Carrasco celebra sus dos goles.

Carrasco celebra sus dos goles. EFE

1ª División

Atlético – Osasuna: sábado de resurrección a lo Carrasco

El belga anota dos goles en la victoria de su equipo ante el colista (3-0). Filipe Luis marcó el otro tanto. Los rojiblancos fallaron dos penaltis en los últimos minutos. 

David Palomo

Carrasco tiene muchas cosas buenas: velocidad, desmarque, buen disparo… En realidad, lo tiene todo para ser uno de los mejores jugadores del mundo. Pero, en ocasiones, se duda. ¿Las razones? Quizás no aparece tanto como le gustaría a Simeone. Pero, ay, cuando lo hace, el belga es capaz de humedecer los sueños de cualquier aficionado. Como ante Osasuna, anotando dos goles: el primero, un disparo ajustado al palo que abrió el marcador; y el segundo, un cabezazo al servicio de Gaitán. Dos muestras de su potencial, pero también de lo que puede llegar a ser: un extremo con maneras de delantero y aliento de killer [narración y estadísticas: 3-0].

Sus dos goles llegan para acompañar el mejor momento de su equipo, que suma siete victorias en los últimos 10 partidos. Carrasco llevaba desde el 18 de febrero sin ver puerta en Liga, pero ha vuelto a escuchar el sonido del gol propio en una semana crucial para el Atlético de Madrid, a pocos días de viajar a Inglaterra para jugar contra el Leicester con un resultado suficiente (1-0), pero no definitivo. Allí llegará como el principal artífice de una goleada menor para lo que podría haber sido: al Atlético le dio tiempo a fallar dos penaltis antes de que finalizara el partido (uno del propio Yannick y otro de Thomas).

Fue el día elegido por Carrasco para resucitar y era un día de cumplir para el Atlético. Tenía que ganar y pasar página. O, mejor dicho, para pensar en el Leicester lo antes posible. Pero había que jugar, eso era una obligación, y como tal había que aprovecharlo. Así lo pensó Simeone, que probó con Giménez en el centro del campo -quién sabe si como prolegómeno de lo que hará en Champions-, con Gaitán en el once y Griezmann en el banquillo. Y al Atlético le fue bien. Al menos, durante el primer tiempo. Mandó -como se esperaba ante Osasuna- y creó las mejores ocasiones. Incluso, se adelantó en el marcador con cierta facilidad. En el minuto 30, Carrasco enfiló hacia la frontal del área, le pegó ajustado al palo e hizo el primero del partido.

Cumplió con lo establecido el equipo de Simeone y estuvo a punto de aumentar la ventaja. De hecho, si no lo hizo fue por sendos fallos de Torres y Godín. Dio igual. Lo importante, a estas alturas, es mantener la portería a cero. Decía Paul Breitner que las posibilidades de ganar se incrementan cuando un equipo es capaz de no encajar goles. “Entonces, sólo hay que meter uno”, confesaba. Y el Atlético hizo lo propio durante la primera mitad para que los nervios no tomaran el Calderón.

Se comió el bocadillo a gusto el respetable y el Atlético le ofreció el postre nada más comenzar la segunda mitad. De nuevo, con el mismo protagonista de por medio. Esta vez, Gaitán le puso el balón en la cabeza a Carrasco y éste solo tuvo que rematar para hacer el segundo y dejar hundido a Osasuna. Y fin de la historia. Al menos, en cuanto a rivalidad. A partir de entonces, sólo hubo un equipo sobre el campo: el conjunto colchonero, que aumentó la ventaja con un tanto de Filipe Luis, que ya suma tres en los últimos cinco partidos.

Esa fue la cara. La cruz vino después. Porque el Atlético tuvo hasta dos penaltis para aumentar la distancia en el marcador, pero erró ambos. El primero lo falló Carrasco y el segundo Thomas. Pero da igual. Griezmann lo anotó cuando había que hacerlo: el pasado miércoles contra el Leicester. Y eso es lo que importa esta semana. Los de este domingo, por suerte, no influyen para nada. Y ese es el consuelo de un equipo que está de dulce a pesar de su gafe desde los once metros. Y con Carrasco de resurrección.