Iniesta, en el amistoso ante Suiza.

Iniesta, en el amistoso ante Suiza. EFE

Mundial

Andrés Iniesta, el hombre que siempre apunta a otros

Disputará su cuarto y último Mundial en Rusia antes de marcharse a Japón. Su gol en Johannesburgo dio la primera Copa del Mundo a España.

Fue un segundo eterno. Después de controlar, el balón se quedó volando. Él cargó la pierna y dice que escuchó el silencio, que las vuvuzelas dejaron de sonar, que las gargantas de los miles de aficionados que animaban en el estadio de Johannesburgo enmudecieron. “Sabía que ese balón iba adentro”, contó después. España era campeona del mundo.

Pero ni siquiera en ese momento Andrés Iniesta (Fuentealbilla, 1984) quiso guardarse la gloria para él. Se quitó la camiseta y apuntó otro nombre: “Dani Jarque, siempre con nosotros”. Jarque había fallecido súbitamente un año antes, en 2009. Habían coincidido en las categorías inferiores de la selección. Era amigo de Iniesta.

Es difícil pensar que alguien que se cruce con él pueda tacharle. Iniesta es sencillo. No es el tipo de persona que presume de ser el mejor en su trabajo. Aunque lo sea. Los halagos vienen siempre de otros. Él escucha y se marcha. Sin hacer ruido.

De su casa salió a los 12 años. Después de un campeonato alevín en Brunete con el Albacete, el Barcelona se fijó en él y le propuso entrar en La Masía. Su padre le dijo que tenía que decidir él, que sería duro pero las oportunidades solo se presentan una vez en la vida. Él quería hacer feliz a su padre. Se marchó.

Fueron años muy duros. No es fácil salir de casa a esa edad y ver a tus padres un día y medio cada tres semanas o un mes. “Durante mi primera cena en La Masía no paraba de llorar”, cuenta en su autobiografía. “¿Comer? Evidentemente, no comí nada (…) Al principio me costaba mucho. Ni siquiera quería llamar por teléfono a mi familia porque empezaba a llorar y a llorar”.

Pero siguió. Él solo habla en el campo. Paso a paso, partido a partido. El 29 de octubre de 2002 debutó con el que hasta esta temporada ha sido el equipo de su vida. El conjunto azulgrana ya había conseguido la clasificación matemática para los octavos de final de la Champions y Van Gaal, entonces entrenador culé, decidió dar la alternativa a varios canteranos en el encuentro ante el Brujas. Andrés tenía 18 años. 

Iniesta en pleno disparo ante Suiza.

Iniesta en pleno disparo ante Suiza. HEINO KALIS Reuters

En sus 16 temporadas en Barcelona, Iniesta ha ganado todo lo que se puede ganar en un club. El único premio que no tiene en sus vitrinas es el Balón de Oro. Se lo podían haber dado en 2009, cuando su “Iniestazo” tumbó al Chelsea y abrió el camino para que el Barcelona consiguiera el primer sextete de la historia. O en 2010, cuando logró el Mundial con España. Pero no.

Cuando este año Iniesta anunció que se marchaba del Barcelona, ‘France Football’, la revista francesa que concede el premio, le pidió perdón: “Entre las grandes ausencias en el palmarés del Balón de Oro, la de Iniesta nos resulta dolorosa. Intuitivo, hábil e iconoclasta, el Sr. Iniesta ha demostrado que el cerebro es sin duda el músculo esencial de los campeones fuera de serie. Su talento es inventar”. Él lo explicó ya a los 12 años en Brunete: “Tengo que estar en todo, para hacer oportunidades y marcar goles”.

Iniesta no juega con prisas, pero piensa antes que el resto. Aunque parece que golpea la bola, es mentira: ella le está devolviendo todos esos mimos que él le brindó desde que era pequeño. Iniesta y el balón son esos ancianos a los que ves pasear de la mano. Llevan juntos tanto tiempo que saben anticiparse a cualquier escenario. Cuando se les acerca alguien, se distorsiona el tiempo. Cuando les intentan separar, ya han desaparecido.

Del mismo modo, Iniesta ha esquivado todas las emboscadas políticas que le han tendido durante estos años. Las de un bando y las de otro. Y, porque no tiene enemigos, se ha ganado el cariño de todos. Le han aplaudido en todos los estadios de Primera menos en San Mamés.

Aunque él se empeña en no ser el centro de atención, ha sido calificado como “el jugador con más talento de la historia de España” por Xavi Hernández, su eterno compañero en el centro del campo azulgrana. Con él y con Busquets formó un tridente que ya está en la historia del Barcelona y de la selección. Juntos instauraron un estilo de juego que hoy es el más codiciado. El único que se considera bonito. Al que aspiran los equipos grandes y los pequeños. Porque parece que pueden hacerlo todos, porque ellos lo hacían sencillo.

Y siendo el máximo intérprete de ese estilo, Iniesta sigue escaqueándose. Es capaz de encontrar una salida al rondo de cinco rivales para después dar el pase, de levantar a todo un estadio para luego asistir a un compañero y que sea él quien marque el gol y se lleve los aplausos.

Iniesta, meticuloso hasta con el chándal.

Iniesta, meticuloso hasta con el chándal. SUSANA VERA Reuters

Cuando es él quien marca, también busca un gesto con el que desaparecer. En Johannesburgo fue una camiseta con el nombre de Dani Jarque y en Stamford Bridge fue Javier, un niño de cinco años con parálisis cerebral. Cuando sus padres le pidieron a Andrés una camiseta firmada para recaudar fondos y así poder afrontar los costes de la enfermedad, Iniesta se la mandó, pero antes metió en el paquete algo más: las zapatillas del gol.