará relación con la unidad de potencia y es que a pesar de que los nuevos motores mantendrán el bloque V6 turbo, duplicarán la potencia eléctrica.

Es decir, de unos 160 caballos procedentes del MGU-K se pasará a más de 470, lo que convertirá la energía eléctrica en un componente esencial de la aceleración. Además, la gasolina tradicional cederá lugar a combustibles totalmente sostenibles de origen sintético.

Así serán los coches de 2026.

Así serán los coches de 2026. FIA

Si los motores inaugurarán una era eléctrica, la aerodinámica redefinirá la forma en que los monoplazas luchan en pista. La llamada revolución de flujo impulsada por la FIA pretende reducir la resistencia al aire y modificar el comportamiento del efecto suelo introducido en 2022.

El DRS, de hecho, tiene los días contados. En su lugar, los pilotos podrán utilizar el llamado X-Mode, una configuración de bajo apoyo aerodinámico (la de alto apoyo se denominará Z-Mode) en determinados puntos del circuito, independientemente de las distancias entre coches.

El X-Mode deberá desactivarse (regresando al Z-Mode) en la zona de frenada. Estas configuraciones estarán bajo control del piloto mediante un botón que moverá los flaps de los alerones.

Si el X-Mode solo podrá activarse con un botón, el Z-Mode podrá activarse también con la simple presión del pedal de freno.

Sin embargo, el adiós al DRS genera dudas ante el posible descenso en el número de adelantamientos. La preocupación es que este se reduzca drásticamente, con una posible pérdida de espectáculo y, como consecuencia, de interés en la Fórmula 1.

El diseño de los coches también sufrirá una reducción significativa en tamaño y peso, un reconocimiento implícito de que la F1 se había vuelto excesivamente voluminosa. Se habla ya de un retorno parcial al espíritu de los años 90: coches más ágiles, compactos y visualmente más agresivos.

'Concept car' de la FIA para la temporada 2026 de Fórmula 1

'Concept car' de la FIA para la temporada 2026 de Fórmula 1

El techo presupuestario, que ya está en vigor desde 2021, podría ser el factor estabilizador del nuevo ciclo. Por primera vez, los equipos de la zona media disponen del marco legal para competir sin verse arrinconados por el poderío económico de los equipos punteros.

Además, la electrificación abre la puerta a alianzas inéditas. Marcas tecnológicas, startups energéticas y proveedores de software ya buscan integrarse en el ecosistema de la F1 de 2026.

La categoría tendrá que decidir, sin embargo, hasta qué punto quiere convertirse en un escaparate corporativo o en un verdadero deporte de competición.

Un salto al futuro incierto

El nuevo reglamento técnico y deportivo de la Fórmula 1 representa, en esencia, un experimento. Nunca antes la categoría se había acercado tanto a la frontera entre la competición pura y la simulación tecnológica.

El desafío no es menor: demostrar que se puede ser sostenible sin renunciar a la espectacularidad.

Si la electrificación masiva ofrece carreras más cerradas, adelantamientos menos previsibles y pilotos capaces de marcar la diferencia, la Fórmula 1 podrá decir que ha aprendido de los errores del pasado.

No obstante, los cambios no se verán hasta después de los primeros meses o lo que es lo mismo, tras las primeras cuatro o cinco carreras.

"Creo que sucederán muchas cosas en los primeros tres o cuatro meses del año, cuando descubramos los coches y la dirección y la filosofía que ha adoptado cada uno", vislumbró Fernando Alonso a mediados de diciembre en unas declaraciones recogidas por MARCA.

"Aprendes mucho en las dos o tres primeras carreras, así que creo que tenemos al personal, las instalaciones y el entorno adecuados para tener una buena temporada; depende de nosotros", confesó el piloto de Aston Martin.

Sólo hay que retrotraerse a 2022 y aquel invierno donde los coches que se presentaron en Barcelona botaban a partir de la mitad de la recta y hasta la frenada.

Sólo Newey, que ya había diseñado coches de efecto suelo en los 80, sabía lo que podía suceder y en la segunda semana de pruebas ya llegó con un suelo modificado para ser el único equipo que controlaba ese crítico 'porpoising' que algunos han arrastrado hasta 2025. Y eso le dio a Verstappen tres títulos, sobre todo con el coche de 2022 que era inigualable.